Reconocimiento

Mafalda regresa a su barrio natal

La gran creación del mendocino Joaquín Lavado tendrá una escultura en la esquina del edificio donde nació. En unos días recibirá la primera medalla de una serie que honrará a argentinos ilustres de cara al Bicentenario.

Mafalda regresa a su barrio natal
La pieza está realizada en resina epoxi y fibra de vidrio reforzada, y tiene una altura de 80 centímetros. AFP

miércoles, 26 de agosto de 2009

El domingo, una Mafalda vestida de verde y de zapatitos negros, se materializará sobre un banco metálico, casi en la esquina de Chile y Defensa de San Telmo, a pocos metros del departamento que la vio nacer.
 
La instalación de la figura -que estuvo a cargo del escultor Pablo Irrgang bajo la estricta supervisión del propio Quino- coincidirá con la entrega de la primera de doscientas medallas que recibirán los vecinos ilustres y más entrañables de la Ciudad de Buenos Aires con motivo de las dos centurias de “aquel” 25 de mayo. Después de Joaquín Lavado, por ejemplo, viene María Elena Walsh.

El dibujante, un tímido incurable, no goza con los agasajos públicos, pero está indiscutiblemente contento de que Mafalda vuelva a vivir en San Telmo.

“Lástima que no va a poder estar sentada en el escaloncito del edificio como estaba en la historieta. Para eso hacía falta la aprobación de toda la gente del consorcio y no estaban todos. Entonces, estará sentada como en un banquito de plaza -cuenta-. Me apena la historia del banquito. Yo hubiera preferido el escaloncito. Es muy difícil llevar una cosa del papel a tres dimensiones, pero está bastante bien”, dice.

En Chile y Defensa, Quino observa el adoquinado, el quiosco de diarios; lo que está igual. Lo que está distinto es lo fashion, la parte del barrio que dejó de ser barrio para ser una meca turística.

-¿Dónde podemos buscar a Mafalda más allá de esta esquina de Chile y Defensa?

-En las veredas, en las empalizadas de madera con el pastito crecido, en esas cosas. En las calles con adoquines que todavía quedan... Pero no todo estaba en el barrio, eh. El almacén Don Manolo era, en realidad, una panadería del padre de un amigo mío, que estaba un poco más allá de San Telmo (hay uno en la calle Balcarce, pero es falso).
 
Luego me mudé a Almagro y ahí también había un tipo que vendía las latas de tomate con la fecha vencida y trabajaba y trabajaba, nunca se tomaba vacaciones. Yo todavía dibujaba la Mafalda ahí también.

-¿Le gusta volver a San Telmo?

-Me gustaba más cuando yo vivía, claro. A lo mejor es porque uno era joven, nada más. Es como dicen los españoles: “Lo bueno del franquismo era que éramos todos jóvenes”. ¡Qué piola! Así cualquiera.

Símbolo de argentinidad

Si uno pudiera cerrar los ojos cuando Quino habla, se cruzaría con Mafalda. Ella está en sus expresiones de desazón, en su lenguaje peculiar, cargado de expresiones coloridas. A poco de charlar dice, por ejemplo: “No entiendo por qué el ser humano es tan imbécil”. ¿Acaso no sería plausible ver a su hija dilecta haciendo esa misma reflexión?

Esto es archisabido: Quino (Mendoza, 1932) concibió a Mafalda primero para la desaparecida línea de electrodomésticos Mansfield, en 1962: la empresa quería lanzar una historieta “familiar”, con rasgos parecidos a los de la norteamericana Peanuts, de Charles Schulz, como parte de su campaña publicitaria. En 1964, reflotó el proyecto y hasta 1973 nos brindó un montón de humor y reflexiones, que quedaron grabados en nuestros corazones con una marca bien argentina.

¿Por qué ese carácter inoxidable? Con su gran modestia, Quino cuenta que será porque él leía el diario y corría a dibujar la tira, como diciendo que si nos dejó un retrato del país de entonces fue casi por azar. “No pensé nunca en que iba a trascender. Hacía lo que me salía en ese momento. Es como si volvés a ver las cosas de Tato Bores, parecen hechas ahora también.”

En cambio, Sergio Pujol, historiador y ensayista especializado en los años ‘60, articula otras explicaciones. “Lo interesante de Mafalda es su discordancia respecto a los lugares comunes de una supuesta ‘argentinidad’. Ella antepone la mirada crítica a cualquier forma de mitología. Es todo lo reflexiva que quisiéramos ser como sociedad. Si se mueve pendularmente del optimismo al desencanto, lo hace porque no acepta el orden establecido, y quizá tampoco al ser argentino como algo fatalmente heredado y, por ende, inmodificable.”

Y hay más. “Mafalda fue creada en un momento de fuerte confrontación entre aquello que se consideraba tradicional o conservador y lo que se vislumbraba como nuevo. En el proyecto modernizador de la época, Mafalda -que estaba mucho más cerca de los Beatles que del tango- fue el superyó del progresismo argentino.

Sintetizó candidez (la infancia, o cómo los adultos entendemos a la infancia) con agudeza (la adultez alerta y revolucionaria de la época). Fue entrañablemente argentina y su universalismo siempre se proyectó desde un localismo perfectamente identificable: la clase media porteña, la inestabilidad política e institucional del país, el barrio como espacio de socialización”, agrega Pujol.

David Foster, profesor de la Universidad de Arizona y autor de From Mafalda to los supermachos, Latinamerican graphic humor..., dice por su lado que probablemente Mafalda, tan agobiada por la Guerra Fría y la hecatombe nuclear en los ‘60, hoy estaría preocupada por la ecología y el terrorismo. ¿Será tan así?

-¿Qué lo angustia hoy, Quino?

-Me angustia mucho ver esta idolatría por el bienestar y el lujo y por ganar dinero.

-Unos meses atrás anunció que dejaría de publicar por un tiempo, porque temía estar repitiéndose en sus temas. En la intimidad, ¿sigue dibujando o ya no?

-Por el momento no estoy dibujando casi nada. No sé qué dibujar. Me tiene muy desconcertado cómo está todo en el mundo. No sabría qué hacer en este momento. Estoy esperando para ver qué hago.

-¿Qué lo desconcierta? ¿La crisis financiera?

-La locura general que hay. Está todo muy loco.

-¿Obama le dio un poquito de esperanza?

-Sí, Obama... Pero tampoco va a poder hacer todo lo que el mundo espera de él.

-Antes de venir a entrevistarlo, vi un cable de una agencia financiera que decía: “Bonos de Rusia más confiables que los de California”. Quién diría, ¿no?

-(Ríe) Pasan cosas muy delirantes..

-Hay otras cosas que Mafalda no pudo predecir. Hay una tira en que ella está en Bariloche y dice extasiada frente al paisaje: “Los hombres se la van a ver en figurillas para echarlo a perder”.

-¡Qué error! A Bariloche lo han hecho bolsa (risas).

-¿Hoy le preocupa el cambio climático?

-Hace poco de una radio o un canal, me dijeron que iban a entrevistar a Lula y querían llevarle de regalo el ‘Todo Mafalda’. Me preguntaron si yo podría dedicarle algo. Les dije que sí, a cambio de que me dejaran ponerle en la dedicatoria: “¿Por qué siguen destruyendo el Amazonas?”. Nunca más me llamaron. No se entiende. Es como tener cáncer de pulmón y seguir fumando. Los animales por lo menos tienen espíritu de conservación, piensan en mantener su especie. Acá... nada. Revista Viva

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