Opinión

La crisis ¿un espacio de oportunidad?

Según el autor, la crisis financiera global puede ser el acicate para unir la realidad económica, social y política con las nuevas formas de gestión del conocimiento.

martes, 03 de febrero de 2009

La crisis actual es inusual tanto por su intensidad, como por su extensión. Afecta profundamente todos los sectores económicos, sus agentes, e incluso a las sociedades, en todo el mundo.
 
Algunos ilusionados especulan que implica el fin del sistema capitalista, lo que puede ser cierto si por tal entendemos una forma de producir y comerciar subordinada por entero a la acumulación del beneficio empresario. Pero lo cierto y determinante es que marca el fin de una forma de organizar y gestionar las economías en el marco de la sociedad industrial.

En sus efectos primarios se presenta como una quiebra de una ilusoria estabilidad en la relación de los múltiples elementos y agentes que conforman diversas economías en los mercados: locales, nacionales, regionales o globales.

Para algunos, lo determinante es la falta de crédito, para otros la caída de los valores bursátiles, o la perdida de empleo, o la retracción de los consumidores. Un menor grado de acuerdo se advierte en la valoración de sus manifestaciones.

Pero lo realmente grave es que las medidas para afrontar sus consecuencias o “eludirlas” están profundamente enraizadas en el pensamiento convencional. Dejando de lado las interpretaciones teñidas de ideologismos, nuestras mentes perciben la realidad y generan sus perspectivas, basadas en principios, doctrinas, modelos que son resultados de su aplicación a productos y procesos de la vieja revolución industrial.

Una peligrosa combinación de inexperiencia con respecto a difíciles tiempos de ruptura o de transición brusca; una alta dependencia de los expertos “calificados” y de los medios de comunicación; la falta de habilidades blandas, y una inquebrantable fe en que los mercados son procesos “naturales”, auto-regulados, de carácter atemporal y permanente.

Todo ello podría hacer la situación aún más difícil de afrontar, porque hacer desaparecer la vida de los humanos en la tierra es relativamente fácil comparado con cambiar sus mentes, que es una tarea más dificultosa.

Alternativamente, la naturaleza y el alcance de la crisis podrían constituir un espacio de oportunidad para que puedan surgir nuevas formas de pensar y hacer las cosas. Ello depende de nuestra capacidad para reconocer la realidad y sobre todo su dinámica -hacia donde y a que velocidad marcha- y de la resistencia a entenderla que abruma a nuestros líderes de todo tipo.

Tarea nada sencilla.

La nueva realidad está conectada al mundo del pensamiento “digital”, que permite acceder a todo lo que sucede en el planeta y a todo el conocimiento que el hombre ha generado, en tiempo real.

Ante la falencia de los mecanismos tradicionales para “restablecer la estabilidad”, hay que buscar aquí la inteligencia colectiva que aplicada a la economía - lo que se expresa a través de nuevos modos de compartir la información agregada y de producir nuevos conocimientos, sobre la producción y el comercio basados en la infraestructura que proporciona Internet y en una creativa arquitectura de redes de conocimientos, software de procesamiento de la información e instrumentos de inteligencia artificial -, será la clave para entender y resolver problemas nuevos.

Estos potentes instrumentos de información, calculo, comunicación, y producción de conocimientos, más la interactividad entre especialistas y expertos, pueden ayudar a las empresas, a los mercados, a las escuelas, gobiernos y particulares para adquirir y dominar cada vez mayor de conocimientos.

Estas capacidades aplicadas al conocimiento y a los pronósticos de mercado podrían ingresar muy rápida y precisamente al dominio de la sabiduría colectiva. Los nuevos mecanismos disponibles de colaboración, las innovaciones sociales y los métodos de estudios prospectivos pueden impulsan la conformación de las redes de la inteligencia colectiva.

Con ella se pueden resolver cuestiones de ciencia y tecnología, de gestión, de estrategia, de planificación y política mucho mejor que las recetas de expertos o de la gestión burocrática.

El Proyecto Millenniun, de la World Federation of UN Associations inicia su décimo tercer año de actividades desarrollando un prototipo de inteligencia colectiva global para organizar y gestionar toda la información relevante sobre energía en el mundo, continentes, países y empresas, denominado Genis (siglas en inglés para Global Enegy Network and Information System).

Las opciones para crear y actualizar estrategias nacionales, globales y corporativas en materia de energía son tantas, tan complejas y evolucionan tan aceleradamente, que es casi imposible para quienes toman decisiones comprender y recolectar la información necesaria para formular y aplicar una política coherente.

Quizás la crisis global más grande que recuerde la historia puede ser el espacio de oportunidad para que surjan iniciativas similares aplicadas a la gestión del conocimiento y la economía, local, nacional y regional.

La conformación de núcleos de inteligencia colectiva constituye hoy una dimensión crítica para el rápido crecimiento de la productividad, de la innovación, y el logro de resultados empresariales.

Las redes de inteligencia colectiva a desarrollarse, implican una redefinición o mejor aún una revolución de la gestión del conocimiento y sobre el impacto y la importancia de la comunicación social; porque la sabiduría colectiva es el mejor medio para reorientar el trabajo, y generar valor, actuando responsablemente frente al ambiente y las generaciones futuras. Por Miguel Ángel Gutiérrez - Lic. en Ciencias Políticas y Sociales. Director del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva, Nodo Argentino Millennium Project

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