Pronóstico. Un eventual ajuste de la política fiscal tendría efecto, entre otras áreas, en la obra pública.
Buenos Aires. Los números fiscales de la Argentina vienen reflejando el fuerte deterioro provocado por la crisis internacional y doméstica. En los primeros cinco meses de 2009, y contabilizando los nuevos ingresos de la Anses tras la eliminación de las AFJP y antes del pago de los intereses, el Tesoro obtuvo un superávit primario de 6.259 millones, cuando en igual período de 2008 había alcanzado los $ 17.660 millones, un bajón de 65%.
Pero tras el pago de los intereses, quedó con un déficit de $ 97 millones cuando, entre enero y mayo del año pasado, cerró con un superávit financiero de $ 12.127 millones.
Para 2009, la consultora Economía & Regiones, que dirige Rogelio Frigerio, proyecta un superávit primario de $ 18.622 millones, cuando en 2008 había sumado $ 32.529 millones. Y tras el pago de los intereses, quedaría un "rojo" de casi $ 6.000 millones, contra 14.655 millones positivos del año pasado. El deterioro fiscal sería así de más de $ 20.000 millones.
A eso habrá que agregar el desbalance de las provincias, que se proyecta con un déficit primario de $ 5.000 millones y un "rojo" financiero de $ 8.000 millones.
Así, si no se hubiera producido la transferencia al Estado de los aportes que antes iban a las AFJP, este año hubiera desaparecido todo el superávit fiscal primario y el déficit financiero hubiera trepado a unos $ 18.000-19.000 millones.
Con estas proyecciones, de los dos superávits gemelos, este año la Argentina mantendría el excedente comercial -en valores similares y hasta más altos, por la fuerte contracción de las importaciones-, pero tendría muy deteriorado el resultado fiscal.
Y de la meta del 3% del PBI como superávit primario se obtendría la mitad -1,6% del PBI-, que se achicaría al 1,2% si se resta el déficit de las provincias y se tornaría francamente negativa tras el pago de los intereses de la deuda.
Estas cifras, además, no toman en cuenta el impacto fiscal de la gripe A, que está produciendo una fuerte caída de las ventas y del turismo y que se reflejará en la recaudación de julio y agosto. Tampoco la fuerte presión que hay en el Congreso, más aún después de las elecciones, para reducir retenciones o coparticipar más algunos tributos, como el impuesto al cheque.
Estos números fiscales adversos se dan en un contexto en que la Argentina tiene cerrada la financiación externa -salvo desembolsos de los organismos internacionales que compensan los vencimientos- y luego de aplicar canjes (Préstamos Garantizados y Letras por Bonos 2014 y 2016) y sobre todo, raspando todas las ollas del sector público, en especial, Anses, Banco Central y Banco Nación.
El Tesoro ya pidió $ 7.300 millones al Banco Nación y, como precisa la consultora MVAS, "el Banco Central reportó esta semana utilidades por $ 4.500 millones, de las cuales ya habrían sido transferidos $ 3.000 millones y restarían girar los otros $ 1.500 millones en lo que resta del año".
Y los "adelantos transitorios", el otro de los canales de financiamiento del Banco Central al Tesoro, "crecieron $ 10.400 millones en lo que va del año. En consecuencia, el margen de incremento de esos instrumentos fijado por la Carta Orgánica del BCRA se ubicaría en torno a los $ 6.000 millones para lo que resta del año", concluye MVAS.
Toda esta absorción de fondos se debe a que, como marca un trabajo del Estudio Bein, "hoy la carga de la deuda pública, descontando los vencimientos refinanciables (intrasector público y organismos internacionales), asciende, entre intereses y amortizaciones, a 3,4% del PBI en 2009 y a 2,8% del PBI en 2010".
Más que brecha, una grieta
Por ende, la brecha entre ingresos y gastos es más que significativa.
Para corregirla, Nadin Argañaraz, del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), pone el acento en el ritmo del gasto.
Así, dice que "si el Gobierno nacional prosiguiera durante el segundo semestre con un ritmo de expansión del gasto primario del orden del 23% interanual, dado el aumento esperado de los ingresos, finalizaría el año con equilibrio fiscal primario, es decir con déficit después de intereses. Por un lado, le seguiría inyectando actividad a la economía, pero por otro, se quedaría sin el flujo clave para servir la deuda. Sin superávit, sin acceso a los mercados voluntarios de deuda, con cada vez menos stocks de activos para transformar en deuda pública, surge el uso de las reservas como fuente alternativa. El riesgo es que esto acelere aún más la salida de capitales y desfinancie por otra vía a la economía real".
Por eso, si el Gobierno quisiera evitar perder el superávit fiscal, con todas sus consecuencias, Argañaraz sostiene que una alternativa sería acomodar el ritmo de aumento del gasto al de los ingresos, es decir, a una tasa del 10% interanual.
"En ese caso, podría lograr a fin de año un superávit primario del 1,6% del PBI. En este escenario, dado el gasto inflexible a la baja constituido por salarios y jubilaciones -con movilidad considerada-, el resto del gasto primario debería disminuir en el segundo semestre aproximadamente 8% respecto a los primeros seis meses del año. En este segundo escenario, el impacto real directo del ajuste recaería en mayor medida sobre el interior del país, puesto que el gasto inflexible a la baja se concentra básicamente en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires. Como siempre, alguien tendrá que absorber en mayor medida los efectos de ajustar la política fiscal, en caso de que se decida hacerlo".
Esto implicaría básicamente transferir subsidios a las tarifas de transporte y energía y recortes a la obra pública, con sus consecuencias sobre la actividad económica y la propia recaudación.
Por su parte, el último Informe de Econométrica, la consultora que dirige Mario Brodersohn, dice que "el deterioro fiscal alimenta las expectativas de una devaluación de la moneda local ante un Gobierno que, sin acceso al financiamiento, se encuentra obligado a restablecer rápidamente el equilibrio fiscal para afrontar con mayor certidumbre los pagos de deuda de los próximos trimestres".
En parte, esto último fue lo que estuvo pasando. Por la mayor depreciación del peso, se fue recuperando en pesos la recaudación de los impuestos del comercio exterior, a pesar de la contracción de las importaciones y el achique de las cantidades exportadas, a la vez que el Banco Central pudo aumentar sus utilidades en pesos y transferirlas al Tesoro. CC
| Ciudad de Mendoza | ||
| Moneda | Compra | Venta |
| 4.48 | 4.55 | |
| 5.70 | 6.00 | |
| 9.60 | 10.10 | |
| 2.30 | 2.70 | |
| Actualizado : 24/05/2012 | 08:32 Ver condiciones en www.montemar.com.ar | ||