Sábado 26 de mayo de 2012 | 06:26 hs
Tal vez fue el mejor pintor moderno que haya pisado nuestra provincia. Murió jaqueado por la angustia, los vicios y la locura. Hoy el mundo del arte se rinde a sus pies. Ésta es su biografía.
domingo, 23 de agosto de 2009
Quizás fue la angustia que lo invadió por no haber logrado convertirse en un empresario minero. Tal fue vez la necesidad de plasmar su visión del mundo o la influencia de su sangre debido a que perteneció a una familia de cinco generaciones de buenos y famosos pintores holandeses.
Lo cierto es que el inglés Stephen Robert Koekkoek, nacido en Londres en 1887, se dedicó a pintar todo lo que pudo y no se privó de vivir intensamente, con los excesos y riesgos que implica la decisión. Si bien en su época no fue muy reconocido, los entendidos admiraban la calidad de sus obras.
Hoy Koek Koek, como se lo conoce, es uno de los artistas más respetados y sus obras están siendo expuestas en la Galería de Arte Zurbarán de Buenos Aires hasta el 17 de setiembre. Stephen, vivió en Mendoza un tiempo, luego volvió a Buenos Aires y murió en Chile en 1934. Bohemio, alcohólico, drogadicto y extremadamente talentoso; ésas son las características que no faltan en ninguna de las descripciones que realizan las personas que se han interiorizado en la vida del pintor inglés. Hoy se venden en remates públicos cerca de 80 obras al año de Koek Koek, las que tienen un precio que oscila entre los mil y 70 mil dólares.
Pintar para vivir
Cuando el padre de Stephen Koek Koek murió, él tenía 21 años y a partir de ese momento comenzó a viajar por el mundo. "Vendió todo y se fue a Bolivia, donde un pariente suyo trabajaba en minas de estaño. Quería convertirse en empresario minero e incluso pidió permisos para hacer excavaciones en Chubut y Neuquén", cuenta Ignacio Gutiérrez Zaldívar, titular de la Galería de Arte Zurbarán de Buenos Aires, quien además editó un libro con pinturas de Koek Koek.
Su espíritu inquieto lo llevó a Valparaíso, en donde enseñaba inglés mientras trataba de convertirse en empresario. "Al ver que el rey del cobre compraba arte, comenzó a pintar para sobrevivir. Ahí, en la década del 10, comenzó a pintar para vivir", cuenta Gutiérrez Zaldívar. Después, nunca paró hasta su muerte. Tanto pintó que "durante los 20 años que vivió en Argentina realizó cerca de 10 mil obras, unas 500 por año".
En Mendoza
Se calcula que Koek Koek llegó a Mendoza en 1919. Si bien el artista tenía una "personalidad especial", seguramente no le fue fácil olvidar nuestra provincia. Es que aquí conoció a la mujer con la que se casó, Nella Azzoni, hermana del pintor Roberto Azzoni y con la que tuvo su único hijo. Fue en la confitería Colón, ubicada en la esquina de San Martín y Necochea, donde Koek Koek conoció a Nella.
"La vio y le envió con un mozo una nota en la que le decía que se quería casar con ella. Al poco tiempo fue a pedir su mano", cuentan los que tuvieron alguna cercanía con familiares del pintor. Por esos años Koek Koek realizó dos muestras en nuestra provincia, una en 1920 y otra al año siguiente.
Pero el destino de la familia no fue el de los Ingalls. Koek Koek vivió con Nella un tiempo en Buenos Aires y tuvo un hijo que hizo su vida en esa ciudad y llegó a ser contador del Club Hípico. El matrimonio no terminó bien, Koek Koek abandonó a Nella al poco tiempo de estar casados. Ella volvió a Mendoza y se casó luego con el dueño del restaurante Torchio, ubicado en la calle Entre Ríos.
La vida es arte
Luego de su separación Koek Koek, se dedicó nuevamente a recorrer distintas ciudades, a deambular en pensiones y hoteles y a vivir como podía, de su arte. "Pagaba las pensiones y hoteles en las que dormía o en los restaurantes en los que comía con sus pinturas". Así pasó por los partidos porteños de Chivilcoy, Mercedes y también cada tanto volvía a Chile.
Estando en Chivilcoy, realizó una muestra en el Colegio Nacional en 1925 a la que asistió un capitán del ejército y compró un cuadro de Koek Koek. Al momento de dar el nombre, el militar dijo que se llamaba Juan Domingo Perón. El inglés no estaba dispuesto a negociar lo que se le atravesaba en su cabeza y rápidamente lo pintaba. Naves, molinos ubicados en campos holandeses, crepúsculos, peregrinaciones religiosas, muelles y ríos son algunas de las temáticas preferidas de Koek Koek.
"No es ni con mucho un artista vulgar sino un verdadero poeta; casi diríamos un músico que rima en tono menor sinfonías delicadas, melancólicas, como murmullos", escribió el cronista de Los Andes que vio la muestra que el pintor ingles presentó en el Banco de la Provincia de Mendoza en 1920.
Demoliendo hoteles
Todos afirman que Koek Koek reunía las características del bohemio. "Se vestía como un dandy, con sombrero Stetson, bastón de puño de malaquita, habanos Eduardo VII y ni un peso para almorzar", cuenta Gutiérrez Zaldívar. "Lo que cobraba lo gastaba con sus amigos; tenía pocos porque tenía mal genio, pero a los que tenía los quería mucho", cuenta Ana María Álvarez, ex directora del Espacio Contemporáneo de Arte (ECA) lugar en el que se realizó una muestra de sus pinturas en 2004, 84 años después de su última presentación.
Gutiérrez Zaldívar destaca que Koek Koek pintó "de memoria paisajes mendocinos que se reconocen por las montañas y los sauces. Al principio era un post impresionista; después, en la última década de su vida, era un figurativo expresionista" y agrega: "Al principio trabajaba sobre lienzos, al final sobre tablas y era frecuente que hiciera desastres en pensiones y otros lugares. Desarmaba roperos para usar las tablas de soporte".
El titular de la Galería de Arte Zurbarán afirma que no fue respetado como pintor en su época: "Sus obras se vendían por centavos". Algo similar piensa Ana María Álvarez: "En la época de Koek Koek la gente del arte estaba muy vinculada a la academia. Tenían cierta resistencia por los nuevos movimientos y él estaba incluido en una corriente muy moderna que era el tachismo.
Sus paisajes no eran convencionales, sus obras tienen una fuerza increíble y se vendían mucho. Quizás era considerado como marginal snob". Y agrega: "Era un hombre distinguido, fino, tímido; no le gustaba hacerse ver. Era un romántico de época, un bohemio. Era natural en la gente del arte de esa época esa condición de fatalidad y destino trágico. Koek Koek se negaba a ser". El artista murió en Chile en 1934. "No está claro si fue muerte natural, si se murió por una sobredosis o se suicidó", cuenta Álvarez.
No es fácil ver obras de este pintor en Mendoza. Hay un cuadro suyo en el Museo de Arte de San Rafael y también algunos particulares tienen obras valiosas del inglés que pasó por esta provincia y se inspiró en sus paisajes para inmortalizarlos en cuadros que hoy son buscados en todo el mundo.