Dos clásicos

viernes, 29 de mayo de 2009

De chocolate

Fue inventado en los ‘60 y es el más clásico de los fondue. Su suave consistencia y la tentadora sensación que genera el cubrir todo con chocolate tibio lo transforman en uno de los platos afrodisíacos por excelencia.

Para prepararlo hay que derretir chocolate, con un poco de manteca y unas cucharadas de crema de leche.

Esta preparación tibia puede combinarse con frutas estacionales cortadas en pequeños trozos; o con algún queso estacionado. Por supuesto, que un fresco vino espumante es el broche de oro de la receta.

De queso

Este tipo de fondue es, sin lugar a dudas, una exquisita manera de agasajar a invitados. Antes que nada, resulta ideal combinar los quesos Gruyere, Fontina y Emmental.

Cortarlos en pequeños trozos y reservar a temperatura ambiente. Por otro lado, calentar vino blanco seco y kirsch (destilado de guindas).
 
Cuando el líquido está caliente, introducir el queso y derretirlo revolviendo en forma de “8” (esencial para que salga bien).

Trocitos de pan casero o pan saborizado son el complemento ideal, aunque todo depende del gusto del comensal.

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