Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:54 hs
domingo, 31 de mayo de 2009
A fines de los sesenta, Mendoza era un horno de experiencias ocultistas. La cordillera ofrece un entorno inspirador y siempre le rondaron platillos. Allí convocaba a los hermanos del espacio Perla Perviú. Conocida como La Capitana, Madre Isis o Madre Magnética, Perla proclamó que el centro energético del Himalaya se habá mudado a los Andes. Profetas de perfil intelectual no sobraban. Por eso, y por su carisma, se destacó Mario Rodríguez Cobos, alias “Silo”.
Pregonaba una “revolución interior” que iban a liderar los jóvenes , entre otras irreverencias que erizaban los pelos de una sociedad intolerante con la heterodoxia. Basado en las lecturas del místico armenio Georges Gurdjieff y del filósofo freudo-marxista alemán Herbert Marcuse, Silo fundó los grupos Cronos, Religión Interior y Poder Joven.
La ufología no le era ajena: afirmaba creer en los ovnis pero, a la vez, aclaraba que creer en inteligencias procedentes de otras regiones del universo “no tiene que ver necesariamente con el fenómeno ovni”. E interpretaba: “Basta que (los ovnis) tengan validez psicológica para millones de personas para que constituyan un símbolo colectivo, una idea fuera de significativa importancia”.(...)
Cronos, fundado en 1963, irritaba al sistema. Los intereses sociales de la época soplaban a favor del siloísmo, único movimiento contracultural de raíz esotérica que comenzó a participar en política en ambientes tan distintos como la Argentina de Onganía o el Chile de Allende.
Fueran hippies, siloístas o pioneros del contacto extraterrestre, a fines de los ‘60s las inquietudes ecológicas eran parte del menú de varios grupos minoritarios. También se expresaron en la narrativa de los encuentros con humanoides, como en el caso de los empleados del casino, con un mensaje profético-pacifista que reflejaba las preocupaciones sociales del mundo. (Fragmento)