Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes.
Albert Einstein.
Hace algunos años tuve el honor de entrevistar al ex presidente de Chile Patricio Aylwin, primer presidente constitucional luego de la dictadura de Pinochet.
Conversamos en ocasión de la organización de un seminario sobre buen gobierno que tuvo lugar en la Ciudad de Buenos Aires en el año 2004 donde invitamos a participar a ex presidentes de la región, ministros y responsables de equipos de gobierno, con el propósito de conversar sobre las condiciones necesarias para el desarrollo de un buen gobierno.
Las reflexiones del presidente Aylwin de aquel entonces me parecen de suma actualidad para este momento de nuestro país.
Mi pregunta fue: ¿Cuáles han sido en su visión las condiciones que posibilitaron a Chile convertirse en un país con un desarrollo sustentable en lo económico y avanzar en el plano social?
El presidente Aylwin comentó que uno de los efectos del prolongado proceso de transición democrático establecido por la dictadura militar de Pinochet había sido la posibilidad de que los equipos de trabajo de los partidos de la alianza conformada por el partido socialista, por la democracia cristiana y el partido demócrata cristiano, hayan trabajado en una plataforma de gobierno común.
Habían, aunque no por voluntad propia, “tenido el tiempo” necesario para trabajar juntos. Además, los líderes de la coalición -el mismo Aylwin, Ricardo Lagos y Eduardo Frei (h)- sellaron un acuerdo tácito de gobernabilidad bajo el cual ninguno de ellos pretendería perpetuarse en el gobierno.
Resumo en tres los puntos que me parecen tienen total vigencia para nuestro país:
1) La necesidad de conformación de equipos para gobernar con un pensamiento transdisciplinario que les permita abordar los problemas sociales.
2) Acordar reglas generales que pauten las relaciones sociales y que permitan sostener los grandes rumbos del país.
3) Líderes políticos dispuestos a superar el personalismo y una visión fundacional en cada proceso de nuevo gobierno.
Vivimos momentos difíciles, pero creo que en la dificultad podemos encontrar una oportunidad para encontrar un rumbo que permita atender las demandas sociales insatisfechas y que coloque nuevamente a nuestro país entre aquellas naciones escuchadas y consideradas en el mundo.
Quedan más de dos años de gestión del actual gobierno. Estimo que a diferencia del pasado hay una generalizada conciencia de no poner en riesgo la gobernabilidad del sistema.
Existe un diálogo abierto que debe permitir arribar a acuerdos sobre los grandes temas que deben ser objeto de tratamiento del Congreso. Tanto de temas que permitan mitigar la coyuntura adversa por la cual atravesamos como en la definición de las reglas que deben sustentar un desarrollo de largo plazo de nuestro país.
Por último debe existir una toma de conciencia en los partidos políticos sobre la necesidad de formar equipos para gobernar: es muy caro aprender en la gestión.
Los industriales vitivinícolas están preocupados porque no existen pautas claras para poder trabajar con tranquilidad con miras a largo plazo.