Sí, yo banco al pingüino y brindo porque siga vigente no sólo hasta 2011 sino más aún. Ojo que aquí no hablamos de política sino de vinos, de accesorios, de recuerdos y, claro está, de tendencias.
Este animalito al que hacemos referencia no tiene que ver con un apodo sino con un recipiente que hoy podemos encontrar tanto en el baúl del abuelo, en alguna cantina de antaño de la provincia o en un típico bodegón porteño.
Pero la novedad es que ahora también se presenta en los bares de moda de “los Palermos” (Hollywood, Soho y otros más) y su equivalente local, que bien podrían ser los locales nocturnos de la calle Arístides. Aquí los pingüinos supieron verse caminar hace décadas en tiempos de los vinos de mesa y “finos”.
En muchas ocasiones y menúes eran los portadores del tinto “de la casa” y entonces se los llenaba directamente desde damajuanas, en algunos casos con propuestas de medio pelo, pero en otras bastante y muy aceptables, sobre todo por su excelente relación entre un precio amigo y calidad.
Estas mascotas que hicieron buenas migas con las jarritas y los sifones de vidrio están pasando por una nueva etapa, más cool. En Buenos Aires varias publicaciones les han dedicado un espacio para evidenciar la tendencia.
En algunas revistas especializadas en la buena vida, periodistas de larga trayectoria en la materia como Fanny Polimeni se preguntan por sus orígenes y fundamentan que “los viejos y queridos pingüinos se convirtieron en una institución, una presencia insoslayable en las mesas populares”.
Pero también marcan este regreso de la mano de los vinos del denominado Nuevo Mundo y del auge de los bodegones porteños y de los bares y pubs en las zonas más nocturnas de la city porteña.
Así han sabido adaptarse estas simpáticas jarritas con pico y patas, en las que por supuesto importa más el contenido que el continente ¡Pero a estar atentos, preguntar y ver qué tinto las invade!
Un gran enólogo local, como Walter Bressia, hizo hincapié en la seriedad y honestidad que debe tener el dueño del lugar donde se llenan estos recipientes, ya que el vino tiene que estar en óptimas condiciones.
Y en el contexto de este auge hay que sumar que a la vez han crecido en el stock de tiendas mendocinas de regalos empresariales y siguen firmes entre los productos top comercios “de diseño” porteños, como es el caso de “Calma Chicha”, en Palermo Viejo, donde es la gran estrella entre otros clásicos como juegos de mesa artesanales, muñecos de trapo y puffs.
Otro signo de su regreso lo podemos ver en la campaña del Fondo Vitivinícola de Mendoza, donde aparece en sus publicidades como una forma de acompañar otra manera de ver a un vino más cerca de toda la gente, ya que si bien el pingüino no se compara con un fino decanter se trata de una amena forma de servir vinos más amigables. En definitiva ¡le damos la bienvenida!