Los cambios en el gabinete y el respaldo de gran parte del PJ deberían permitir a Jaque cabalgar sobre terreno más seguro en los dos años que le restan de gestión.
Tanto frente a los jueces que le están limitando su poder, como ante el enviado de Obama, la orden de Néstor Kirchner a sus subordinados fue siempre la misma: que salgan a “matarlos”.
Con todo lo malo que trajo la crisis mundial, también obligó a los empresarios a modificar sus pautas de conducta, por un lado siendo más austeros apelando a la tradicional filosofía del “hágalo usted mismo”, pero por el otro a aprovechar las nuevas tecnologías para construir una economía más productiva.
Una contundente nota aparecida la semana pasada en The New York Times afirma sin medias tintas que, debido a las malas políticas económicas argentinas, Uruguay está desplazando a nuestro país en la calidad -y por ende la exportación- de carnes vacunas.
La conclusión que de sus propias reflexiones saca Krugman es clave para entender la realidad actual: “Si los políticos se niegan a aprender de la historia de la reciente crisis financiera, nos condenarán a todos a repetirla”.
“La batalla para el futuro de la prensa se librará en el contenido; la época en la que el papel quiso ser monitor -y se equivocó- está empezando a pasar. La pantalla es breve y superficial, es veloz y pizpireta. Hace falta un papel solvente, unos periódicos que siempre sean dominicales, con reportajes que se puedan leer en cuatro tardes”.
Incapaces de siquiera poder diagnosticar las razones del fracaso de sus gestiones, los Kirchner apelan a una última desesperada excusa: la condición femenina de Cristina.
“Necesitamos una comprensión desapasionada sobre lo que ocurre, porque la indignación polariza el pensamiento, busca rápidamente un culpable, e impide reflexionar en términos colectivos sobre las cosas que le ocurren a la Argentina”.