Sin duda, la dirigencia rural percibió un cambio de contexto que no sólo involucra a la tragedia de Tartagal, sino el que implica una crisis global que ya se siente. Es cierto que las bases agrarias están muy movilizadas y con bronca. Pero también es verdad que los gobernadores e intendentes están trabajando contrarreloj.
Ahora que la sequía aflojó en algunas zonas, la prioridad de los productores pasa por recomponer el capital de trabajo para volver a encarar la actividad.
Ayer en la Mesa de Enlace se preguntaban por el día después de la protesta y si se iba a reproducir el apoyo que tuvieron hace un año de gran parte de la sociedad. Ahí decidieron dar marcha atrás y reclamar un esfuerzo especial al Gobierno. Eso sí, le transfirieron a Cristina Kirchner la responsabilidad de abrir un canal de diálogo.
Cuando ya había decidido reiniciar la lucha, un discurso de la Presidenta cambió la estrategia. Ahora, el Gobierno debe responder.
El vicepresidente dejó en claro sus diferencias con el matrimonio K. Difundió un escrito que plantea terminar con el manejo discrecional de la obra pública, eliminar los superpoderes y otorgar mayor autonomía a los organismos de control.