Turismo en Mendoza

Tras alcanzar su esplendor en 2006, el sector comenzó una caída ininterrumpida que terminó por explotar este año, donde la contracción en la llegada de visitantes se estima que fue del 30% al 40%. En tres años, la ocupación hotelera promedio cayó casi 20 puntos. La inflación, ajustes en servicios e impuestos, sumado a la crisis internacional y la devaluación en países como Chile y Brasil, terminaron por agotar uno de los motores del crecimiento provincial.

domingo, 15 de marzo de 2009

Gabriela Balls

En muy pocos años, Mendoza logró consolidar al sector turístico de manera casi providencial.

Consiguió posicionarse como cuarto destino dentro del país y en el mundo alcanzó un lugar realmente destacado. En la actualidad, actores del sector ven desmoronarse años de esfuerzo y tienen la percepción (acrecentada en los últimos 6 meses) de que van en picada.
 
Los números acompañan con creces esta sensación, ya que dan testimonio de una retracción que rondaría entre el 35% y 40%, sólo en el último año, con un declive que comenzó allá por el 2007, luego de alcanzar el pico máximo tras la devaluación del peso en 2002.

Las opiniones de las cámaras privadas involucradas advierten que el retraimiento es importante y que hay incertidumbre para el futuro, sobre todo, porque la cantidad de reservas es muy baja. En comparación con años anteriores, el turista chileno ha dejado de visitar la provincia como antes, la suba de impuestos perjudica al sector (en algunos casos con aumentos en más del 400%); la crisis internacional ha generado que la cantidad de turistas extranjeros merme en más de 10%.

Además, denuncian que no hay control sobre los fondos de promoción que maneja el Estado en base a lo que ellos mismos aportan y que el presupuesto provincial es muy bajo en comparación con el de otras provincia que están en una situación menos avanzada en materia turística que Mendoza.

Si tomamos como análisis las estadísticas desde el 2005 hasta febrero de 2009 (ver gráfico en página 2), las cifras hablan por sí solas: según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) y datos de agentes privados, en ese período se percibe una caída en el porcentaje de ocupación hotelera de entre 15 y 20 puntos (60,49% y 39% índice de la Ciudad de Mendoza y 44% en la provincia, respectivamente).

En febrero de 2005, la provincia tenía un nivel de ocupación del 64,85%. Esa marca trepó al 73,25% en igual mes del 2006 y desde ahí fue cayendo hasta llegar a febrero de 2009 con una ocupación de sólo el 52% total provincial y del 47% para la capital mendocina.

Algo similar ocurre en marzo. Es que si tenemos en cuenta marzo de 2005 y lo comparamos con igual mes de 2008, el porcentaje de ocupación de Mendoza pasó del 61,35% al 51,77%, una caída cercana a los 10 puntos. Y si la comparación es con marzo del 2006, año de gloria del turismo local, la diferencia es de casi 15 puntos, según datos oficiales.

Si se examina diciembre, la caída también es significativa, ya que se pasó de un promedio de ocupación del 47,41% en 2005, al 45,80% en 2006, para luego ir cayendo hasta el 36,24% de 2008.

La oferta turística de Mendoza se apoya en las características que brinda el territorio, esto es, de aventura y nieve (montaña, deportes de altura, Aconcagua), ferias y congresos, naturaleza, turismo cultural, fiestas tradicionales (como Vendimia), enológico y rural (de bodegas, de fincas, paseos) por lo que se puso bajo la lupa meses como enero, febrero y marzo, centrados en la oferta de aventura, montaña, enológico (Vendimia) y la actividad del parque Aconcagua.

También se tomó julio, mes concentrado en los deportes de nieve, y noviembre y diciembre, épocas de ferias, congresos, exposiciones culturales y fiestas. En todos los casos, el 2006 fue el mejor año del llamado boom turístico de Mendoza para luego ir perdiendo fuerza.

Un invierno congelado

La preocupación sobre la actividad comenzó en la época invernal, apuesta fundamental de Mendoza, luego de reconocer el reporte de las cifras de ocupación hotelera en medio del conflicto del campo que duró 120 días y los persistentes primeros aires de la crisis internacional. Entre julio de 2005 y de 2008 hubo una baja porcentual de casi 18 puntos (65,50% y 47,36%,respectivamente) según la estadística oficial del Indec.

Mientras los operadores locales de turismo declararon en total coincidencia con este organismo que durante el 2007, se alcanzó una ocupación en julio de ese año del 68% que se desaceleró en 2008, hasta caer al 47%, según la Cámara de Hoteleros de Mendoza.

El sector privado reconoció que esta fue la “peor temporada de los últimos cinco años” y que la baja en el negocio empezó a afectar al comercio local que tanto depende de esta actividad y había beneficiado en los primeros años tras la devaluación.

En la última campaña invernal, funcionarios de la Secretaria de Turismo declararon a los medios que fue una temporada “muy floja” en palabras de Raúl Sánchez, entre tanto el secretario de la institución, Luis Böhm, admitió que la temporada terminó siendo “muy discreta”, mientras que frente al inicio del invierno se mostró como “moderadamente optimista”.

El helado invierno pasado dejó claro que la crisis del campo y los cortes de rutas, el desabastecimiento de combustible junto al conflicto aéreo y el miedo de los turistas ha quedarse varados, eran tan significativos como el aumento de los precios del comercio local, el cual provocó una clara desigualdad con otros destinos turísticos del país y la gente los terminó eligiendo por ser más económicos.

Los chilenos ya no nos aman

En este escenario, lo que más impacto ha tenido en la provincia es la progresiva disminución de los turistas chilenos que en algunos fines de semana largos venían y saturaban la infraestructura hotelera (como durante el último día de la patria de setiembre de 2005 cuando llegaron a la provincia en un promedio de 20.000 y dejaron una ganancia de $ 10 millones con un gasto diario de $ 155) y que en la actualidad ya no es así porque el cambio ya no les conviene (Chile devalúo) y los precios les parece poco económicos, ya que en Argentina se agudizó el problema inflacionario.

El turista trasandino siempre fue considerado como un “visitante de compras” que adquiría diversos productos en las casas de comercio como ropa, cuero, accesorios, zapatos, telas y productos cosméticos. El gasto promedio en el bienio 2005-2007 era, en promedio, mayor a $ 155 por persona al día.

Javier Agrelo de la Asociación de Viajes y Turismo señaló a Los Andes que “Mendoza antes era privilegiada; los chilenos no nos aman, si no les conviene visitar la provincia no vienen. Es así de simple”.

Según los datos suministrados por el Aeropuerto de Ezeiza, el ingreso de chilenos que llegaron al país cayó un 26,1% en diciembre de 2008 en relación a igual mes del año anterior con 11.830 visitantes, en tanto que el ingreso de turistas brasileños bajó 11,7% y quedó en 32.794 pasajeros.

Los referentes del sector privado (Cámara de Turismo, Asociación de Mendocina de Agencias de Viajes y Turismo, Asociación Empresaria de Hoteleros, Gastronómicos) avizoran estas dificultades y analizan que de los últimos 5 años, éste ha sido el peor junto con el último trimestre de 2008, la caída con respecto a los años anteriores se puede medir en un 35%.

Además, según un informe de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas de Mendoza (DEIE), los extranjeros también acortaron sus días de estancia aquí. Mientras que entre junio y julio de 2007 la mayoría de los visitantes (43,3%) pasaba entre 5 y 7 días de estadía, en los mismos meses del 2008 redujeron su permanencia a 3 y 4 días, en tanto que la duración promedio anual bajó a sólo 2 días.

En general, a nivel nacional, la disminución del ingreso de turistas extranjeros cayó más del 8% interanual en el último diciembre, tendencia que se comprueba en los ingresos percibidos, los cuales también cayeron más de 8,5% y fueron de U$S 314 millones en diciembre de 2008.
Sólo en el último año la suma de ingresos generados por el turismo fue de U$S 3.295 millones a nivel nacional.

El sector turístico creció en el país de una manera exponencial en los últimos años de la mano de la depreciación de la moneda argentina.

Se pinchó el globo

La actividad en la provincia pasó de ser calificada, en el 2000, como un macro-producto orientado al turismo interno a, según una evaluación del 2006, una actividad internacionalizada que se manifiesta en la puesta en valor de sus atractivos y la renovación de su oferta de servicios, según reza la evaluación del Turplan de 2006. El desarrollo de la actividad se enfocó en el turismo enológico, rural, de compras y, en un grado incipiente, el minero, según explica esta fuente.

Por aquel entonces, Rafael Fuentes García con su gracia española declaraba que: “No sé si os habéis dado cuenta, pero en cinco años han avanzado mucho, muchísimo. Cuando llegué, el turismo carecía de importancia en lo institucional, en los medios de comunicación, entre los empresarios y en la sociedad. Hoy, existe un Ministerio de Turismo, tiene espacio en los medios, la actividad es respetada entre los empresarios y la sociedad la valora”, señalaba en la época del gobierno de Julio Cobos.

Pero luego de mantener un crecimiento anual de entre 8% y 10% con un ingreso de 1.680.000 turistas (por citar 2005) que dejaron $ 1.020 millones anuales sobrevino la caída.
La actividad genera fuentes de trabajo, movilización de recursos, atrae nuevas inversiones, además del “efecto derrame” en otras áreas como el transporte y el comercio.

Según datos de 2006 (los datos disponibles a nivel oficial), en la distribución del gasto diario promedio de un visitante, que era de $ 190, el 34% se destinaba a compras, mientras el 23% a alimentación, el 22% a alojamiento y el 20% a servicios turísticos como excursiones y de recreación.

Discriminado por origen del visitante, el gasto per cápita de los visitantes asciende a $ 120 en el caso de turistas argentinos, $ 155 los chilenos y $254 los del resto del mundo.

De acuerdo a los datos de la caracterización del turista de la DEIE, el gasto promedio por día y por visitante de enero de 2009 fue de $214,65 y en el caso de los viajeros argentinos el gasto fue de $201,3, el de los chilenos $180,64 mientras que los del resto del mundo asciende a $279,32.

Estas cifras señalan la caída, en proporción con los argentinos, del gasto de los chilenos en Mendoza. El consumo se centró en un 34% dedicado a compras, al 27% alojamiento, 20% a alimentación y 17% a excusiones y paseos, aquí la caída se evidencia en los gastos superfluos.

La comparación entre lo que pasaba en 2006 con lo que terminó mostrando enero de 2009 deja en evidencia los efectos de la inflación por un lado y la progresiva devaluación que empezó a sufrir el peso chileno, restándole competitividad a Mendoza como destino turístico tanto para los visitantes trasandinos como para los propios coterráneos.

En palabras del propio presidente de la Cámara de Turismo de la provincia, Daniel Rímolo, “el proceso de auge fue de 2002 hasta 2006, el crecimiento fue más que importante, luego vino una época de crecimiento leve de tipo vegetativo (2007) hasta el 2008, año en el que hubo un estancamiento, para llegar una caída en el año 2009”.

Los empresarios del sector nucleados en cámaras como los hoteleros y del transporte reclaman al Estado que el turismo vuelva a ser parte de una política de Estado transversal con un plan o guía que determine nuevos objetivos en medio de este escenario de profundos cambios económicos.

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