"Mi situación económica es muy delicada y tengo miedo de quedar en la calle. No por mí, sino por mis tres hijas, ellas son mi vida. Por eso me decidí a poner el aviso. Por eso estoy dispuesta a cambiar mi riñón por una casa", confiesa María Teresa, de San Justo.
Su aviso llegó a Internet, permaneció un tiempo y esta semana desapareció, como aparecen y se esfuman miles de ofertas similares de personas desesperadas, que se exponen a uno de los negocios más peligrosos del mundo: el tráfico de órganos.
En la Argentina, la donación en vida de un órgano para trasplante únicamente se permite si el donante y el receptor son parientes o sí, en una situación excepcional, la autoriza la Justicia. Para los demás casos está prohibida y hay penas de hasta seis años de prisión para médicos, enfermeros e intermediarios que intenten lucrar con estas situaciones.
Hasta ahora, no se detectó ningún caso de venta de órganos en toda la historia jurídica del país. Pero las ofertas existen, se multiplican, generan ilusiones en los necesitados y afilan los colmillos de los mercaderes.
Según la Organización Mundial de la Salud, 10 % de los trasplantes involucra a algún órgano proveniente del comercio ilegal. CC
Nuestro país condena esa práctica y toma recaudos, pero hay argentinos que viajan.
La entidad reúne unidades de 1924 al '58. Mañana, unos 50 de esos vehículos restaurados artesanalmente recorrerán el Parque.