Sábado 26 de mayo de 2012 | 02:13 hs
Molotov inyectó todo su power en un repaso por su discografía. A pesar de la tibia convocatoria, la banda brilló.
domingo, 29 de marzo de 2009
Cuatro mexicanos y un mendocino rodeados por quince veinteañeras agitando y perreando sobre el escenario al coro de: “Me gusta chi chi, me gusta cha cha”.
El cuarteto en cuestión era Molotov, y la figura local... ¡Felipe Staiti!, guitarrista de Los Enanitos Verdes. Este mix bizarro-festivo fue la escala previa al cierre del show que la banda azteca dio en el estadio de Andes Talleres, en el marco de la gira que cerrarán a principios de abril en Capital Federal. El precalentamiento había comenzado una hora y media antes con “Gimme the power”, uno de los himnos fundacionales de la banda.
Con la química con el público y la buena onda que los caracteriza, los mexicanos levantaron la tensión de 220 a 380 y echaron a andar su máquina de hits hardcore-hiphop-funky, que disparó “Here we kum” y el híper agitador “Chinga tu madre”.
El público respondió, pero con más energía que número. Fueron poco más de 1.200 las entradas cortadas, lo que se tradujo en un estadio semicubierto en menos de tres cuartos de su capacidad. De todos modos, no estuvo tan mal si se tiene en cuenta la fórmula: ticket a $ 60 + fin de mes.
El grupete más fanático y caliente (el 30 por ciento, digamos), pogueó y saltó toda la noche pegado a la valla frente al escenario, mientras que el resto se distribuyó entre las tribunas y la tranquilidad del fondo, encendiéndose en temas como “Frijolero” o “Me convierto en marciano”.
Los clásicos se fueron intercalando con otros menos conocidos en una recorrida por toda la discografía de la banda.
También, como en cada presentación en vivo, Tito (guitarra y voz), Micky (bajo y voz), Paco (bajo y voz) y Randy “Gringo Loco” Ebright (batería y voz) fueron rotando instrumentos, logrando un sonido heterogéneo y activo, a pesar de que la acústica no acompañó.
Tiempo de homenajes
La lista incluyó además un homenaje a El Tri, motor del rocanrol mexicano por excelencia. Al mejor estilo Riff, la banda se despachó con la rabiosa “Perro negro”.
Cerca de la medianoche, el ritmo funky de “Cerdo” puso a todos a mover las caderas y la teatralidad de su versión de “Rapsodia bohemia” de Queen arrancó sonrisas y carcajadas.
Acto seguido, la banda invitó a Staiti para compartir un tema. Resultó entre chocante y simpático ver al guitarrista de los Enanos tirar punteos al coro de “¡puto, puto!” en el tema homónimo.
Después, con una base blusera a cargo del mendocino, Molotov invitó a subir a las chicas del público al escenario, y aquí volvemos a la escena del perreo y el “me gusta chi-chi…”.
Para el bis, la banda desenfundó la infalible “Amateur”, que dejó al público listo para la estocada final.
Pero finalmente los mexicanos guardaron la espada y diluyeron la noche con una zapada multirockera, con trocitos de clásicos de Nirvana, Led Zeppelin, Metallica, Black Sabath, etcétera, etcétera, etcétera hasta un “¡chan!” de guitarra final.
Y eso fue todo. Chicos y chicas comenzaron a abandonar el estadio despacio, sin poder dilucidar si el pasaje fue un intento por representar a una banda amateur, o simplemente una despedida con poca onda. Quizás “Voto latino” le hubiera dado otro color al cierre…