La Presidenta y el Gobernador, dos de los grandes protagonistas políticos de Vendimia (falta el tercero en discordia).
La Fiesta de la Vendimia siempre tuvo connotaciones políticas, pero este año la politización fue desmedida, para colmo frente a una sociedad hastiada e indiferente ante los ritos reiterativos de sus dirigencias, que se concertan y desconcertan a la velocidad de un rayo, con la misma coherencia con que cambian de color el camaleón.
La Presidenta. Cristina vino con lo más potable de su gabinete, los que dialogan con los sectores o aparecen en los medios y debaten sus opiniones. Ese grupo está compuesto por Sergio Massa, Florencio Randazzo, Débora Giorgi, Carlos Cheppi y Graciela Ocaña.
Con ellos se conversa con el campo, se enfrenta (sin decirlo) a los dinosaurios kirchneristas (Guillermo Moreno, Ricardo Echegaray, Carlos Kunkel, Julio De Vido, Luis D’Elía y el propio Kirchner) y se busca construir una nueva gobernabilidad que permita transitar los dos años y pico que faltan sin la locura y el delirio de este primer año y medio, donde se perdió todo el poder acumulado en cuatro años y medio anteriores.
Pero Cristina vino también con sus custodias prepotentes, su vergonzoso canal televisivo de “Yrigoyen” y sus pretensiones aristocratizantes justo a la Fiesta más democrática de Mendoza, donde sólo se admite una reina, la vendimial.
Su visita fue todo cálculo político, desprecio protocolar y una serie de actitudes que confirman algo más grave que los formalismos: que la Presidenta en muchos aspectos sigue encerrada en una caja de cristal, aislada de la realidad (causa fundante de su debilidad política e institucional que aún no logra revertir, cuando es fundamental que lo haga por la propia fortaleza del sistema democrático).
El Gobernador. Celso Jaque y su equipo mostraron buena cintura para reducir la conflictividad sectorial, aunque ello a veces haya sido a costa de buenos acuerdos y otras veces, de pésimos.
No obstante, el equipo de gobierno local parece estar madurando en la conducción de la gobernabilidad (excepto en seguridad, que es todo un tema aparte, provincial y nacional).
Ahora es necesario que Jaque se anime a construir un nuevo gabinete a la altura de sus mejores espadas (o incluso más), para que pueda mostrar frutos de gestión, más allá del mero control de la situación.
Además, si hoy logra juntar en una mesa de ex-gobernadores a sus tres antecesores peronistas (Bordón, Gabrielli y Lafalla) más los dos radicales en pugna (Iglesias y Cobos), habrá dado una señal institucional notable donde pondrá a Mendoza por encima de las disputas partidarias. Gesto que a nivel de Gobierno nacional hoy es impensable. Demostrará además coraje el gobernador, si él es capaz de sentarse junto a Julio Cobos, pese al odio ya casi de discriminación racial que hacia el Vicepresidente profesan los Kirchner.
No obstante, la principal dificultad de Jaque sigue estando en su relación con el pueblo llano.
Las protestas que de un modo u otro le expresan amplios sectores en muchos actos públicos no deberían ser minimizadas por él. Y hay dos formas de minimizarlas: la primera, suponer que no existen o que son menos de lo que parecen. La segunda, creer que tales sonoras protestas son causadas por “periodistas que escriben cualquier cosa” o por secretas conspiraciones futboleras, sinárquicas o vaya a saber de qué esotérico tipo.
Si el Gobernador interpreta la realidad con cualquiera de ambas anteojeras, lo único que logrará es que los rechazos se multipliquen. Si además intenta tapar el sol con las manos, tratando de que las protestas se vean lo menos posible, terminará quemado.
En realidad, a un año y medio de gestión, los manifestaciones populares contra Jaque ni siquiera parecen ir dirigidas hacia su gobierno, sino directamente a él. Como si la gente tuviera algo que cobrarle. Como expresando una especie de decepción personalizada. Y como esperando una respuesta personal de él.
Por lo tanto, ante tal desafío no existe otra posibilidad que poner la cara, aceptar el veredicto popular, leerlo y con el mismo espíritu con que algún día Jaque conquistó la voluntad ciudadana, hoy reconquistarla con humildad. Asumiendo su culpa y bancándose las críticas, cueste lo que le cueste. En vez de aislarse, gestar infructuosos intentos anti-silbidos o suponer conspiraciones. Puede salirle bien o mal, pero si no lo intenta seguro le irá mal.
El Vicepresidente. En Vendimia vitorearon al vice, no al político. Su ausencia en los actos protocolares multiplicó su presencia posterior. E incluso supo hacer de su ausencia una presencia.
No obstante, un día después, en Catamarca, ganó el político Cobos, o sea el opositor al Gobierno. Lo hizo bien porque no fue a esa provincia a compartir aplausos, y además sus méritos se multiplicaron por mil, ya que los errores de Kirchner son imposibles de cuantificar por la cantidad infinita de los mismos.
Pero precisamente, en esa doble condición contradictoria de Vicepresidente y opositor, está el talón de Aquiles de Cobos. De cómo logre sintetizar la misma dependerá su futuro. Aunque, en realidad, la sociedad lo quiere a Cobos para el presente más que para el futuro. Pero él tiene derecho a tener su ambición.
Los empresarios. El almuerzo de las fuerzas vivas es un evento mendocino hecho por mendocinos. Pero esta vez el poder central lo infiltró hasta los tuétanos. Así, no sólo estableció una distinción aristocrática entre invitados: los periodistas al fondo y en un corralón con tranqueras, el resto de los invitados agolpados (con enojos varios, entre ellos consulares) y la elite empresarial-oficial almorzando sola. Estamentos aislados en una celebración donde todos solían compartir con todos.
Pero eso es sólo la forma, lo peor es el fondo: que con sus atropellos y soberbias, el poder K asistió al almuerzo como si fuera el dueño de Mendoza y, para colmo, el festejado por los mendocinos. Cuando esa reunión es para interpelar al poder, no para celebrarlo, como el canal partidario vendió por todo el país.
Habrá pues, que volver a las raíces, porque Mendoza no es virreinal, ni súbdita de ninguno (a).
Es deber de su dirigencia pública y privada de Mendoza estar a tono con el pueblo y no regalar la fiesta a nadie de afuera.
Lo mejor de la Vendimia. Fue lo más conmovedor, lo más lindo, lo que hizo olvidar la politización extrema: la bebé rescatada en los cerros.
Gracias a ella, este año -por primera vez- la provincia tuvo una Reina de la Vendimia y también una Princesita. Vale decir, dos majestades reales y bien mendocinas, frente a tantas majestades y majestuosidades truchas.
El vicepresidente dijo además que renunciar es un "riesgo institucional muy grande".
El Gobernador almorzó con Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli, Arturo Lafalla, Roberto Iglesias y Julio Cobos. Debatieron sobre la crisis financiera global y su impacto en Mendoza.