Los jugadores de rugby que le habrían dado una brutal paliza a un joven a la salida de un boliche, el año pasado, no irían a juicio y, en ese caso, sólo deberían realizar, durante 3 años, 6 horas semanales de trabajo social.
El caso podría terminar así ya que, siguiendo el pedido que hicieran los defensores de los presuntos agresores, el fiscal Fernando Giunta de la Fiscalía de Luján-Maipú, ha presentado ante la Quinta Cámara de Garantías la suspensión de juicio a prueba.
El caso está caratulado como lesiones graves calificadas por ensañamiento contra Valentín Azpilcueta. Los imputados son cuatro jugadores de rugby de la división M-19 del club Maristas: Nicolás Andía, Lucas Gabrielli Gómez Rueda, Guillermo Nicolás Villegas Bardó y Juan Ignacio Brennan Giornelli
El fiscal fundamenta la suspensión en que este tipo de delito la permite (se ha dictado esta medida aun en casos que superan los 6 años de prisión como pena y si existe consentimiento del fiscal).
Será ahora el juez de garantías Marcos Pereira quien deberá resolver la situación. Por supuesto que el abogado patrocinante de Azpilcueta puede apelar la medida, y en tal caso el asunto pasaría a alguna cámara que decidirá, finalmente, el caso.
De ser aceptada la suspensión de juicio a prueba y si los imputados no cumplieran con el trabajo social, el caso ameritaría un juicio oral y público.
"Las patadas me levantaban"
En la madrugada del 2 de abril del año pasado, en la salida de la discoteca Óptimo, en ruta Panamericana, en Chacras de Coria, tres chicos -Valentín Azpilcueta, Franco Nosenzo y Lucía Nicolini- esperaban un remís.
En ese momento se les acercó un grupo de jóvenes -los rugbiers Nicolás Andía, Lucas Gabrielli Gómez Rueda, Guillermo Nicolás Villegas Bardó y Juan Ignacio Brennan Giornelli- y los rodearon. Azpilcueta vio la maniobra y cuando intentó darse vuelta para no quedar de espaldas a Andía, este le dio un puñetazo en la cara.
Azpilcueta quedó tendido en el piso y en esa posición recibió una durísima golpiza: los cuatro agresores le dieron golpes con los pies y con los puños, en la cabeza, en el estómago, en el cuello, en la cara y en los brazos.
El muchacho declararía luego que "las patadas me levantaban en el aire de lo exageradas que eran" y "creí que me iban a matar".
Según el joven, nunca supo por qué recibió semejante castigo. "He escuchado que estos chicos le han pegado a otros. Que les han desfigurado la cara. Es más, creo que soy el primero en denunciarlos, ya que los demás no lo han hecho porque tienen miedo", declaró. OG
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