Mujer en su ventana

sábado, 15 de agosto de 2009

Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente
[inalterable desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus angelicales
[procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirá floreciendo los ciruelos, blancos, como si
[nada, y alguien en cualquier parte levantará su casa.
Inhóspito este mundo.
Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
-¿o acaso será un Dios que cae agonizando sobre el
[mundo?-,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen
[preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque casa pisada clausure con un sello todos los
[paraísos prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su
[ventana.
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel.
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un
[adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.

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