La Villa Antigua: el pueblo que aguantó el ataque de los indios

Fundada el 24 de diciembre 1791 con otro nombre: San José de Corocorto, fue en los comienzos cabecera de La Paz. El pueblo supo vivir bien de la agricultura, pero hoy está difícil.

lunes, 22 de junio de 2009
La Villa Antigua: el pueblo que aguantó el ataque de los indios

Vida tranquila. Más allá de las innumerables necesidades que expresa la gente, destacan también que es un lugar muy tranquilo para vivir. Patricio Caneo

Javier Hernández - jhernandez@losandes.com.ar

La Villa Antigua de La Paz es un pueblo donde hoy viven apenas 136 familias y también un lugar que supo de tiempos mejores. Fue allí, 60 años antes de que La Paz naciera como departamento, que se fundó, el 24 de diciembre de 1791, San José de Corocorto: era aquel un caserío a orillas del río Tunuyán habitado por un puñado de duros pobladores, que llegaron desde Guanacache buscando mejores suertes.
 
Más de medio siglo después, el 4 de agosto de 1850, el gobernador de Mendoza Alejo Mallea crea el departamento La Paz, y establece la cabecera, precisamente, en San José de Corocorto. Pero en los años siguientes hubo dos bravos ataques de malones indígenas, que terminaron por correr a buena parte de la gente, que se estableció unos cinco kilómetros al noreste. La Paz mudó entonces su cabecera a la Villa Nueva y San José de Corocorto cambió de nombre y pasó a ser, hasta hoy, la Villa Antigua.

"Acá lo mejor que tenemos es el amor que sentimos por el pueblo y por eso seguimos firmes, aunque las cosas no estén tan bien", dice Rosa Noemí de Virgilio, maestra de escuela y cuenta, como para que uno se vaya dando una idea de los cambios, que en los años ’70 la primaria Juan de Jesús Aguirre de Quiroga tenía más de 400 alumnos "todos chicos de este pueblo" y que hoy son apenas 125, "y muchos de ellos 'prestados' de los alrededores".

La Villa Antigua es un lugar que siempre supo vivir de la agricultura, pero hoy eso le está costando bastante porque no hay mucho para cosechar: la mayoría de las fincas se perdieron y hoy sólo queda juntar el junquillo que crece a la orilla del río. Cuentan los vecinos que hasta los años 70 hubo en el pueblo tres bodegas importantes y media docena de secaderos, todos rodeados por decenas de fincas con sus frutales y viñedos.

"En aquellos años, los camiones hacían colas frente a los lagares de las bodegas. Además, se cosechaba la pera, el damasco, la ciruela y había trabajo para todos, incluso para muchos que venían de afuera y de otras provincias", recuerda Elio Carlos Dubanced, jubilado de la Armada y sigue: "Con decirle que a mi papá le llegó un nombramiento para trabajar en la comuna y lo descartó, porque ganaba mucho más en la viña".

La Villa Antigua está a un kilómetro de la ruta 7 y de las vías del ferrocarril, y ambos trazados corren al norte del pueblo. Hay tres calles para entrar al pueblo, una es la del cementerio.

"El ferrocarril, que para otros pueblos fue una bendición, para nosotros no lo fue tanto, porque la estación está en la villa cabecera y aunque la ruta 7 pasa cerca, los autos no entran porque casi nadie sabe que estamos acá", dice Edgardo Giménez, el obstetra del pueblo que atiende en el CIC construido frente a la plaza y pegado al destacamento.

Es la construcción más reciente del lugar y, por eso mismo, contrasta con casi todo el pueblo, salvo con la parroquia Nuestra Señora de La Paz, que luce hermosa y como pintada apenas ayer.
 
"La gente acá es muy devota y cuida su iglesia", aclara Dubanced, aunque no hace falta.

Coincide la gente en que los problemas para la Villa Antigua comenzaron con una gran revinición (suelo saturado por humedad) que afectó los cultivos, y a eso se sumaron sucesivas políticas de gobierno que casi no tuvieron en cuenta al pueblo. "Lo que más hace falta acá es trabajo genuino porque la gente vive del junquillo, como empleada del Estado o de los planes sociales", dice Rosa.

Calles de tierra

Las calles de la Villa Antigua son todas de tierra y la principal, que cruza todo el pueblo de este a oeste, se llama Bartolomé Mitre: tiene al medio un bulevar que también está hecho de tierra y luminarias, que la comuna instaló hace poco. Otro de los avances es el gas natural, cuyas cañerías ya llegan a todos los frentes de las casas. Además de las viejas casas, rodeadas de plantaciones que ya no existen, hay dos pequeños barrios que, no podía ser de otro modo, se llaman Villa Antigua 1 y 2.

Hay también un colectivo interno que une el pueblo con la villa cabecera y que pasa todos los días salvo el fin de semana y los feriados. La gente se queja por eso y porque muchas veces no hay policía en el destacamento. Igual, el lugar es muy tranquilo y no hay delitos.Tampoco conviene enfermarse los sábados o domingos porque no hay médico en el CIC. Para las emergencias está la enfermera Marcelina Zapata, la Coca para todos, o la ayuda de Ilda Mercado, enfermera jubilada que sigue poniendo inyecciones.

"Yo no cobro, lo único que pido es que consigan la jeringa y que me lleven y me traigan", cuenta la mujer, que a esta altura de la vida le conoce la cola a casi todo el pueblo.

"Acá casi no hay vida social y entonces la tenemos que inventar", dice Rosa y cuenta que entre la comisión de la biblioteca y los pibes del barrio suelen armar espectáculos frente a la iglesia. "Algunos cantan, otros se disfrazan o bailan y también armamos obras de teatro. A la primera función vinieron unas 100 personas y de a poco se han ido arrimando más. La gente se entretiene".

Villa Antigua tiene un bar donde los parroquianos matan el tiempo y también un club: el Boca Juniors de Villa Antigua, con los colores azul y oro de rigor.

"Es el papá de la liga paceña de fútbol", asegura un grupo en una esquina, muchachos de más de 20 años que se entretienen con una araña de goma que salta de una caja cuando se le quita la tapa: diversiones sencillas para vidas sencillas.

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