Adiós a Juan Schobinger

Roberto Bárcena y Clara Abal despiden al notable arqueólogo fallecido recientemente. Semblanzas de un hombre talentoso y cordial y el repaso de su trayectoria.

sábado, 25 de julio de 2009
Adiós a Juan Schobinger
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Por Dra. Clara Abal - Arqueóloga

"Alma al cielo, cuerpo a la tierra"

Papiro de Ani.


Versión de la Quinta Dinastía egipcia (2500 -2350 a.C.)

Escribir sobre Juan Schobinger no es fácil. No resulta fácil hablar del maestro, del colega, del amigo. Probablemente transcribir textos acerca de su extensa y brillante actividad profesional sería más sencillo, pero esa no ha sido la finalidad de estas líneas.

Las personas por lo general causan a sus semejantes diversas sensaciones originadas por las vivencias adquiridas a lo largo de una vida de relación. A través de una fortuita mirada identificamos a nuestros congéneres con lugares que frecuentamos, con colores, olores, sensaciones de espacialidad o de estrechez, de empatía o de antipatía.

Algunos seres al acercarse a nosotros, desde una furtiva mirada, nos parecen que irradian frescura y luz. Juan Schobinger -Hans- como lo llamamos cariñosamente quienes nos formamos a su lado y compartimos años de arqueología y amistad, era un ser fresco y luminoso.

Correcto y afable, nadie puede decir que intentó alguna vez menoscabar a sabiendas a otra persona, lucubrar un maligno plan para lastimar a alguien o envidiar el éxito ajeno. En ocasiones el resto de sus colegas sentíamos que el mundo se nos estaba cayendo a pedazos e intentábamos sostenerlo o recomponerlo en base a lo que considerábamos parecían quedar unos pocos fragmentos, pero Hans pasaba por el borde del abismo como si transitase por el medio de un seguro camino, sin darse cuenta de los riesgos. Eso lo mantuvo limpio y a salvo.

Cuando dictaba sus clases o conferencias, por lo general bosquejaba rápidamente un mapa de América casi perfecto y su cordial naturaleza se volvía verborrágica. Sacaba al aire -como mago de un sombrero- mil y un conceptos, autores, citas bibliográficas, grandes procesos culturales y detalles.

Su memoria era extraordinaria. Quienes no estuvieran preparados para asimilar y comprender todo esto rápidamente, debían esforzarse por seguirlo.

Incansable caminador, podía llegar a sacar de quicio a sus pares o dejar exhaustos a sus alumnos, arrastrándolos por kilómetros y kilómetros a pleno sol. Salir con Hans al campo implicaba una contingencia. O lo perdíamos de vista o lo seguíamos. Las dos opciones eran peligrosas.

Mendoza sin él no será la misma. Hans poseyó una amplia trayectoria docente y académica. Fue un referente en el plano patrimonial, un arqueólogo que supo comprender los grandes procesos de esta ciencia y que se dedicó a sintetizarlos con el fin de transmitir conocimiento.

No sólo se especializó en prehistoria americana sino también en arqueología del Oriente Cercano, y eso es mucho decir. Quedan pocas mentes holísticas como la suya dedicadas a comprender y difundir los conceptos del Nuevo Humanismo antropológico y él lo hizo sobre todo a través del estudio del denominado arte rupestre.

Consideraba, por ejemplo, que el mundo andino no podía medirse solamente en base a procesos tecnológicos, sino que por su propia cosmovisión, el panorama era mucho más amplio y rico. Pensaba que América precolombina había surgido en base a "una mentalidad fuertemente opuesta a la nuestra, intuitiva, abierta a la naturaleza y al cosmos (y no encerrada en el ego), comunitarista (y no individualista), en la que todo lo visible es símbolo de una realidad mayor, de la que depende".

Así, la aplicación de una mera tecnología sin alma como opción para intentar comprender estos complejos procesos culturales sólo nos conduce a la especialización de la súper especialización, también necesaria siempre y cuando no dejemos de mirar el horizonte.

Con la sinceridad que cimentaba nuestra amistad, hace poco en el hospital, viendo su dolorosa delgadez, le dije a modo de broma con el objeto de que intentara comer, que se estaba pareciendo a una momia (paráfrasis de uno de los temas que más hemos trabajado juntos).

Con una sonrisa cómplice me acotó: sí, pero a una momia de la costa… y terminamos riéndonos de nuestra propia finitud.

Numerosos investigadores e instituciones de diversas partes del mundo han sentido su muerte y nos han enviado sentidas condolencias, pues la han visto como una real pérdida para el mundo de la ciencia.

Hans nos recuerda a chocolate, a golosa e infantil fruición por los dulces más sabrosos, a un apetitoso plato de sopa de comedor universitario, a docta conversación arqueológica, a innumerables charlas sobre historia comparada de las religiones, a la cita bibliográfica precisa, a texto pulido, a descubrimiento e intercambio de nuevos libros, a maestro, al amigo que siempre intentó mostrarnos su mejor rostro a pesar de su enfermedad de años.

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Ruth Corcuera, Juan Schobinger y Clara Abal en 2007.

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