Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:18 hs
Es el mendocino que más escucha el país. En las mañanas de Radio 10 batió todos los récords de audiencia, con más del 50% del share. Ésta es la primera nota que brinda a un medio de su provincia. Las razones.
domingo, 17 de mayo de 2009
El año pasado, cuando Susana Giménez decidió celebrar los veinte años con su programa asistiendo al mismo como invitada, el elegido para conducir la velada y entrevistar a la estrella televisiva fue el mendocino Oscar González Oro.
La noticia no sorprendió demasiado: además de ser amigo de Susana, el Negro Oro es uno de los tanques de los medios de comunicación de nuestro país. Verborrágico, polémico, entrador y gran entendedor de los ritmos radiales, el hombre logró, con su programa "El Oro y el Moro", arrasar en Buenos Aires con la mañana en el segmento de 9 a 13, es decir, el horario mejor cotizado de toda la franja radial.
En esta entrevista con Los Andes (la primera con un medio mendocino), Oscar González Oro, entre broncas y sonrisas, no se guarda nada y habla, igual que en su programa, de todo.
La infancia y sus comienzos
-¿A qué edad dejó Mendoza?
-Tenía once años. Mi padre trabajaba en el Banco de Mendoza y cuando abrieron la sucursal acá él se vino primero y después a los seis meses nos vinimos todos... Era muy chiquito, estaba en quinto grado, terminé sexto en Buenos Aires... Era de Ciudad, de la quinta sección, la calle Rufino Ortega...
-¿Qué recuerdos tiene de la infancia?
-Los mejores. Es más, yo me enojé mucho con mi viejo cuando nos sacó de Mendoza. Estuve como un mes sin hablarle, porque extrañaba... Estudiaba en el San Luis Gonzaga, tenía mis amigos, andaba en bicicleta por la calle y llegué a una ciudad que no conocía. En el fondo creo que me hizo daño el desarraigo, porque yo no quería...
Aparte, cuando nos vinimos a Buenos Aires, yo terminaba el colegio y al otro día estaba en Mendoza. Me quedaba los tres meses en Mendoza con mi abuela María Luisa y volvía un día antes de que empezaran las clases. Pasaba Navidad, año nuevo, reyes con ella. No quería estar en Buenos Aires...
Mis amigos estaban en Mendoza: el gordo Bambinito, mis compañeros de colegio... Y volví mucho hasta que murió mi abuela, que fue un personaje muy potente en mi vida y en la provincia..
-¿Cómo era su nombre completo?
-María Luisa Sandes, viuda de González Oro. Ella fundó cinco escuelas en la provincia, fue directora de las cinco... Una vieja muy fuerte que me marcó mucho. Era la época en que todos se casaban y se iban a vivir a la casa de la abuela paterna. Éramos un familión, me divertía mucho.
-Ya en Buenos Aires comenzó en radio aconsejado por Cacho Fontana, pero antes estudió teatro con Lito Cruz, ¿no?
-Sí, yo hice de todo y entre las cosas que hice estudié teatro con Lito, con Héctor Bidonde, estudié dirección de teatro con el gallego Augusto Fernández... Tengo una formación diversa: desde teatro a estudiar Derecho; después estudié Psicología...
-¿Terminó las carreras?
-Derecho sí, pero nunca me decidí... no di las tres materias finales, porque no tenía ganas de ser abogado. Empecé en la radio... Mi familia tenía empresas y una de ellas era una agencia de viajes muy grande, una casa de cambio, y yo atendía a Cacho Fontana como cliente de la casa.
Y a Cacho, que para mí era una especie de semi-dios en ese momento, le gustó mucho mi voz y me decía: 'Vos tenés que estudiar locución, tenés que hacer radio, porque tenés una voz magnífica', y me quedó la idea dando vueltas en la cabeza...
-¿En qué año fue eso?
-Eso no me acuerdo, en el setenta y pico... Más adelante, en el '89, estaba de vacaciones en Pinamar y alguien me ofreció hacer radio. Hace veinte años exactamente, en junio se cumplen veinte años... Y así empecé... Al principio dije que no, no tenía ganas. Al segundo día también, y al tercer día que me ofrecieron fui a ver la radio y me encantó...
-¿Qué radio era?
-FM Playa Verde, en Pinamar... Y me quedé. Hice cuatro años de radio en Pinamar, pero no en verano; en todo el año, y fue tal la conmoción que causó -porque era una radio muy potente, barría toda la costa, teníamos un nivel de audiencia enorme- que Clarín mandó un periodista para saber quién era este tipo que había aparecido en los medios. Para competir conmigo empiezan a ir a la costa Juan Alberto Badía, Mario Pergolini, Rolando Hanglin, todos para competir conmigo y no podían, porque yo era el local...
-Luego llega a Capital...
-Claro, ahí me contrata AM Del Plata, donde hice todos los horarios habidos y por haber: la madrugada, la noche, la mañana, la tarde, todo. Hice seis años ahí. Daniel (Hadad), que me escuchaba, monta esta radio (Radio 10, su emisora actual) y ahí me llama...
Al primer año dije que no, al segundo creo que también y la tercera vez que me propone dije que sí, para hacer la mañana; desde entonces estoy acá. Tengo cuatro años en la costa, seis en Del Plata y diez acá, veinte años redondos...
Críticas cuyanas
-¿Reconoce en sí mismo aspectos de su "mendocinidad"?
-Sí, claro que sí. Yo creo que estoy más orgulloso de ser mendocino que Mendoza de que yo sea mendocino. A mí Mendoza nunca me trató bien en mi carrera. Jamás. Las críticas más feroces y más injustas las recibí de algunos diarios mendocinos, incluso de éste...
-¿En qué ocasiones?
-Cuando hacía "Posdata" con Marcela Tinayre, o cuando hacíamos "Cotidiano" por Canal 9 (de Buenos Aires)... En "Posdata" impusimos un horario y en un artículo en un diario me pegaron muy duramente. Es decir, nadie es profeta en su tierra y yo no soy profeta en Mendoza. Es la primera vez en mi vida que un diario mendocino como Los Andes -que lo leo desde que nací, porque mi abuela creo que era hasta amiga de la señora Calle- me hace una nota.
Me han hecho notas de todos los diarios de Buenos Aires, todas las revistas, me piden por favor la revista Gente o Caras o Noticias, notas que no doy habitualmente... Llevo veinte años de radio, once años siendo el líder de la radiofonía Argentina y me parece que tardaron once años en darse cuenta de que existo y soy mendocino.
Cuando pasa lo que pasa con Cobos, le dije al aire: 'En definitiva, me molesta que haya hecho lo que hizo porque hasta ahora yo era el mendocino más famoso y ahora es usted'. Como un chiste se lo hice, pero yo era el mendocino más famoso de Argentina. Porque todo el mundo sabe que yo soy mendocino, nunca lo escondí ni lo negué, al contrario.
Yo estoy muy orgulloso de mis raíces mendocinas; somos cuyanos de siete generaciones: Domingo de Oro, maestro de Sarmiento, está en la línea de mi familia. Yo soy más cuyano que muchos gobernadores, por ejemplo. Y siempre estuve muy orgulloso, siempre... Ahora no estoy yendo porque no tengo demasiado tiempo, pero adoro ir a Mendoza... Y me parece que no fue justa Mendoza conmigo...
-Bueno, con respecto a lo de las notas, es muy difícil ubicarlo para hacer una; no suele dar muchas... Ahora esta nota es por las dos razones por las cuales se lo suele buscar: una es su gran popularidad. ¿Cuántos oyentes tiene el programa?
-En Capital y Buenos Aires son un millón; en el resto del país no se sabe porque nos bajan FMs de todo el país. Aparte por Internet también nos escuchan; llegamos por aire a muchos lugares... Pero sólo en Capital Federal y Gran Buenos Aires son un millón.
-La otra razón es algo que también comparte con Cobos y es que usted, además de ser el mendocino más popular, es uno de los más polémicos también... Usted mismo se declaró como de la "derecha simpática", e incluso en ocasiones se lo ha tildado de fascista...
-Sí, pero al final la historia de estos once años en Radio 10 nos están dando la razón. Todo el mundo está pidiendo ahora lo que nosotros pedíamos hace diez años. Que haya un código penal juvenil y que los jóvenes delincuentes tengan un proceso, como tiene que tener cualquier ser humano, pero que sean condenables porque, si no, tenemos los problemas de hoy.
Si nos hubieran dado pelota hace seis años, cuando nosotros pedíamos que se juzgara a un menor, esto no nos hubiera pasado. Yo no sé qué es ser 'facho'... Yo siempre apuesto a la ley, yo estudié derecho y a mí me enseñaron que la ley es para aplicarla.
-¿Cómo tomó los comentarios acerca de la pena de muerte...
-Yo no estoy de acuerdo con la pena de muerte...
-Me refiero, puntualmente, a cómo tomó usted, como amigo de Susana Giménez, ese momento en que ella salió -muy dolida, y con razón de estarlo- despuésdel asesinato de su amigo...
-Bueno, pero por lo que dijo Susana la presidenta tuvo que salir a hablar de la inseguridad...
Entonces el país tendría que agradecer a Susana, agradecerle que haya puesto el tema en el escritorio, porque al otro día tuvo que salir la presidenta de la República, que no hablaba del tema, a hablar del tema... Todo porque Susana Giménez, desde el dolor, dijo lo que dijo... Y está bien que lo diga...
-Por otro lado, usted conoce a la presidenta, ¿no?
-No; le hice dos notas en mi vida.
-Bueno, la llamaba para el cumpleaños...
-La llamé para el cumpleaños, sí, le dije a mi secretario que la quería saludar al aire porque es la presidenta, obviamente, y sirvió, y me atendió. Pero yo no la veo, no como con ella. Le hice una nota en campaña, una nota después y una para el cumpleaños. Tres notas en lo que lleva de su mandato. Y a Néstor le hice dos notas también, en su despacho, pero no soy del círculo de amigos ni cosa por el estilo.
El premio negado
-Retomando lo de la popularidad, ahora está nuevamente nominado al Martín Fierro a 'Mejor labor masculina' y 'Mejor programa de interés general'...
-Tengo diecisiete nominaciones en total y nunca me lo dieron...
-¿Por qué?
-Por este prejuicio que vos decís, que soy facho y demás... Pero tampoco me interesa. Es más, nunca fui ni voy a ir a ninguna ceremonia del Martín Fierro. No quiero ser cómplice de un negocio, porque lo veo como un negocio. Y si hay que hacer lobby, yo no hago lobby: a mí si me lo dan es porque tienen ganas de dármelo. Ahora, si yo tengo que ir a comer con Aptra o con sus dirigentes a que me den un premio, no lo voy a recibir jamás.
Es más, con Rial decimos que es un premio mufa, porque hay tipos que tienen muchos Martín Fierro y no tienen trabajo. Yo siempre tuve laburo y me va muy bien y es fantástico lo que nos pasa con la radio sin ningún Martín Fierro. Ya se puso como de moda que yo esté nominado y que nunca me lo den. Está bárbaro, y no me causa dolor ni nada. En la noche del Martín Fierro yo normalmente me voy con mi hijo Agustín y con amigos a comer por ahí y listo, es una noche más...
-Bueno, fue fuerte lo de 2005, cuando usted en su programa había hecho esos comentarios acerca de supuestas costumbres de algunas madres en Bolivia y se hicieron manifestaciones durante la ceremonia de entrega en la puerta del teatro (había comentado que campesinas bolivianas 'desde su ignorancia' se provocan 'abortos de manera natural' y que en un río de La Paz se pueden ver 'nadar los cadáveres de los chiquitos', agregando después, como citando a una mujer, 'Si lo puedo tener lo puedo tener, si no, lo tiro al río como a los gatos')...
-Sí, por supuesto, había una manifestación en contra mía, pero la Justicia me sobreseyó: eso no lo publicó nadie, yo tampoco lo dije al aire, es la primera vez que lo digo: en primera instancia y en la cámara de apelaciones fui sobreseído, porque no hubo discriminación. Yo conté, quizás mal, lo que había oído en Bolivia, porque yo tenía casa en La Paz. Di laburo a mucha gente, tengo amigos bolivianos...
Quizá lo dije mal, es probable, pero fui sobreseído porque no hubo mala fe ni discriminación ni nada...
-De todas maneras pidió disculpas al aire, ¿no?
-Yo pedí disculpas, sí, claro.
-¿Tiene pensado viajar a Mendoza próximamente?
-Yo a Mendoza la adoro. Me gusta horrores ir a Mendoza, me gustan la comida, el clima, la cordillera. Cuando era chico yo salía para el colegio, miraba a la izquierda y estaba la montaña.
A mí eso me contenía. Iba de picnic al parque con mis primos, mis tías abuelas. Acá en la ciudad no veía nada, no conocía a nadie. Entonces agarraba un mapa de Buenos Aires, me tomaba un colectivo a un lugar cualquiera y lo caminaba. Yo conocí Buenos Aires caminando. Lo caminaba para terminar siendo conocido, me propuse ser conocido, por eso caminaba, para que la gente me viera... Y bueno... Al final, mal no me fue. Por Claudio Pombinho - Especial para Estilo, desde Buenos Aires