Investigaciones recientes sobre el cerebro humano y en relación con las tecnologías de producción de conocimientos, nos conducen inexorablemente a nuevas cuestiones éticas sobre la naturaleza humana.
Estudios tales como la identificación de los circuitos neuronales que permiten discriminar entre realidad y ficción; en California el Caltech desarrolla el mapeo cerebral más global de las habilidades cognitivas del hombre; otra investigación de este instituto estableció que el cerebro se adelanta un instante a lo que percibimos para reaccionar en consecuencia: otros estudios muestran que el cerebro funciona con un suerte de “memoria de trabajo”, o memoria RAM como la de las computadoras, lo que nos permite disponer de información útil mucho más rápidamente que la almacenada en la memoria principal; en relación con la memoria a corto plazo se ha establecido que en la percepción de estímulos y el almacenamiento de recuerdos intervienen las mismas áreas cerebrales; por otra parte se ha determinado que la flexibilidad de las comunicaciones entre neuronas (sinapsis) es la que permite que nuestro cerebro recuerde la información importante y olvide la insignificante.
Otro estudio señala que compartimos con las ratas la capacidad de estimar la certidumbre, lo que podría ser un componente fundamental en la toma de decisiones de cualquier especie animal; asimismo se han identificado tres tipos de neuronas diferentes que nos ayudan a situarnos, orientarnos y nos señalan las distancias que hemos recorrido; el estudio del cerebro de primates ayuda a explicar las características del desarrollo del cerebro humano, que habría ido aumentando de tamaño y capacidad sometido a las presiones sociales de su medio.
Pero si el avance día a día del conocimiento del cerebro asombra, más revolucionario es comprobar que estamos a las puertas de la comunicación entre éste y las computadoras: investigadores estadounidenses trabajan en una interfaz cerebro-computadora que permite comunicarse en forma directa con un sitio Web sin accionar ninguna tecla ni realizar algún tipo de actividad física.
Esta interfaz consiste en un teclado en la propia pantalla del computador, que responde ante las diferentes elecciones cerebrales, las que son traducidas en letras y palabras pudiendo publicarse en aplicaciones Web.
Estas interfaces cerebro-máquina (BMIs) y nuevas aplicaciones de biotecnología como neuroprotesis nos acercan aceleradamente a las posibilidades identificadas por el Millennium Project para la educación y el aprendizaje en el 2030 como: modificar y manipular el funcionamiento cerebral para el mejoramiento cognitivo; una inteligencia mejorada genéticamente; el mapeo completo de la sinapsis humana para descubrir cómo ocurre el aprendizaje y por consiguiente desarrollar estrategias para la mejora del mismo: medios para mantener sano los cerebros adultos por más años; químicos para la mejora cerebral.
Este rápido crecimiento de neurotecnologías plantea muchas preocupaciones éticas y sociales, y un gran desafío para nuestra capacidad de comprensión de lo que significa ser humano, o en otras palabras, nuestra idea de “naturaleza humana”.
Una reciente conferencia internacional de científicos, tecnólogos y filósofos en Berlín, debatió sobre los desafíos que supone la evolución previsible del cerebro a partir de las aplicaciones tecnológicas que pueden mejorar nuestras capacidades cognitivas.
Más allá de los acuerdos o desacuerdos sobre los futuros desarrollo y de que otros expertos afirman que el cerebro humano evolucionará con o sin tecnología, y que el control de sus capacidades futuras no está bajo nuestro control. Es claro que para muchos otros la probabilidad de mejorar nuestra capacidad cognitiva no sólo es posible sino que es inevitable.
Ello nos obliga a reflexionar tanto sobre el extraordinario potencial que se abre a la humanidad, como también con respecto a los peligros que entraña: la posibilidad de que un segmento de la población mundial pueda acceder a estas mejoras cerebrales artificiales y otros no, podría dar lugar, no ya a una nueva brecha entre ricos y pobres, o entre desarrollados y subdesarrollados, sino verdaderamente a dos especies humanas distintas; o a que el cerebro se constituya en el campo de batalla del futuro como señala un reciente informe de la Defense Intelligence Agency de los Estados Unidos.
La reflexión sobre la condición humana es una exigencia de todos los tiempos, pero paradojalmente es más urgente en relación con el futuro, y es una tarea que por su trascendencia no debería quedar reservada a los escasos expertos y especialistas en ética, sino que debiera constituir el eje de un debate abierto a toda la comunidad y esencialmente a nuestra dirigencia política y social.