Favio es una de las figuras culturales más interesantes y complejas que la Argentina ha sabido engendrar. Mezcla perfecta de genio creador autodidacta, y corazón encendido para representar a aquellos a los que, cuando pibe, perteneció: los pobres, los marginados, los excluidos.
Leonardo Favio es un compositor que puede delinear, con una elegancia o una crudeza inusitadas, el pulso de un cine que sólo él sabe hacer (un cine exquisito, refinado y a la vez proletario).
Director de culto para la intelectualidad nacional; la mano que pinta y canta (como ninguna) los desvelos de la Argentina popular, para el público que lo ama. Pero también un militante ideológico; y, en verdad, sin esa mirada es imposible crear la obra que él creó. Porque los temas que aborda tienen relación con aquella clase a que él perteneció.
“Nunca he filmado sobre el peronismo -dijo ayer-. Sólo un documental con un propósito didáctico”. Y es cierto, nada más que en “Perón, sinfonía de un sentimiento” se dio el gusto de esbozar su discurso partidario.
“Todo el que sienta el dolor frente a un niño desvalido, que tiene hambre, ése es mi compañero y no le pido un carnet de afiliación”. ¿Por qué habríamos de pedírselo, entonces, para valorar su obra? Basta con el lirismo de sus films, la sutileza de sus trazos y la inteligencia de sus argumentos.
La presidente de DAIA, Graciela Roiz; el presidente de la Sociedad Israelita de Beneficencia de Mendoza, Bernardo Dymensztain; el secretario de la Sociedad Israelita de Beneficencia de Mendoza; Carlos Buhacoff, y el rabino de la Comunidad Judía de Mendoza, Julián Vainstein, mantuvieron una entrevista con el máximo referente de la fe católica de Mendoza, José María Arancibia.
Los mendocinos pudieron disfrutar anoche el regreso de la mítica banda liderada por Vicentico. Una verdadera fiesta se vivió en el estadio Andes Talleres.