"Mi único heredero es el pueblo"

La muerte de Alfonsín tuvo significados políticos, pero no partidarios. Sirvió para recuperar valores públicos perdidos, pero no para designar ganadores o perdedores electorales.

martes, 07 de abril de 2009

Carlos S. La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

"En muchas partes, los hombres de nuestro propio movimiento... tienen la grave falla de sus enfrentamientos, ocasionados unas veces por bastardos intereses personales y otras por sectarismos incomprensibles. A todo ello se suma la fiebre de la sucesión, de los que no comprenden que el único sucesor de Perón será el pueblo argentino que, en último análisis, será quien deba decidir".

Juan Domingo Perón. 12-06-1974


Veinte días antes de su muerte, el entonces presidente Perón decidió cerrar el tema de su sucesión declarando único heredero de su legado a todos los argentinos. Su habilidad política le hizo suponer los riesgos de permitir que alguien hablara en su nombre cuando él no estuviera.

Raúl Alfonsín no hizo lo mismo, porque no era presidente en ejercicio y porque podía intuir el afecto recuperado hacia su persona por parte del pueblo argentino, pero era difícil imaginar (para él y para todos) los efectos políticos de su adiós.

La muerte del líder radical fue un momento espectacular en el cual el pueblo argentino hizo una reflexión política colectiva donde revalidó los orígenes de nuestra democracia poniendo en cuestión su evolución posterior. Fue un reclamo, no de volver al pasado sino para recuperar algunas banderas perdidas. Pero hay que evitar creer que ese reclamo pueda definirse maniqueamente, sin matices, a favor o en contra del gobierno.

Por eso se equivocará profundamente quien busque lucrar con un legado que -como el de Perón- es del todo colectivo. Es precisamente su inesperada magnitud popular lo que le otorga la trascendencia histórica suficiente para que sea imposible enmarcarlo en el triunfo de un sector contra otro.

Sí es cierto que su legado nos trajo a la memoria la necesidad de validar la honestidad personal y la adhesión a los principios como valores políticos esenciales.Vale decir, rechazo a la corrupción y al oportunismo. También nos habla de la necesidad de una tolerancia democrática que nos saque de la lógica amigo-enemigo en la lucha política. Yun respeto mucho mayor por las instituciones, incluso para mejorar a largo plazo nuestra calidad de vida. Vale decir, reafirmación de la tolerancia y de la República.

En una primera mirada, todos estos rechazos y reafirmaciones podrían ser dirigidos contra el gobierno nacional, pero la realidad es que la corrupción, el oportunismo, la intolerancia y el desprecio institucional son vicios políticos que se han naturalizado de modo alarmante en nuestra vida pública, mucho más allá de un partido o un gobierno particulares.

Lo que quizá haya que reprocharle al gobierno de los Kirchner es que algunos de esos defectos políticos no los combatió y otros incluso los estimula o utiliza para su construcción política. En ese sentido, la muerte de Alfonsín juega en contra de los K al avisarles que el clima político actual de la sociedad les pide una serie de cambios que ellos se niegan a hacer.

Pero mal haría la oposición, sobre todo la radical, en esperar de Alfonsín lo que ellos no han podido lograr por sí mismos.

El legado de Alfonsín no podrá reconstituir un partido que está en crisis también por responsabilidades del ex-presidente fallecido, aún cuando éste haya puesto lo mejor de sí para mantenerlo en pie en los días más dramáticos. Cuestión ambigua porque si por un lado su protagonismo extremo (incluso hasta sus últimos días) quizá impidió la extinción de la UCR, por otro lado jugó fuerte en impedir que nuevas camadas reemplazaran su liderazgo y lo pudieran renovar. Crítica en su momento compartida por toda la generación política radical que gobernó Mendoza desde 1999 a 2007, que fue de todo menos alfonsinista.

Por eso, los radicales, más que apoyarse en Alfonsín deberían demostrar de aquí en más que son capaces de conducir por sí solos un partido que mientras vivió Alfonsín no supieron reemplazar su liderazgo y que ahora no les queda otro remedio que hacerlo.

Pero tal renovación no la lograrán transformando en virtudes -por estar de moda- las mismas cosas que hasta hace muy poco consideraban defectos en Alfonsín. Ese oportunismo será de patas cortas.

Por ende, creer que hoy la sigla UCR se cotiza más en el mercado electoral porque Alfonsín fue despedido por el pueblo como el gran hombre político de la democracia que efectivamente fue, puede llevar a ese partido a seguir cometiendo los mismos errores, o peor.

O creer que alguna persona por portar el apellido del muerto ilustre hoy es políticamente más importante que hace una semana, sería otra gran estupidez.

Incluso, suponer que porque Alfonsín le haya pedido a JulioCobos que vuelva al radicalismo, eso implica alguna valoración especial hacia su persona (algo así como la portación de un legado póstumo), sería no comprender a un político que estaba dispuesto a lo que sea para que ningún radical se fuera de la UCR y para que la democracia de partidos sobreviviera, aún con demasiados defectos.

Defectos con los que a veces Alfonsín fue tolerante en exceso porque él -que vivió otras épocas más duras del país- siempre temió por la fragilidad de aquel sistema que contribuyó de manera sustancial a gestar.Actitud que las nuevas generaciones seguramente no comparten con Alfonsín, porque para ellos la democracia es connatural.

En síntesis, a la memoria de Alfonsín hay que dejarla que se diluya con el pueblo, que sólo a él pertenece, como la de Perón.

Los políticos deberían tomar lo mejor de su legado para mejorarse, en vez de querer usar la memoria del muerto para sacar ventajas sin mejorar sus conductas. También deberían superar los errores cometidos por el ex-presidente.

Sería una cretinada que los que durante los últimos años no cesaron de despotricar contraAlfonsín -como el 99% de los radicales mendocinos- ahora devengan alfonsinistas; la gente no es tonta.

Alfonsín no participará en las próximas elecciones, ya que hoy por hoy su espíritu debe estar bien atareado en cosas más trascendentes como para dedicarse a postular aspirantes a cargos electivos.

Que para eso están las internas.

Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados