El arte de alegrar los últimos días

La argentina Jimena Cavalletti y los españoles Luka Soriano y Juantxo Berasategui son actores y forman parte de PayaSOSpital, una asociación de España que se dedica a mejorar la calidad de vida de los niños internados en hospitales.

lunes, 23 de marzo de 2009
El arte de alegrar los últimos días

La argentina Jimena Cavaletti y los españoles Luka Soriano y Juantxo Berasategui son actores. Y forman parte de PayaSOSpital, que asiste a chicos con enfermedades terminales.

Por Virginia Di Bari - Foto: Andrés Larrovere

Para ellos no se trata de un simple trabajo, sino que es todo un aprendizaje de vida. Sus tareas los conectan con los verdaderos valores y el otro lado de la vida, ese donde no existe la violencia, las personas saben escuchar, resurge la música y la risa y está permitido aprender a desdramatizar la realidad que nos rodea.

Es por eso que la argentina Jimena Cavalletti y los españoles Luka Soriano y Juantxo Berasategui decidieron formar parte de PayaSOSpital, una asociación de España que se dedica a alegrar la vida de los niños internados en hospitales a través de payasos profesionales preparados para desarrollar esas actividades.

Los jóvenes llegaron al país para presentar otro de sus grandes proyectos, la compañía Aérea de teatro con su obra: “Usted está aquí” (que se presentaba anoche al cierre de esta edición, en Los Angelitos). Una actuación que ya se lució en festivales de Buenos Aires y Río Negro.

“En el espectáculo, representamos cuestiones cotidianas con humor, sin palabras y usando el código clown. De manera que hay mucho en común con lo que hacemos en los hospitales: amor, positivismo y el disfrute del momento”, contó Jimena, oriunda de Buenos Aires, que lleva diez años viviendo en España.

Los tres se conocieron hace seis años en PayaSOSpital. Ellos son payasos profesionales y fueron contratados por el creador de la Organización de la Sociedad Civil (OSC), el médico Sergio Claramunt (ver aparte), para llevar adelante su sueño de mejorar la calidad de vida de los niños que pasan por los servicios pediátricos de los hospitales, sus padres y el personal que trabaja en el lugar.

Improvisación y creatividad

Nariz roja, bata decorada encima de sus divertidos vestuarios y uno que otro instrumento musical son elementos indispensables para cumplir con sus objetivos.

Durante todo el año, dos veces por semana o cuatro, en el caso de hospitales grandes, el equipo conformado por 27 integrantes hace su recorrido por las habitaciones. “Improvisamos, no vamos con números montados, por eso estamos en constante formación. Es un trabajo que nunca deja de evolucionar”, explicó Luka.

La pantomima se realiza en base a la información que proporcionan los especialistas de los hospitales.
 
Así, antes de montar la escena, a sus manos llega el nombre del niño, edad, diagnóstico, estado de ánimo y cualquier otro dato que les facilite la adaptación con el chico y su familia. “Es un trabajo de escucha, de percepción de los sentidos y de ver lo que se necesita: estimular, relajar o bien no intervenir, dependiendo de la situación”, indicó Juantxo, quien además es médico.

La técnica de clown en la cual se basan es la de Jacques Lecoq, el actor francés que formó a Claramunt. “Tiene que ver con lo físico, con lo gestual”, aclaró Jimena. A su vez trabajan con la música como una forma efectiva de liberar las emociones, crear clima y fomentar la comunicación, “algo que también se logra con la risa”, agregó Luka.

La figura del payaso hace que tanto ellos como el público se conecten con una realidad auténtica, sin barreras, en la cual reina la imaginación, la creatividad y la fantasía. “El clown atrae porque siempre está fuera de lugar, juega con la tontería, el ridículo en un mundo donde -justamente- no se busca eso. Acá tratamos de meternos en problemas”, dijo Jimena.

El equipo trabaja en pareja y recorre varias salas pediátricas de siete hospitales diferentes de Valencia, Castellón y Alicante. La idea de actuar de a dos tiene como meta que siempre haya un compañero de apoyo con el que puedan charlar las distintas situaciones por las que van pasando en el trato con los pequeños.
 
“El aprendizaje que te dejan los niños terminales, por ejemplo, es brutal. Te enseñan el sentido de la vida y a encontrarte con vos mismo”, confesó Jimena.

Igual reconocen que algunos de las escenarios adversos por los cuales atraviesan se soportan con “mucha formación y experiencia. Además estamos preparados para afrontar el duelo y la pérdida”, expresó Luka. En tanto que Juantxo añadió que al ser un trabajo de gran exigencia, “necesitamos estar sanos, dormir bien, estar dispuestos. No podemos hacer de este trabajo una rutina y, como máximo, a cada uno se nos permite trabajar ocho días al mes”.

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