SEGURIDAD. Operarios instalan cables de alambre alrededor de la casa presidencial, en Tegucigalpa. (AFP)
Tegucigalpa. La crisis política que sacude a Honduras, tras el golpe de Estado del 28 de junio, plantea varios escenarios posibles de resolución.
El encuentro del martes entre la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, y el derrocado presidente Manuel Zelaya, las palabras de Barack Obama desde Moscú reconociendo sólo a "Mel" como mandatario legítimo y la "cumbre" que se llevará a cabo hoy entre Zelaya y el jefe de Estado de facto Roberto Micheletti, con la mediación del costarricense Oscar Arias, dejan en claro que EEUU decidió jugar a fondo en esta crisis, dispuesto a correr del escenario al venezolano Hugo Chávez, principal aliado del presidente derrocado en esta movida internacional.
Pese a que tanto Zelaya como Micheletti han dicho públicamente que no tienen nada que negociar -el primero insiste con su regreso al poder y el segundo con que eso no se negocia-, todo hace suponer que de las reuniones de San José deberá surgir un acuerdo que normalice la situación en Honduras.
El primer escenario -y el más improbable- es que tanto Zelaya como Micheletti se mantengan en sus trece y no acepten nada distinto de lo que han dicho en público. Pero la posición del presidente de facto aparece bastante endeble, a partir de la clara posición que adoptó Washington, la OEA y toda la comunidad internacional de no reconocer a su gobierno y al que surja de las elecciones de noviembre próximo.
A esta altura, resulta evidente que ambos deberán ceder. Zelaya sabe que sus sueños de convocar a una Asamblea Constituyente que modifique la Constitución y que le hubiera permitido perpetuarse en el poder -según los golpistas, sus veradaderas aspiraciones, fogoneado por Chávez- deben quedar ya en el arcón de los recuerdos.
De máxima, si regresa al poder, puede aspirar a terminar su mandato en enero, aunque también es posible suponer que -tal como lo están admitiendo tanto actores políticos, judiciales, empresarios y hasta el propio Micheletti- se puedan adelantar los comicios para agosto y la asunción presidencial para octubre. Los candidatos a presidente, en este caso, tendrán mucho que decir, ya que su eventual gobierno podría quedar preso del aislamiento.
Además, fuentes políticas admitieron que de producirse un regreso de Zelaya a Honduras como presidente, sus facultades deberán ser "acotadas" luego de un "gran acuerdo nacional" que permita transitar los próximos meses sin sobresaltos políticos y, fundamentalmente, económicos.
Las mismas fuentes coinciden en que en la resolución de esta crisis serán clave los poderosos empresarios de este país, acérrimos enemigos de Zelaya y que apoyaron el golpe, pero que no estarían dispuestos a "inmolarse" o a perder una sola lempira (la moneda hondureña) por el gobierno de Micheletti.
Todas las alternativas parecen estar sobre la mesa y hasta se evalúa lo que las mismas fuentes han llamado "la tercería": esta posibilidad admite que renuncie Micheletti, asuma el actual presidente del Congreso, José Alfredo Saavedra, que regrese Zelaya y que -"como un gesto patriótico"- renuncie a la presidencia para que la jefatura de Estado caiga en manos del "tercero" en la línea sucesoria, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Rivera. CC
El presidente estadounidense rompió el protocolo para advertir a su homólogo brasilero que Estados Unidos no volverá a dejar que le remonten dos goles, como en la final de la Copa Confederaciones de fútbol. Lula respondió con la casaca verdeamarella.
Los ataques, que se registraron en distintas regiones del país, hacen recrudecer la violencia entre chiitas, sunitas y kurdos.