El loteo está junto al Huerto del Sol y la unión vecinal está unificada. Las calles llevan el nombre de ciudades latinoamericanas.
"Siempre digo que vivo en un paraíso", resume uno de los vecinos de El Pinar en una frase que expresa, en pocas palabras, la vida que el pequeño barrio de La Puntilla ofrece a quienes lo habitan. Formado desde la década del '80, se ubica junto al barrio Huerto del Sol y posee sólo algunas manzanas de extensión por lo cual suele tratárselos como uno solo.
"Cuando se realizó el fraccionamiento de los lotes se lo parquizó de una manera hermosa: era como venir a vivir a un bosque de la Patagonia", cuenta el arquitecto y vecino desde hace alrededor de 15 años, Iván Brkljacic, quien además agrega que de esa característica proviene el éxito del barrio. Justamente, el nombre deriva del paisaje que tuvo y del que aún se conservan algunos vestigios.
"En mi lote había, por ejemplo, un aromo enorme con flores amarillas, y en invierno cuando nevaba era como estar en la Patagonia misma", recuerda el vecino.
La vida que el lugar ofrece puede parecer de ensueño: "los 'ruidos molestos' son los pajaritos en la mañana y tal vez alguien que corta el pasto", señala el arquitecto Brkljacic. De hecho, el barrio es sólo residencial. No hay locales comerciales y el tránsito vehicular es limitado: sólo las arterias de ingreso y las principales, como Laprida, son las más concurridas por los automovilistas.
"A veces a mis hijos les resulta incómodo vivir un poco alejados, pero es el balance final lo que importa", expresa Brkljacic.
Con el paso del tiempo El Pinar fue poblándose y mucho de lo que lo caracterizó se perdió a causa de las edificaciones. Numerosos vecinos optaron por quitar los árboles que estaban en sus lotes a la hora de construir sus casas. Sin embargo, éste no es el caso de Omar Raballo, presidente de la unión vecinal de El Pinar y Huerto del Sol desde hace tres años.
"Cuando compramos el terreno decidimos con mi señora conservar los árboles; de esa manera planificamos la casa en función de mantenerlos", señala Raballo, quien posee en su jardín ejemplares como eucaliptos y pinos.
El Pinar se extiende desde calle Laprida a Vicente López, y desde la vereda par de Veracruz hasta Viamonte. Una particularidad del barrio es que la mayoría de sus arterias poseen nombres de capitales o ciudades latinoamericanas.
La urbanización del lugar genera discrepancias entre los habitantes. "Hay una cuestión del imaginario de la gente que vive acá y es que muchos de los vecinos creen que viven en el campo", señala uno de los lugareños que desea que asfalten las calles que aún se mantienen de tierra en su mayoría. Sin embargo, desde la unión vecinal, señalaron que pretenden realizar un asfaltado pero no como el de las ciudades.
"Desde nuestro lugar lo que proponemos con respecto al asfalto es hacerlo de 6 metros de ancho con un cordón de contención de hormigón y a los costados dejar un espacio para que cada vecino ponga césped y hacer las cunetas de piedra bola. Es una forma de mantener una cierta rusticidad. No queremos dar un aspecto de ciudad al barrio", afirman Omar Ritta y Carlos Raballo, vocal y presidente de la unión vecinal respectivamente.
Quienes tienen la oportunidad de poder vivir en El Pinar, aseguran que lo eligieron no sólo por la paz y la tranquilidad sino también por el microclima. "En invierno es más costosa la calefacción dado que hay una diferencia de 5 grados menos que en la ciudad de Mendoza, pero en verano el calor nunca es agobiante ", afirman. Esto se debe a la vegetación que aún se conserva. "Mirar hacia arriba en el jardín es como ver un bosque", relata un vecino.
El Pinar cuenta con una pequeña plaza y en total son tres si se suman las del Huerto del Sol. En conjunto ambos barrios poseen alrededor de 300 familias. Los dos conglomerados trabajan de manera mancomunada en lo que concierne a cuestiones vecinales. Según la unión vecinal, que se conformó como tal hace cinco años, es muy difícil lograr la participación de los vecinos ya que en la mayoría de los casos los dos integrantes del matrimonio trabajan durante todo el día.
"Tenemos muchos vecinos famosos, pero si los nombramos nos retan", comentan entre risas Omar Ritta y Carlos Raballo.
"Dado que la mayoría de las casas poseen grandes jardines es un barrio en el que la gente vive en un 90 por ciento puertas adentro. No hay chicos en las plazas, no tienen vida las plazas", señala Omar Ritta. Una tradición que sirve como contacto entre los vecinos son las clásicas caminatas de los "más grandes" en el verano.
Según el arquitecto Brkljacic, por insólito que parezca, los lotes del barrio resultan más baratos que en otros lugares. "Un metro cuadrado cuesta 100 dólares y en Godoy Cruz, por ejemplo, puede llegar a costar 200 dólares el metro. El único problema acá es que los lotes tienen más de 500 metros" asegura el vecino, que concluye: buen precio más la calidad de vida que ofrece vivir en oasis de este tipo, es una ganga.
Una ruta polémica
Desde que se planificó el trazado del Corredor del Oeste se consideró realizar una cuarta etapa que uniría la rotonda de Palmares, atravesaría la Panamericana, el barrio Huerto del Sol, la calle San Martín y culminaría en calle Paso de Carrodilla. La ruta, de realizarse, atentaría contra la paz y tranquilidad que los vecinos del Huerto del sol y El Pinar tanto aprecian. La idea de hacer la traza tuvo, en su momento, quejas de muchas familias.
En la actualidad, desde la Dirección Provincial de Vialidad informaron que la realización del trayecto está planeada pero no hay tiempo de ejecución para la obra. En principio esto se debe a que llevarla a cabo demandaría un presupuesto aproximado de 60 millones de pesos. Desde esta dependencia señalaron que si se ejecuta una obra de este tipo siempre se piensa en el beneficio de toda la población y que se tratará de llegar a un acuerdo con los vecinos afectados.
En este sentido, desde la unión vecinal comentaron a Los Andes que desde que los barrios se construyeron hay lotes cuyo espacio está reservado para esa obra. Se trata de los terrenos ubicados en la intersección de Álzaga y Laprida, y de Paso y Quito.
Esta entidad comentó que desde 2005 han realizado gestiones con Vialidad para que los autoricen a dar un uso a los terrenos. "Nosotros no pretendemos construir un edificio; sólo queremos hacer un parque autóctono, con juegos para los chicos, convertir esos lotes en espacios verdes", señalaron.
Los vecinos beneficiados se convertirán en custodios de esos lugares contra el vandalismo.