Cámaras de mentira para ahuyentar a ladrones de verdad

A las cámaras de seguridad truchas las venden para amedrentar a los delincuentes. La "moda" fue importada desde EEUU y España. Una falsa vale, promedio, 50 pesos, mientras que una verdadera cuesta 140 dólares. Opina un especialista.

Edición Impresa: domingo, 12 de abril de 2009
Cámaras de mentira para ahuyentar a ladrones de verdad

Tres de los modelos que se ofrecen por Internet. Valen el 10 por ciento de las de verdad. Algunos las consideran sólo útiles para el caso de intercalar cámaras truchas con verdaderas.

Rolando López - rlopez@losandes.com.ar

Si alguien no tiene o no desea gastar el dinero suficiente como para instalar una cámara de video en su propiedad, hoy existe una posibilidad más económica, más mentirosa, más extraña y más arriesgada para hacerle frente al gran flagelo de la inseguridad: comprar una cámara falsa para que los ladrones la vean y "de ese modo descarten su idea de robar", según promocionan las empresas que las ofrecen básicamente por Internet.

La idea de esta económica modalidad comercial tiene su génesis creativa en la noción histórica del espantapájaros: aquel muñeco que se asemejaba a un hombre que tenía como finalidad que las aves no se deglutieran la cosecha: acá, el espantapájaros es la cámara trucha y los predadores, los ladrones.

Desde Capital Federal al menos tres firmas de ventas por Internet ofrecen sus productos vía mail. Una de ellas se presenta desde un correo electrónico con un modelo que simula ser una sofisticada cámara de video e invita a los compradores a hacerle frente a la inseguridad con un costo mucho menor al de las verdaderas cámaras.

Desde el correo electrónico maityespiral@gmail.com la cámaras es promocionada con este texto: "Características : 1- Se alimenta con tres pilas AA. 2- Sensor de movimiento. 3- Al detectar movimiento se enciende un lead rojo y comienza a moverse de izquierda a derecha.

Luego se activa una locución intimidatoria de advertencia. 4- Muy fácil de instalar. 5-Réplica real de las verdaderas. 6- Ideal para evitar robos y posibles asaltos".

El precio de esta cámara falsa es de 75 pesos, aunque hay que sumarle, en calidad de gastos de envío, 10 pesos más si se vive en Capital Federal, 20, si se es del Gran Buenos Aires y 30 si el pedido se hace desde el interior. "La entrega a domicilio es para todo el país", entusiasman a los posibles compradores a través del correo electrónico.

Este envío por mail viene con varias fotos color en las que se puede apreciar el artefacto acompañado por su caja, en la que, en inglés, se lee la advertencia "this is not a real working camera" ("esta no es una verdadera cámara trabajando").

"No somos especialistas"

La Distribuidora Akasha, especialista de ventas on line, presenta tres tipos de artefactos, igualmente falsos, que ofrecen en la Red mediante la página www.distibuidoraakacha.com.ar.

La que sería la cámara trucha más sofisticada es presentada en la página con fotos color y, a decir verdad, tiene un aspecto tan real que sólo los muy especialistas advertirían que no lo es.

"Nosotros somos una empresa de venta on line, sólo trabajamos con tres modelos de cámaras de seguridad que no necesitan instalador. Pero hay que aclarar que no somos especialistas en seguridad. Y no nos dedicamos exclusivamente a ese tipo de productos", dijo a Los Andes Sonia Urrutia, jefa de Relaciones Institucionales de la Distribuidora Akasha.

Para promocionar uno de sus aparatos los creativos de la firma ingeniaron este texto:

"(es) La única que verdaderamente aparenta ser una cámara de seguridad actual. Luz led roja intermitente de activación. Se activa por movimiento y cambios de nivel lumínico. Diseño domo, gran calidad de materiales y terminación. Indistinguible de una real. No necesita cableado, funciona durante meses con dos pilas AA. Su reducido costo permite tener varias cámaras estratégicamente ubicadas en su casa, comercio, oficina, fábrica, depósito, etc. simulando o complementando un sistema de vigilancia real".

Baratísima

La firma ofrece su cámara de seguridad falsa con led intermitente y sensor por 45 pesos, aunque al combo de tres se puede acceder con 110 pesos. Akasha, al igual que sus colegas, sube el precio entre 10 y 30 por el traslado del producto.

Según los vendedores, este fenómeno es importado desde Estados Unidos, donde las ventas se mantienen en alto desde hace más de veinte años bajo el lema "sonría, lo estamos cuidando".

"Estudios realizados en EEUU demuestran que los sistemas disuasivos son tan o más efectivos que los activos, evitando robos y asaltos en viviendas, comercios, fábricas y oficinas", aseguraron desde la empresa.

A modo de los archiconocidos spots televisivos conocidos como los "¡llame ya!", en la página web de Akasha seducen a sus compradores con estas palabras: "Sólo usted sabrá que las cámaras que rastrean día y noche su casa o negocio, destellando su led rojo intermitente, no están realmente conectadas a un avanzado sistema de vigilancia".

Luego advierte en un apartado, catalogado de "importante": "Estas cámaras, como todas las ofrecidas en el mercado, reaccionan ante cambios de iluminación gracias a su célula fotosensible. La oferta no incluye baterías", concluye.

Las verdaderas

Los vendedores de cámaras verdaderas observan impávidos el fenómeno, aunque les causa poca gracia.

"Sin duda que el precio de una cámara trucha es mucho menor que el de una cámara real. Ya sea de baja calidad y prestaciones o de alta definición y mayor precio, la gama es muy amplia, según el uso, el precio y el lugar donde se necesita colocar el dispositivo de observación", explica un vendedor de la empresa Westronic.

En esas casas, las cámaras más baratas -hoy casi en desuso-, "son las compactas de blanco y negro, siguiendo las de color, que pueden ser en miniatura para ocultar en llaves de luz o en relojes, por ejemplo. Las cámaras más sofisticadas o profesionales son más grandes y tienen lentes intercambiables para cada necesidad, soporte y fuente de alimentación", siguió la misma fuente consultada

Los precios varían con la calidad. Por ejemplo un mini-domo ronda los 115 dólares y una cámara con lentes intercambiables, 132 dólares.

Tal es la diferencia en dinero entre "ser" y "parecer".

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