Lunes 6 de septiembre de 2010 | 04:26 hs
De todos los atributos de lo queer, sin dudas el que más ha impactado es su voracidad creativa. La ‘Vendimia para todos’, el sábado, dejó claro eso: mucho glam, excelente vestuario, coreos excitantes y poderosas drag queens. Allí, en el auditorio Ángel Bustelo, 5 mil personas coronaron a la nueva soberana gay.
lunes, 09 de marzo de 2009
Guiada por la ambición de fusionar la mitología clásica con lo fashion, puesta sorprendente y formato music hall, “Vendimia para todos” fue la clase de show capaz de dejar feliz al DJ, al diseñador y al amante del dance. Así, herederos de esa celebración que allá por el ’95 creara Tito Bustos, los hermanos Gabriel y Fernando Canci produjeron esta vez un opus dos que, en su versión dionisíaca, volvió a generar diversión en serie.
Paso a paso
La voz de un dios en off inició, a eso de las 2 de la mañana, un relato desplegado sobre un escenario móvil y múltiples pantallas. Supo asomarse, el guión, al paisaje helénico de las ninfas, al poder del antiguo Egipto -fue la Turca Cleopatra-, a la disparatada y sensual corte europea, travestida con visos de commedia dell’arte.
Hubo tango con swing (vía Bajofondo), malambo mixturado con hits, hasta el estallido conmovedor de la visión de una Evita de fábula, que fue subiendo en su balcón eléctrico, entonó la clásica “No llores por mí Argentina...”.
Discoteca y velocidad, claro, le imprimieron los instantes drags: cuando Niky Harris, Queen Kartagena y Maverick, rodeadas de bailarines híper ágiles, liberaron la tríada indestructible de Gloria Gainor - Abba - Madonna.
¿Lo mejor? Bueno: hay que hablar del vestuario que María Spina, Raúl Saldeña y Adriana Canizzo pensaron para la fiesta y que le dio ese plus de aleteo, brillo y ficción a la noche. Hay que hablar de Maverick: primero encorsetada, reina del miriñaque y luego Madonna guarra, bajando desde un aro suspendido al ritmo de “Like a prayer”.
Y de la danza del bufón en zapatillas de puntas -lástima que ahí justo se cortó el show, cosas de las máquinas, que a los cinco minutos retomaron- y de las arañas encendidas en todo el Bustelo. Ah! Y de ese malambo perfecto, efectuado por un DJ, y zapateado por bellos mestizos en slip.
Entre tanto, un Dionisio más anarcisado que bestial trazaba con su cuerpo de mancebo el leit motiv de la obra. Él (actor, bailarín y cantante) no se privó de nada: ni de versionar a Freddy Mercury en español.
Resumamos: con voraces ganas de probar distintas técnicas, Brenda Prado llevó adelante esa puesta general. Pensado por el propio Canci, el show pasó de la varieté sofisticada al desfile coreográfico y hasta el clip, viajando de la antigüedad al hoy y acumulando en el camino tal cantidad de personajes que todo resumen sería injusto.
De hecho, el propio Gabriel Canci fue un personaje más, y no precisamente de los más episódicos, cantando en playback el tema “Hasta mi final”, con el encanto de soundtrack de Disney.
Jugada a la proliferación y el exceso, no hay duda de que la fiesta apunta cada año a más.
Mucho medios la cubrieron, muchas camaritas la bloguearon, muchos turistas la conocieron.
Flor de pretensión, en verdad. Y tan auténtica que se contagió al espectador, a los cinco mil espectadores, con una energía y voluntad de festejo que, ahora sí, no pueden definirse de otro modo que no sea apelando a la palabra ‘flash’.
Las elegidas
Quedó claro que Broadway funcionó como referente de entrada, con esa secuencia de créditos de diseño, llena de estridentes colores pop y música ídem, pelucas y acrobacias. Entre esos rushes, pues, se alistaron las candidatas.
Aunque todavía faltaba el postre musical: la intervención en vivo de Ale Ortega, que entregó, tras dos temas de su disco “No puede ser verdad”, el escenario cargado de carisma y la posta al actor Cristian Sancho que oficiaba de conductor.
Así, el modelo comodín y la diva Turca, iniciaron el conteo: nueve eran las candidatas, todas jóvenes y seductoras. Claro que el público, inmediatamente, se decidió por Luisana Orihuela Bazán, una belleza que destiló simpatía de entrada. Minutos más tarde, la rubia Luisana fue coronada reina; la morocha Ámbar Díaz, virreina.
Una vez en el camarín, dieron cuentas de sus metas “expandir la idea de la dignidad. Me siento muy afortunada por contar con el apoyo de mi familia en todo esto”, comentó la reina, “creo que poco a poco vamos apuntando a que no sólo la fiesta sino el trabajo y las oportunidades sean para todos”. Ojalá que sí.