Quino ya no lee los diarios argentinos con tanta frecuencia como cuando dibujaba la tira. Pasa aquí poco tiempo. El resto, lo reparte entre Milán, París y Madrid. “Es una locura -admite -, pero se dio así.” Confiesa que lo enerva Berlusconi, el premier italiano, pero no arriesga una definición sobre los K.
“Yo me crié en Mendoza con gente del Mediterráneo. Mis padres eran españoles. Estaba lleno de italianos, de sirio libaneses. Hasta que entré a la primaria, contacto con argentinos no tuve. Entonces, tampoco soy un argentino que vive extrañando el churrasco”, sentencia.
¿No es paradójico, entonces, que sea el primer reconocido del bicentenario?
“No -dice Carlos Ares, coordinador general del Programa Puertas del Bicentenario-. Quino es una síntesis de cariño, trayectoria, de una persona honorable, digna. Es de esos personajes que nos están diciendo que somos mejores que la vida que llevamos. Mirándonos en su ejemplo podemos ser un poco mejores todos: mejores como ciudadanos, como comunidad, como sociedad. No todo depende del gobierno de turno, sino también de nosotros mismos.”
El día de la entrega de la medalla van a estar presentes algunos de los muchos amigos que Quino supo cosechar: Hermenegildo Sábat, Carlos Garaycochea -a quien considera uno de sus maestros- y Miguel Rep, un dibujante de la nueva generación al que admira muchísimo. Entre otros.
-¿Qué reflexión le merece que usted sea el primer homenajeado del Bicentenario?
-Los laureles que supimos conseguir…
-¿Dónde quedó la gloria?
-No sé.
-¿Le gusta que lo homenajeen?
-Me alegra.
La noticia revolucionó el pueblo de Chimbas en San Juan. Un joven atrapó un duende y por una semana cobró entrada a quienes querían verlo. Pero el negocio se acabó cuando el duende se fugó.
Es por el olvido de una aguja en el cuerpo de un paciente al que operó en 1996. Deberá pagar $15.000 actualizados a la fecha.