Los más antiguos aseguran que recién ahora disfrutan del esfuerzo que realizaron. Recordaron al vecino Bautista Beccaria. Foto: Roberto Salvadores
Todavía en una zona semiagrícola, pero muy cerca de la ciudad cabecera, a unas seis cuadras al este, se encuentra el barrio alvearense "Faustino Andrés".
Fue entregado en pleno proceso militar, recuerdan algunos de sus actuales moradores y "vecinos fundadores". Son 141 casas de tres y cuatro dormitorios, un terreno interesante, como lo definen y un ambiente de cordialidad y tranquilidad.
Todo se inició a principios de la década del 70 cuando varios jóvenes de ese entonces, la mayoría recién casados, empezaron a tener como meta la vivienda propia.
Según don Camilo Blanco (80) o don Blanco como se lo conoce, no fue una convocatoria gremial ni dirigida a nadie. "Nos juntábamos en la vereda de algún comercio en la ciudad a conversar cómo encarar eso de las casas y así fue que nació el consorcio que después fue denominado "Faustino Andrés", porque fue a quien le compramos los terrenos.
"Empezamos a pagar cuotitas para costear los gastos administrativos y junto a Ramberto Gómez, Araya, Videla y Agapito Otero (72) y con el inestimable empuje de don Bautista Beccaria (el petiso) empezamos a armar esta realidad que es hoy a través del Banco Hipotecario Nacional", dijo con melancolía.
Por su lado don Agapito, que se arrimó a la rueda de recuerdos tímidamente, no tardó en transformarse en uno de los principales relatores de esta historia viva alvearense que es el barrio.
"Recuerdo, dijo entre otros comentarios, que donde Beccaria (nombre que lleva impuesto el centro vecinal) ponía su vida en el barrio al que le faltaban muchas cosas como el gas y las cloacas. El se dedicó a la unión vecinal y recorría las calles con una carretilla pidiendo los ladrillos que nos habían sobrado de los cierres. Con eso, en la siesta y él solito fue levantando el salón que hoy es orgullo de la barriada.
"Y también elegimos los árboles que queríamos para nuestro barrio y así plantamos, entre otros, tilos y acacias globosas", agregó don Blanco.
"Esta es una vecindad muy cordial" apuntaron Alicia Lucero e Irma Rojo de Otero, que también se sumaron "porque vale la pena que esto quede escrito. Fue una experiencia muy linda y de solidaridad. Hasta no hace mucho tiempo para las fiestas de Fin de Año nos juntábamos en la calle y hacíamos una reunión comunitaria donde compartíamos con nuestras familias. Eso se fue perdiendo con el tiempo, pero es un barrio donde todavía nos conocemos todos y estamos atentos a las necesidades de los demás.
"Y en la comisión, agregó Otero, teníamos a don Vela, que era el encargado de ir y tirar la manga en la Municipalidad para que nos ayudaran en algunas tareas porque no teníamos la estructura para hacerlas como las acequias y otras cositas".
"En realidad mucho de lo que hoy hay, destacaron fue gracias a Vela y Beccaria que nos contagiaban su entusiasmo y terminábamos todos trabajando en beneficio del barrio".
"Uno de los grandes proyectos que encaramos fue el de la red de gas pero, recordaron, teníamos el problema de dónde colocar la cámara reductora de presión. En una reunión decidimos que cada vecino tenía que donar 11 centímetros de terreno del predio que estaba destinado a espacio verde pero que era nuestro. Y pese a lo engorroso del papelerío -sonrieron-, todos donamos nuestros 11 centímetros y ahí se construyó la obra . También debimos superar el miedo que implicaba, por desconocimiento, tener una instalación de gas en medio del barrio", recordaron los frentistas.
Lo cierto es que hoy la mayoría de los fundadores están jubilados y disfrutan su obra. "Y quienes ya nos dejaron están en nuestra memoria y así le pusimos el nombre al centro vecinal.
"A quien debemos homenajear y en vida es a don Fernando Ruiz que es quien donó el terreno para construir la escuela (ver aparte). Una calle debe llevar su nombre", meditaron.
Y entre anécdotas y proyectos fueron despidiéndose uno a uno con el firme compromiso de juntarse a matear. "Hace mucho que no nos reunimos los más antiguos", se reprocharon entre palmadas, abrazos y saludos altisonantes.
Estiman que estará terminada para el verano. Son 10 km destinados a trabajadores, deportistas y turistas.