Tocate algo, Roth. El volante anotó el segundo tanto y puso un manto de tranquilidad sobre el Bautista Gargantini. (Marcelo Ruíz)
sábado, 28 de marzo de 2009Fue victoria de Independiente. Nada más. No fue más que eso. Vital, justa y necesaria, sí, pero los tibios aplausos de los hinchas azules cuando Faraoni pitó el final del partido, fueron el termómetro justo de la actuación de la Lepra.
El equipo de Ribolzi venció a Unión, casi por decantación, no quedaba otra ante un diezmado rival que terminó entregado y con dos jugadores menos.
Independiente tuvo todo para florearse, con una goleada histórica. Tuvo todo menos fútbol, que es lo que hace falta para ser contundente.
Entonces, a pesar de la victoria, que el árbol no tape el bosque. Resulta difícil entender a qué juega Independiente. Todavía no está claro su funcionamiento, ni su desordenada propuesta, porque anoche si Unión se hubiese ido al entretiempo en ventaja en el resultado a nadie le
hubiera extrañado.
Los vicios de un sistema de juego (3-4-1-2) que todavía no está aceitado fueron inteligentemente aprovechados por Unión en los primeros 45 minutos. En ese primer tiempo Pereyra, Zapata y compañía lastimaron demasiado por el sector de Mantilla.
En esa primera primera etapa el Tatengue fue más que el local, tuvo circulación del balón, llegadas prolijas por las bandas y actitud. Lo único que le faltó el toque final, ya que falló en la definición.
Enfrente había un Independiente desorientado, desordenado, sin conducción y sin poder explotar los costados del equipo santafesino.
Independiente no generaba nada, a tal punto que desde la popular comenzaron a bajar insultos para los jugadores, para Ortega... para todos.
Claro, esa gente no contaba con con que apenas un minuto después aparecería la magia de los grandes, porque Ortega, de muy mal primer tiempo, fue a buscar un centro al área y, de repente, se encontró mano a mano con Ojeda y allí se vio el talento del Burrito para definir ante la salida del arquero. Fue lo único que hicieron Ortega e Independiente en esos primeros 45 minutos, suficiente para que la Lepra se fuese al descanso con la mínima diferencia.
En el complemento Quiroz metió mano en el equipo, sacó un defensor (Gorostegui) y metió un delantero para armar un 3-4-3, lo que marcaba que salía a quemar las naves en los últimos 45 minutos. Fue así como en el mejor momento de Unión llegaron las expulsiones de Peralta y Diez. A partir de allí, el partido dejó de ser partido.
Sin embargo Independiente le costó demasiado liquidar la historia, carente de ideas no podía vulnerar a un rival que estaba con nueve jugadores y a un gol de empatarlo. Los nervios se transformaron en abucheos y reprobación, hasta que Roth les dio la tranquilidad necesaria y la Lepra la bajó la persiana al partido. Diego Bautista - De nuestra redacción