Luego de siete años, y mudado a Capital Federal, el ex Serú Girán publicó “Déjà vu”, un disco que resume desde la primera a la última canción su nuevo renacer.
martes, 16 de junio de 2009
"No voy a cambiar / Voy a seguir tocando / Y entre el público estarás / Porque hoy, hoy estoy de nuevo ocupando mi lugar”, afirma con contundencia Lebón en “No quiero encerrarme”, uno de los aceitados y positivos blues de “Déjà vu”.
No hay dudas de que, con un magnífico solo de Ricardo Mollo, uno de los invitados estrella, suena como una tajante declaración de principios y proyecta su propia personalidad. ¿O cómo podríamos aceptar un blues que fuera tan positivo si no viniera de él?
Es que, como si hubiera roto un espejo o deseado obedecer la lógica de una cábala, (pasaron siete años desde su anterior “Yo lo soñé”), no hay dudas de que “Déjà vu” es un disco zen, de reconciliación con él mismo y con los demás planetas que giran alrededor de él.
Pero hilvanando fino, los doce temas parecen al mismo tiempo una atractiva simbiosis entre un pedido de auxilio, ansiedad de cambio, súplicas de perdón, un volver a empezar y, coincidencia o no, parece un plan para darle una banda de sonido a cada uno de los doce años que vivió en Mendoza.
No obstante, entre la mudanza a Capital Federal (vive ahora en Villa Urquiza) y su romance con Hilda Lizarazu, se nutre la inspiración de esta nueva era Lebón y que es sin más una muy cuidadosa vuelta de tuerca a su característico sonido: blues refrescantes, estallidos rockeros, baladas melancólicas y letras autobiográficas.
Pero más allá de asociaciones metafísicas, luego de escuchar entero a “Déjà vu”, se descubre que el título está perfecto. El resultado realmente se siente como experimentar un recuerdo pero en el presente.
También hay una convincente sensación de familiaridad, porque se trata de un disco íntimo, subjetivo, hecho por amigos. ¡Y qué amigos! porque el arte de tapa lo pintó el “Flaco” Luis Alberto Spinetta (elegido entre 766 opciones) y en sus solos y coros participan Ricardo Mollo, Juanse e Hilda Lizarazu, con quien además compuso varios temas.
Pero eso no es todo: tiene la producción artística de otro clásico, Gustavo Gauvry, colaborador de discos de Serú Girán, el mismo Spinetta, Ratones Paranoicos, los Redonditos.
Además, para redondear la idea de recurrir al pasado en el presente y recobrar su espíritu, el disco incluye como bonus track un hermoso cover de Serú Girán, “Viernes 3 AM”.
-¿Estás contento?
-Sí, la verdad que estoy feliz. Creo que a veces uno tiene que dejar de hacer cosas para lograr otras y una de ellas fue que tuve que de dejar de vivir en Mendoza y levantar un poco el trabajo acá, y eso está sucediendo porque estoy en una compañía divina (EMI). Y el disco finalmente salió y está marchando bárbaro. La verdad es que teniendo 56 años y conseguir manteniendo mi clasicismo, a pesar de que no soy un gran vendedor de discos, es fundamental para mí.
-Contame del blues “No quiero encerrarme”, quizá el mejor tema del disco.
-Ese blues fue compuesto en Mendoza e iba a salir en otro disco. Lo habíamos grabado pero no estaba preparado del todo, aunque no me imaginé al principio que terminaría con un solo de Ricardo Mollo.
Pergolini me dijo que era el único blusero optimista que conocía (risas). Pero en realidad es así, no soy de bajonearme o sea, igual en el disco hay un par de palitos para el Gobierno pero muy desde mi lugar, porque querer cambiar las cosas a mi edad..., no es que no se pueda, sino que se lo dejás para otras generaciones.
-¿Quedaron temas afuera?
-Quedaron, sí. Pero de todas maneras la compañía me pidió dos discos más, por eso estoy muy feliz. Al mismo tiempo tengo ganas de que la gente que quiero mucho de Mendoza lo escuche. Igual, de todas maneras nunca voy a abandonar Mendoza. (De hecho, estuvo este fin de semana largo). Tengo mis nietos allá y extraño a mis amigos.
-¿Tuviste desde el principio la idea de hacer un álbum que se pudiera trasladar al vivo sin dificultades?
-Sí, esa fue la intención. No quisimos sobrecargar el sonido. La idea fue básicamente hacer un álbum orgánico, un material que se pueda tocar en vivo, tal cual, sin demasiadas alteraciones, sin contaminantes.
-¿Habrá gira presentación?
-Obvio. Y Mendoza va a ser una de las principales ciudades. El plan sería arrancar en agosto por todo el país, con los mismos músicos del disco aunque sin descartar tocar con los invitados. Mollo, Juanse, Hilda. Eso estaría buenísimo.
-¿Por qué “Viernes 3 AM” y no otro?
-Por varias razones. Primero si yo me tuviera que suicidar lo haría como lo describe esta canción, cantando en primavera viendo el mar, pero por otro lado, yo no participé en la grabación de ese tema durante mi etapa en Serú, así que me saqué un poco el gusto. El resultado es un sonido despojado, limpio. Me gustó mucho cómo quedó.
-Otro ejemplo de esos estados de ánimo es “Buenos Aires blues”.
-Fijate vos que ese tema tiene muchos años, es uno de los primeros que grabé en Mendoza y es como un tributo a Capital Federal, es una canción de reconciliación con esta ciudad.
-¿Sos muy rompe con los detalles cuando entrás al estudio?
-No, la verdad que no. En este disco, el hincha es Gustavo Gauvry, el productor artístico. Yo casi ni me meto, pero la idea de incorporar a Gauvry fue de Hilda y cuando lo llamamos él tenía la misma idea que yo, hacer un disco orgánico, nada de cuerdas o máquinas raras.
Automáticamente una cosa derivó en otra y de allí salió que El Flaco me dibujara la tapa.
-¿Es verdad que fueron 766 opciones?
-Sí. Estuve tres meses eligiendo. Veía redondeles por todas las paredes de mi departamento. Me puso un poco paranoico. Fue una locura elegir tantos. De todas maneras me van a servir porque a esos dibujos los voy a usar proyectándolos en los conciertos.
-¿Por qué “Déjà vu”?
-Porque primero hoy en día, me estaba costando grabar. Todo mañana, mañana, todo parecía lo mismo. Pero cuando apareció Gauvry todo comenzó en serio a parecerse a un déjà vu, lo de la tapa y la incorporación de Ricardo (Mollo).
-¿Tenés ganas de contarme la historia de amor con Hilda?
-Fue como la de quizás cualquier otra pareja. Nosotros nos conocemos desde el ’83, y no nos veíamos tan seguido. Siempre había algo que me llamaba la atención de ella. Su inteligencia, muy buena fotógrafa, sacó de hecho varias fotos para mis discos, y me gustaba mucho como cantante. Siempre me gustó.
Me pareció una de las mejores. En este disco y en el de ella, obvio, está más que demostrado. Pero el romance ocurrió en Cuba, cuando viajamos a tocar allá. ¡Y qué mejor lugar! La playa, el ron, el sol. Y nos enamoramos.