Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:26 hs
Nadie está a salvo de este sentimiento negativo. Los amuletos populares y los consejos de profesionales. ¿Un mal femenino?
martes, 11 de agosto de 2009
Representa al mismísimo diablo; no existe ser en el mundo que no le escape ni tema enfrentarla. La energía que emana es negativa y destructiva. Pero la envidia es un sentimiento humano y, aunque con diferentes intensidades, a todos en algún momento nos ha rozado. “La envidia genera un miedo ancestral para el que parecemos inermes, y al que se le atribuyen poderes diabólicos.
Para contrarrestarla, se han inventado amuletos, el uso del color rojo, el ajo, todas prácticas que delatan su inasible fuerza y la absoluta indefensión de la persona que se siente envidiada -explica la licenciada Gladis Tripcevich Piovano, psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), autora del libro "Envidia: ¿roca viva o un enigma de la clínica y el ser social?". Su presencia en la lista de los pecados capitales nos advierte la gravedad que se le adjudica.
Con ajo o cinta roja, lo cierto es que la persona que se siente envidiada muchas veces no comprende por qué genera una emoción tan mezquina.
"Es un sentimiento primario, inconsciente, de avidez respecto de un otro que se quiere destruir o dañar -analiza la licenciada Any Krieger, psicoanalista, miembro de APA-. Es que el circuito odio-envidia-amor-gratitud, es el desfiladero que el humano recorre a lo largo de su vida. Lo triste es que la envidia nunca desaparece de la mente, siempre está allí, acechante".
¿Por qué se envidia?
Surge de un sentimiento de carencia, de la idea de no tener un atributo que nos haría valiosos a los ojos del otro, dignos de su amor. "En otras palabras, 'me siento menos como persona por mis valores', y eso se desplaza a la belleza (como el físico), la fuerza, los bienes materiales o el amor -enumera el doctor Pedro Horvat, médico psicoanalista, miembro de APA-.
Por eso una persona puede ser muy hermosa o acaudalada e igual ser envidiosa. Cualquier detalle del otro sirve para gatillar la envidia". Krieger coincide: "Las personas que poseen lo que otros carecen, también son envidiosos, porque la envidia es estructurante de la psique".
¿Sentimiento femenino?
"La envidia es femenina -dispara Krieger-. Se ve mucho más entre mujeres como un residuo de la relación con la madre". Pero Horvat disiente con Krieger: "Es cierto que la relación entre amigas es heredera del vínculo con la madre y las hermanas, por tanto, siempre tendrá cierto grado de tensión y complejidad. Pero aún con el peso que tienen en la vida adulta las rivalidades infantiles, no puede decirse que la envidia sea sólo patrimonio femenino".
¿Quién no escuchó alguna vez decir "cómo envidio a Fulanita por el ascenso que logró en el trabajo, pero mi envidia es sana"? Todos alguna vez lo escuchamos. Pero, ¿realmente existe? "No, cuando prima la envidia, los lazos están teñidos de sensaciones desagradables, incómodas e hipócritas -advierte Krieger-.
La envidia nunca es sana, buena ni blanca, siempre conlleva un matiz destructivo; por eso que todos tratamos de estar a salvo de la envidia que podemos provocar en el otro". El filósofo español Miguel de Unamuno sintetizó este sentimiento con crudeza. "La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual".
Para combatirla
Lógica o no, lo cierto es que la envidia puede estar acechando en cualquier esquina. ¿Cómo descubrimos a una persona que emana ese sentimiento destructivo?
"Es difícil descubrir al envidioso porque suele esconderse detrás de una apariencia hospitalaria y simpática -analiza la licenciada Mónica Cruppi, psicoanalista, investigadora de temas de pareja y familia; doctora en Psicología Social-. Tiene como un excesivo respeto y admiración. El envidioso se 'alegra de los fracasos ajenos', 'padece los éxitos ajenos', y desaprovecha tanta energía, que no es capaz de alcanzar sus propios objetivos".
El psicólogo y psiquiatra español Enrique Rojas aconseja: "los que se sientan blanco de envidias de compañeros de trabajo, de estudio, vecinos, amigos y hasta de familiares, deben saber que lo más importante es preservarse, no exponerse a situaciones que provoquen y agudicen ese sentimiento; entender que el envidioso no puede dominar lo que le pasa, es una situación que le genera sufrimiento e insatisfacción -dice Rojas-.
Lo mejor que puede pasarle a un ser humano es no mirar lo que tiene el vecino sino enfocarse en sus propios logros. CC