Ceremonia. Monseñor José María Arancibia ofició la misa de Pascua en la iglesia Catedral. José Gutiérrez / Los Andes
Con referencias a la inseguridad que se vive y a la necesidad de rescatar el verdadero papel de la política, el arzobispo de Mendoza, monseñor José María Arancibia, celebró ayer la Misa de Resurrección. El oficio se realizó en la iglesia catedral, que lució llena pero no colmada de fieles.
Mientras el pastor de la grey mendocina celebraba en la catedral, todos los otros sacerdotes de la Diócesis de Mendoza lo hacían en las diferentes parroquias provinciales.
Una de las ceremonias que caló hondo en la sensibilidad de los asistentes fue la ofrecida en la “cuasi” parroquia del barrio La Gloria, cuyo titular, Rubén Laporte, perdió hace una semana a su hermano Tomás, en uno de los tantos episodios de inseguridad que vivió el Gran Mendoza.
Al oficio en la iglesia Nuestra Señora de Loreto no concurrieron autoridades provinciales de ningún escalafón.
El arzobispo, quien el sábado cumplió 72 años, ingresó en procesión al templo, seguido por los seminaristas que lo asistieron en el oficio y el diácono permanente Pedro Raúl Vatri. Vestía acorde con la solemnidad de la fecha; casulla, mitra, estola y sostenía en su mano derecha el báculo de los obispos.
A un costado del altar, diez integrantes del coro de la iglesia, algunos con guitarras, animaron la ceremonia con canciones litúrgicas.
Aunque en todos estos días tuvo expresiones frente a los periodistas que lo consultaron en actos públicos, Arancibia se pronunció en forma oficial en esta Pascua a través de dos documentos escritos: “Decir sí a la Vida” y “Vigilia Pascual 2009”.
La homilía de la víspera en Loreto, que duró 15 minutos, no fue leída por el arzobispo sino que improvisó los conceptos.
En esa intervención en el púlpito, básicamente pastoral y de interpretación de la fecha cristiana que se celebraba ayer, el prelado sostuvo que “la inseguridad es una situación difícil de este momento, que merece una preocupación intensa de la gente y debe exigir una tarea intensa por parte de las autoridades”.
“A nosotros -añadió- nos toca trabajar en positivo, porque si todos nos agobiamos con los problemas y nadie tiene coraje y raciocinio para enfrentar las soluciones, estaremos peor. Por eso se nos ocurrió hacer el mensaje “Sí a la vida”, pensando que cuanto más queremos la propia vida y la ajena, menos vamos a tentar desde un insulto hasta la muerte del otro”.
Confió, en que “la Pascua otorgue una oportunidad de vivir una existencia nueva, con una riqueza interior más intensa”.
Al terminar el servicio religioso, el obispo salió a la puerta a saludar a los fieles, y allí amplió sus comentarios. Consultado sobre el papel de la política y los políticos, apuntó que “se les exige una dedicación muy honesta, ingeniosa e inteligente, pero a juzgar por la crítica de la misma gente y de los medios, eso es lo que falta conseguir”.
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