¿Puede ignorarse la economía del conocimiento?

Mientras las nuevas tecnologías han generado abundancia de conocimientos, nuestros políticos parecieran empeñarse en preservar la escasez.

viernes, 10 de julio de 2009
¿Puede ignorarse la economía del conocimiento?

Miguel Angel Gutiérrez - Director del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva

Cuando se habla del ingreso en la sociedad del conocimiento, nos referimos a una múltiple transición: de una sociedad territorialmente localizada en base al estado nación, de una economía industrial a la economía basada en la información, de un poder político fundado en la fuerza y la acumulación económica a uno basado en el conocimiento.

Surge de inmediato un dato importante de la economía digital que es que cada bit que representa un dato -o insumo básico- no se consume con su primer uso como sucede con la materia atómica, sino que puede ser multiplicado en forma prácticamente infinita, como una renacida parábola de los panes y peces; modificando así la física de nuestro mundo.

Esto permitiría que todos los que cuenten con una PC en red puedan acceder, gratis, a cualquier dato o información, obra de arte: canción, película, libro, programa de computadora, o a cualquier cosa que pueda ser expresada con unos y ceros.

Esta nos lleva a una pregunta sobre el futuro del sistema económico que surgió de la escasez: el capitalismo: ¿Sin escasez de materias primas, el capital es imprescindible o funcional para organizar la nueva economía de la información?

Es decir que la cuestión central de nuestro tiempo ya no es si la naturaleza lo permite sino si nuestro sistema jurídico y económico lo permite.

El sistema jurídico que sirvió de marco normativo para el desarrollo de la economía industrial. basado en un sistema de apropiación individual de bienes y servicios, de patentes y marcas, no sirve más para facilitar el desarrollo de la nueva economía digital donde la abundancia deviene hoy en el problema.

Mientras las nuevas tecnologías ha hecho aflorar una nueva abundancia de conocimiento de lo posible, los políticos, en particular los legisladores, los abogados y jueces, las empresas y las universidades parecieran cada vez más y más decididos a preservar su escasez.

Por ejemplo la oposición a la creación de nuevas universidades nacionales no surge del Ministerio de Economía (¿aún existe?), o de universidades privadas locales sino del propio Consejo Interuniversitario Nacional.

¿El reciente debate preelectoral mostró a algún candidato preocupado o reflexionando sobre el tema? ¿En qué estado se encuentra el debate jurídico sobre el derecho de todos a acceder a la información? Más allá de la discusión sobre la inflación y su magnitud, ¿alguien se manifestó contra la escasez?

Una canción de Ignacio Copani referida a nuestra realidad reciente decía “lo que abunda es la escasez”, lo que es aún más dramático cuando se refiere al saber. Ahora, ¿cómo se combate la escasez en una economía del conocimiento?, si las instituciones propias de la economía: empresas, sistema educativo, legislación y Justicia, en su estado actual, no parecen ser los indicados, resulta imprescindible construir instituciones que promuevan el compartir información y procedimientos para producir nuevos conocimientos, tanto como incentivar la creación de nuevas formas de organizar la capacidad intelectual de una empresa, institución o país.

La inteligencia colectiva, a la que nos hemos referido en anteriores artículos surge, sin duda, como una forma adecuada y necesaria para ayudar en forma oportuna a transitar el cambio de economía.

El espacio del conocimiento surge como territorio de una nueva ciudadanía, la de quienes comparten el saber, para producir más conocimiento, el nuevo homo sapiens sapiens sapiens. Otras instituciones tienen que ser diseñadas para fundar en información adecuada y pertinente las decisiones de importancia, en particular las políticas y corporativas.

No hacerlo es pasar por las más dramáticas transformaciones como viajeros de tours baratos, viendo desde el bus sólo lo externo de los cambios de la técnica, de la economía o de la civilización. Como si sólo se tratara de pasar de una cultura a otra, pero en realidad estamos pasando de una humanidad a otra que no aceptamos todavía reconocer.

Frente a estas transformaciones, no todos tienen iguales responsabilidades. Algunos, por vocación o por oficio, tienen mayores obligaciones. Las nuevas técnicas de comunicación por mundos virtuales replantean de manera diferente los problemas del vínculo social; en esto, académicos, intelectuales y periodistas están urgidos por dar a conocer sus descubrimientos para afrontar el juicio de sus pares y del público en general; cuando este último se convierte en usuario, la urgencia deviene en necesidad.

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