Un café le da nombre y apellido a la esquina de España y Espejo

Allí funciona el Jockey Club, un tradicional bar céntrico que abrió sus puertas hace 67 años. La Municipalidad reconoce así al fundador y a tres generaciones de la familia propietaria.

domingo, 23 de agosto de 2009
Un café le da nombre y apellido a la esquina de España y Espejo

Atención personalizada. Propietario y el equipo de mozos históricos y nuevos, junto a la barra del tradicional local..

Por Sandra Conte Fotos: Marcos García

Entrar al Jockey Club es como llegar a una casa donde se ha reunido una familia numerosa. El barullo constante y el aroma a café se entremezclan para crear un clima de calidez, que refuerzan la ambientación casi hogareña, con elementos de la cafetería de antaño, fotos colgadas en las paredes y azucareras de vidrio en las mesas.

Por ser uno de los más antiguos de la Ciudad, que conserva su nombre y está en manos de la tercera generación de los Alonso, mañana la comuna capitalina colocará en el local de España y Espejo una placa en homenaje a su trayectoria y don Pedro Alonso, el fundador.

A diferencia de lo que ocurre en otros cafés, aquí no se espera la carta porque como la mayoría de los que concurren lo hacen desde hace años, en cuanto trasponen el umbral los mozos "históricos" ya saben cuál es el pedido. De esta manera se entiende el lema que forjó don Norberto Alonso (hijo del fundador don Pedro, ambos fallecidos): "Este negocio no tiene clientes sino amigos".

Anfitriones y visitantes intercambian saludos, palmas y bromas, mientras se cruzan en el local para ocupar una mesa o un sitio en la barra, o para llevar y traer pedidos. Si bien esta mística se puede explicar porque muchos llevan más de 30 años de asistencia cotidiana, también envuelve a los recién llegados.

Hace apenas seis meses que Mauricio Comparatore comenzó a ir al Café Jockey Club para comer un sandwich a la hora del almuerzo y ya está siendo incluido en el grupo de habitués. "Tiene un ambiente muy familiar que hace que uno no se sienta extraño", detalla para explicar su elección. "Te preguntan el nombre y ahí nomás te empiezan a buscar conocidos con tu mismo apellido", se ríe.

La familiaridad también se debe a que los mozos llevan como mínimo dos décadas trabajando en el local. Miguel Ángel Morilla ha cumplido 40 años de acercar los pedidos a la mesas. Empezó la tarea cuando tenía 15 y acompañó a su papá, quien fue el primer mozo del Jockey Club y empleado durante 55 años. De hecho, hace un tiempo Norberto Alonso compró una estatua de unos 40 centímetros, porque el hombrecito sonriente que lleva una bandeja se parecía a "Miguelito" y hoy forma parte del decorado del local.

En una especie de competencia por ser el cliente-amigo más antiguo, Víctor Chaab bromea y dice que él fue el fundador y que vio nacer a muchos de los mozos. Claro que cuenta con el nada despreciable mérito de concurrir al Jockey desde hace medio siglo. "En los '60 había pocos cafés que abrían toda la noche, así que cuando salíamos de bailar del Centro Libanés o del Club Árabe Islámico veníamos a tomar un café o a comer algo", recuerda.

Y si bien los tiempos cambiaron, como Chaab trabaja en el centro, cada mediodía el pocillo humeante es la excusa para encontrarse con amistades que se forjaron en el local y trascendieron esa frontera, porque con frecuencia se juntan a comer un asado. "Es como un centro vicioso. Uno siempre vuelve por la calidad de los productos y la atención esmerada", describe con humor.

Roberto Forlizzi también es parte de la historia del tradicional café. Hace 35 años, cuando era alumno de la Facultad de Filosofía y Letras, la esquina era el punto obligado donde se detenía con sus compañeros a charlar un rato antes de ir cada uno a su casa a estudiar. "El movimiento de los jóvenes se concentraba en esta zona. Éste era el café de los amigos y la política, y también estaba el Jim's (que después fue Class, en la esquina de San Martín y Sarmiento), pero era al que se iba el sábado a la noche", detalla.

Forlizzi comenta que las conversaciones después de la facultad, con café y un whisky cada tanto, solían extenderse al punto que muchas veces la llegada de los empleados bancarios los sorprendía aún en el local. Esto, después de haber visto cómo aparecían en la madrugada los que habían ido a jugar al casino, que entonces se encontraba frente a la Plaza Independencia.

Miguel Ángel Morilla dice que ciertas costumbres se modificaron porque antes la gente pedía el café con leche con medialunas o tortitas, manteca y dulce, mientras ahora optan por un cortito y lo beben más rápido. Pero el Jockey sigue siendo el punto de reunión cotidiana de muchos, que conocen su historia mutua y ése parece ser un hábito que el tiempo no pudo desterrar.

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