El Oscar fue para los niños pobres

El estreno de la película principal ganadora de los Oscar -“¿Quieres ser millonario?”- que habla de la pobreza en la India, le es útil al autor para hablar de los niños pobres de América.

domingo, 15 de marzo de 2009
El Oscar fue para los niños pobres

“Por más que lo digan las películas, la inmensa mayoría de los niños pobres no ganarán nunca un concurso que los hará millonarios, ni los que entregan niños a las mafias se arrepienten después”.

Bernardo Kliksberg - Asesor Principal de la Dirección de la ONU/PNUD para América Latina

La película SlumDog Millionaire, recibió ocho Oscar 2009 de la Academia de Hollywood. No tuvo publicidad, ni ninguna estrella importante entre sus actores y fue hecha con recursos muy modestos. ¿Cuál fue el secreto del éxito de este humilde film indio?

En primer lugar llevó a audiencias masivas a un mundo que no conocen: el de los niños pobres. Jamal, Salim, y Latika, tres huérfanos, son la realidad de la infancia de muchos niños de la India y otras áreas.

Su madre fue asesinada, su subsistencia miserable revolviendo basura, su caída en el infierno al ser robados por una banda que quita los ojos a otro de los niños para que pueda mendigar con “más eficiencia”; su explotación por una mafia criminal, la complicidad de las autoridades, la sordidez abrumadora de su infancia, son vida cotidiana. En la India, 46% de los niños menores de tres años están desnutridos.

El paisaje humano de SlumDog tiene semejanzas con el de la célebre película brasileña “Estación Central” que también ganó el Oscar. Filma el hall de la estación central de ferrocarril. Una ex maestra está sentada allí escribiendo cartas para los pobres y analfabetos. A ella llega un niño cuya madre termina de ser matada por un auto, y está solo en el mundo. Lo alberga para venderlo a una banda de traficantes de órganos y comprarse un televisor. La mala conciencia la hace después rescatarlo.

En ambos casos hay un “final feliz”. La realidad no es así. Anualmente mueren 10 millones de niños por causas evitables vinculadas a la pobreza.

Las respuestas existen. Tres de los 10 millones, mueren por neumonía. Con 35 centavos de dólar tendrían los antibióticos necesarios. Dos millones mueren por malaria. Una red mosquitera, que cuesta 5 dólares, la reduciría; 300.000 mueren por sarampión, la vacuna sale 30 centavos de dólar.

América Latina es parte de esta problemática. Mueren 30 niños de cada mil antes de cumplir 5 años de edad, frente a 3 en Suecia. En un continente que produce alimentos para más del doble de su población actual, 16% de los chicos sufre de desnutrición crónica. Por la altísima inequidad no tienen acceso a ellos. Hay 18 millones de niños menores de 14 años que se ven obligados a trabajar.

Muchos lo hacen en los basureros, en las minas, en los campos, superexplotados, y en riesgos graves de salud. Abandonan la escuela. Sólo uno de cada dos niños de la región termina la secundaria. Después, sin secundaria, no van a conseguir trabajo. Uno de cada cuatro jóvenes latinoamericanos está fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo. Están expulsados, de hecho, por la sociedad. En la desesperación pueden ser tentados por la delictualidad.
En una encuesta reciente, sólo 41% de los latinoamericanos considera que en la región se respeta la dignidad de los niños.

¿Cómo llegar a un “buen final” en esta región no sólo en la pantalla sino en la realidad? Se necesitan políticas públicas que protejan a las familias pobres, aseguren educación y salud universal, y creen oportunidades de trabajo para jóvenes excluidos. En lugar de rechazarlos hay que tenderles puentes.

Hay experiencias de la sociedad civil que han roto terminantemente el mito de que por ejemplo los niños más sufridos de América Latina, “los niños de la calle” no son redimibles. Desde la mala conciencia se dice con liviandad que son “niños malos”, están en la calle porque quieren. Nada que ver con la realidad. Son niños excluidos. Su familia se desarticuló por la pobreza; son rechazados por la escuela; la sociedad hace muy poco por ellos.

En Honduras se mostró que 60% sufría de un mal que no es para niños: depresión. Un porcentaje se suicidaba.

En la Argentina, Cáritas, la Red Social, la AMIA, Periodismo Social, hacen mucho por ellos. Una organización silenciosa -“Las mujeres del Andén”- trabaja en la provincia de Buenos Aires, con los que viven en las estaciones de trenes. Otra, “Nuestros Hijos” creada por Jabad Lubavtich, en experiencia que documentó la Unesco por su valor para la región, ha rescatado 98% de todos los niños en riesgo que recogió.

En América Latina, y en la Argentina, no basta sentarse en el cine a ver el nuevo Oscar.
La cuestión es qué hacemos después de verlo. Esos chicos están entre nosotros. ¡Basta de racionalizaciones! Es hora de reconocer su presencia como un escándalo ético, a cuya solución todos podemos aportar ya.

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