Un plan para que los violadores liberados no vuelvan a violar

Se trata de un programa único en el país que busca bajar el índice de reincidencia de los abusadores. Se hará en Almafuerte.

sábado, 15 de agosto de 2009
Un plan para que los violadores liberados no vuelvan a violar

Módulo 4. En este lugar es donde conviven los 100 condenados por delitos sexuales.

Rolando López - rlopez@losandes.com.ar

En la fauna de presos, se sabe, los violadores son los que peor la pasan. En todos los penales del mundo, los condenados por delitos sexuales, son considerados por sus pares algo menos que escoria.

El resto de la población penitenciaria los llama "mujeres" y les asigna las tareas domésticas como asear las celdas, los calcetines y encargarse de masajear a los presos contracturados. Un poco por esto y por otras humillaciones, es que cuando los violadores salen de prisión lo hacen con muchos traumas. Y para muchos especialistas ése es uno de los motivos por el que vuelven a violar.

De todos modos, hay alrededor de la antipática figura del violador una serie de mitos que no siempre se condicen con la realidad: "Como el hecho de que todos son irrecuperables", apunta el director del complejo Almafuerte, el abogado Sebastián Sarmiento. También por eso, en Almafuerte, los cien condenados por violaciones están aislados en el módulo cuatro: para que no sean sodomizados por sus colegas, los presos comunes.

Es precisamente en esa cárcel, donde se desarrollará el Programa de Tratamiento de Agresores Sexuales (TAS), la primera experiencia en el país que tiene como finalidad rehabilitar a los condenados por abusos sexuales.

Según Sarmiento -su ideólogo- la idea del TAS es "promover la seguridad pública a través de un tratamiento brindado a los agresores sexuales", indica. "No tenemos noticias de casos parecidos en Argentina, creemos que somos pioneros en esto", continúa el director.

El TAS constará de tres fases: "En la primera (de 3 a 6 meses) se hace hincapié en una capacitación didáctica dirigida a que el interno admita su culpa, comprenda lo que es un delito sexual y acepte su responsabilidad. Además, cada interno deberá someterse a una evaluación psicológica", indica el programa.

La fase dos, que dura entre 9 meses y un año, está vinculada a la reestructuración de los comportamientos desviados (de los condenados), "lo que conducirá a un estilo de vida más social y reduce los riesgos de reincidencia", se lee en el papel.

Por último, la fase tres y final, hace foco en la preparación de la liberación (de 3 a 6 meses), "a la que se llega una vez cumplidas las fases anteriores". Acá se procurará el reintegro del futuro liberado a su núcleo familiar o a un sistema de apoyo externo. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los condenados por abusos terminan abandonados por sus familiares.

Equipo de especialistas

El TAS estará monitoreado por un grupo de especialistas de la misma cárcel como psiquiatras, psicólogos, asistentes sociales y educadores entre otros.

"No es un tratamiento mediante el uso de remedios químicos (como pasa en algunos sitios de Estados Unidos), en los que se echa mano, por ejemplo, a la castración química", cuenta el director Sarmiento.

La idea de este grupo de gente es bloquear el deseo sexual irrefrenable del condenado a partir de ayudarlo a pensar y a "amigarse" con la sociedad que, de hecho, siente un marcado rechazo con este tipo de apresados.

Además, en los más de los casos, las condenas que reciben los abusadores no son tan largas como los homicidas -el promedio en Mendoza es de seis años- con lo que la gran mayoría de ellos, más temprano que tarde, sale en libertad.

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