Advertencia: esta crónica contiene pasajes de profundo contenido emocional que pueden herir a personalidades sensibles, y no sensibles también. Además, se aconseja leer todo con una birome y un papel al lado: el personaje principal es uno, pero hay demasiados actores secundarios en esta película de terror.
Es la historia de Armando Lucero (65), el hombre que está acusado de violar sistemáticamente a su hija de 35 durante más de veinte años. Fruto de esas relaciones nacieron siete hijos. El sujeto, hoy preso en una celda de Contraventores, atesora una génesis que incluye al menos intentos de abusos con otros hijos de su otra relación (su primer y único matrimonio); el odio visceral de esa primera familia y el silencio de la actual.
Lucero tiene 22 hijos: ocho con su esposa oficial, seis con su concubina y siete con una de las hijas que tuvo con su concubina.
El caso no debe registrar precedentes ni por asomo, al menos en la historia de la provincia.
Quién es Armando Lucero
El hombre viene de una familia prolífica: sus padres tuvieron trece hijos; uno de ellos fue él. Tuvo doce hermanos, todos nacidos en Mendoza. A la edad de 22 años y en una de las pocas veces que trabajó (fue colectivero), contrajo nupcias con una chica de 13 cuyo nombre de ficción será Andrea. La pasión por los hijos hizo que el matrimonio tuviera ocho niños en menos de diez años.
A la edad de 23, Andrea era una madre con mucha experiencia. "Pero cuando los nenes comenzaron a ser grandes, él empezó a acercarse a ellos de un modo que no me gustaba. No me gustaba cómo los tocaba. Además era demasiado violento conmigo", contaba ayer Andrea a Los Andes.
Por aquellos años, a mediados de la década de los '60, Armando Lucero trabajaba en el hotel Plaza, "pero dejó su trabajo y me lo dio a mí, creo que era para estar más tiempo con los chicos. Entonces lo eché de casa. Se fue y me quedé con los ocho nenes, sola. Siempre tuve la sensación de que abusó de algunos de ellos pero no lo pude comprobar. Le perdí el rastro hasta que apareció uno de los hijos que tuvo con quien era su nueva pareja, de eso no hace mucho", sigue Andrea.
Sólo que mientras todo eso sucedía, Lucero había conocido a otra mujer, a la que se identificará como Laura en calidad de nombre de fantasía. Laura, que hoy tiene 56 años, se desempeña como oficial de Justicia en el Poder Judicial. Con ella Lucero tuvo seis hijos. Muchos de ellos nacían alternadamente con los que tenía a su vez con Andrea, su esposa oficial.
Doble vida
Cierta vez, cansada de la doble vida, Andrea -dice- lo echó definitivamente de su vida y Lucero se fue a convivir definitivamente con la oficial de justicia y los seis chicos que había tenido con ésta. De esos pequeños, una chica llamada ficticiamente Paola, era su debilidad. Y comenzó a violarla a la edad de nueve años.
Según los registros, esta pareja con los niños vivió en los barrios Las Tablitas y Huarpes I de Godoy Cruz, en una casa de Dorrego, Maipú. Las continuas mudanzas tenían que ver con que los vecinos se daban cuenta de que algo no andaba bien en esa familia.
En todas las casas mencionadas, Paola, la “preferida por su padre” fue violada por Armando. Pero a la edad de 15 la chica quedó embarazada y tuvo un varón; luego una nena, y después cinco más (hace dos años tuvo su último parto), todos fruto de las relaciones con su padre.
Su madre, la trabajadora del Poder Judicial a quien en esta crónica se apodó Laura, estaría al tanto de todo lo que sucedía: que su pareja violaba una y otra vez a su hija y que los niños se sucedían con un promedio de dos años y medio. La mujer, a todas luces está claro, nunca denunció los hechos. Y es oficial de justicia.
Los últimos años
Hace poco más de un año, Lucero, su pareja, la hija de ambos y los siete hijos que la chica tuvo con su padre se fueron a vivir a una casa de calle Patricias Mendocinas de la Cuarta Sección. Esa casa era propiedad de la madre de la pareja de Lucero: una anciana de 84 años que vivía allí, en esa vivienda donde Lucero era amo, señor y dueño de todos.
"Su vida consistía en ver televisión todo el día; además tenía como costumbre dormir en un colchón, solo, en la cocina. Se cree que en ese sitio se consumaron las últimas violaciones. A los siete hijos que tuvo con mi hermana los hicieron pasar como de 'padre desconocido'. Es decir que mi hermana Paola salía de las clínicas como madre soltera", explica uno de los hermanos de Paola, que tiene 37 años y vive en Mendoza.
Otras hijas de Lucero viven en España y Buenos Aires, "y también sufrieron vejaciones de parte de él, sólo que ellas pudieron escapar", sigue el hombre.
Según algunos hijos ya grandes de Lucero, ellos hicieron muchas denuncias anónimas por los vejámenes, tanto en comisarías como en sedes judiciales. "En todos los casos, cuando a la víctima (Paola, madre de siete chicos) la llamaban a declarar, ella negaba todo. Y como las violaciones se consumaban entre las paredes de una casa, no nos creían".
Los familiares aseguran haber denunciado a Lucero en más de 20 ocasiones desde 1990 a la fecha.
Impune, el ahora acusado sólo salía de casa para ir a buscar a la escuela a los hijos que había tenido con su hija Paola. Paola, nunca salía de casa sola: él no la dejaba. "La tenía psicológicamente dominada. Ella en verdad es como una chica de doce años, por más que tenga 35", siguen los familiares.
El fin
Hace dos meses, y a través de tres periodistas locales, uno de los hijos de Lucero que quería que todo saliera a la luz se acercó a la Legislatura y habló con los legisladores Ricardo Puga y Alejandra Naman. Ellos sabían todo pero esperaban el momento justo para que la denuncia no cayera, como las otras, en saco roto.
Todo esto hasta el viernes a la tarde; cuando Paola vio que su padre intentaba abusar de su hija de 16 años. Allí fue e hizo la denuncia acompañada por su madre, la oficial de justicia. A las horas, Lucero caía detenido y acusado de las violaciones.
Es la noche del viernes, y por orden de la Justicia de Familia, Paola y sus siete hijos dejaban la casa de calle Patricias Mendocinas. La posibilidad de empezar una nueva vida se abre para ella, tras muchísimos años de sometimiento y de silencio de su mamá.
Anoche, su padre, el increíble protagonista de esta triste historia, encerrado en una celda de Contraventores, comía milanesas, pero no tenía televisión para ver. Mañana, será enviado a prisión.