Las especulaciones sobre dónde irán a parar los votos de Enríquez Ominami, si a Frei o Piñera, están a la orden del día.
martes, 15 de diciembre de 2009
Que si los votos de Marco Enríquez Ominami pasan todos para Frei o que aquellos mismos sufragios se dividirán en dos para cada candidato o que, en la segunda vuelta, un tercio de los 20 puntos que obtuvo el joven postulante del socialismo terminarán anulados.
Las especulaciones en la calle sobre cómo se dirimirá el ballottage entre Sebastián Piñera -el candidato ganador de la derecha- y Eduardo Frei -el oficialista que quedó 14 puntos abajo- son variadas y admiten diversas combinaciones.
Mientras los ciudadanos terminan de digerir el resultado de las elecciones presidenciales del domingo -ya anticipado por las encuestas- los dos partidos en pugna no perdieron ni un segundo y a las 8 de ayer la ciudad volvió a aparecer empapelada de afiches y con las banderas de los candidatos en alto.
Además del duro cruce verbal que comenzó anteanoche en los dos comandos de campaña y después de un descanso de tres días, los chilenos se reencontraron con los nombres de los candidatos presidenciales en la calle y en los medios de comunicación.
El más rápido y omnipresente volvió a ser Piñera. Es que el domingo -mientras el canal del que es dueño (Chilevisión) transmitía los resultados de las elecciones- las principales publicidades eran su slogan de campaña. Hoy, los carteles gigantes ya estaban con nuevos afiches con su rostro mientras en radios, televisión, medios gráficos pagos y gratuitos y hasta en los medios digitales apareció el mismo aviso que rezaba: "¡Gracias! Viva el futuro, viva la alegría. Piñera".
La gente de Frei no se quedó quieta por lo que en casi todas las esquinas de las avenidas principales aparecieron las banderas con su nombre. Cerca del mediodía, habían empezado a colocar algunos carteles pero -al parecer- la ofensiva del candidato oficial se centrará en el poder de La Moneda y en la imagen de la presidenta Michelle Bachelet (ayer renunció su asesora de prensa para sumerase a la campaña).
La percepción de la gente
La polarización que se manifestó en las urnas y que tiende a profundizarse para la votación de enero se percibía en los comentarios de las calles santiaguinas durante la mañana de ayer. La mayoría coincidía en dos puntos "objetivos". Por un lado, que serán los votantes de Ominami los que definirán la elección que, se descarta, será por demás reñida; algo que viene sucediendo en Chile desde siempre y, por el otro, la mayoría coincidía en que el 17 de enero Piñera se quedará con la presidencia para darle paso -después de 20 años- otra vez a la derecha.
"Sería un milagro que ganara Frei", lanzó Rafael Quintanilla, contratista en construcción y crítico a ultranza de algunas políticas de Michelle Bachelet. El hombre, sin embargo, admitió que votará al ex presidente ya que tuvo la "desgracia de vivir desde adentro" la etapa pinochetista.
"Seguro que gana Piñera", coincidía cerca de allí Macarena Bobadillo, al frente de un vivero. La mujer explicaba que la gran diferencia de puntos entre el candidato de la derecha con sus oponentes se había logrado gracias a que, esta vez, los miembros de la Concertación -de centro izquierda- habían ido a las urnas por separado.
Los chilenos saben que la Concertación que ha gobernado Chile desde el regreso de la democracia ha dejado muchos cabos sueltos; en especial desde el punto de vista de la clase trabajadora. Las personas de clase alta, en tanto, no se cansan de reprocharle los malos negocios con los ferrocarriles y ahora con el Metro. Pero muchos no quieren ni pensar en la derecha debido a que el regreso a los malos recuerdos que trae la época de Augusto Pinochet es inevitable para muchos y hasta les da miedo.
A unos kilómetros de Providencia, Víctor Suárez (45) -en una mesa de café- explicaba la disyuntiva que está frente a los chilenos. "La Concertación ha construido puentes, Metros y vías. Por eso los de afuera dicen que Chile está muy bien pero en salud y educación tenemos las mismas políticas que desde que se fue Pinochet", relató.
En este sentido asegura que esos aspectos no van a cambiar si asume Piñera pero el temor de los trabajadores está en las políticas que destinará para ellos. Ningún candidato tuvo expresiones decisivas acerca del salario mínimo pero para el hombre -empleado administrativo- las actitudes del aspirante de la derecha con respecto a sus propios empleados en las empresas que posee "dejan mucho que desear".
Sin embargo, la condición de empresario millonario que posee Piñera también le juega a favor debido a que más de uno piensa que si se convierte en gobierno "no le hará falta robar" porque ya lo tiene todo. "Yo no creo que ni él ni su gente tengan necesidad de quedarse con lo que no les corresponde", expresó Andrés, un vendedor de repuestos agrícolas, mientras se limpiaba los zapatos.
A sus pies, el lustrabotas Carlos Contreras le discutía que el gobierno de la Concertación no había sido tan malo y que "la democracia había servido para mejorar hospitales y el transporte que tomo todos los días". El sistema de buses se ha convertido en el Talón de Aquiles del gobierno de Bachelet.
Para el mapuche Lientur Painemal ni Frei ni Piñera son buenos para su comunidad. De hecho, la conflictividad social que en la actualidad hay con los pueblos indígenas llevó el tema a la campaña. Sin embargo, todos admiten que "nadie sabe qué hacer con ellos" por lo que es probable que ninguno de las dos propuestas los tenga en cuenta una vez que gane.
En Chile también se están discutiendo temas profundos que tienen que ver con la posible legalización de las drogas, el matrimonio homosexual y la legalidad de abortar. En este sentido, a la hora de votar muchos pondrán sobre la balanza sus pensamientos acerca de estas cuestiones. "Son cosas importantes que hay que evaluar", aseguró el abogado Francisco Bustos, mientras leía el diario en una calle de Providencia.
Piñera pertenece al Opus Dei -un grupo conservador de la iglesia- pero ha sabido captar la atención de la comunidad gay. Desde la Concertación, en tanto, se están intentando impulsar políticas más progresistas como la aceptación de la píldora del día después que fue recientemente rechazada por la derecha en el Parlamento. Diana Chiani - Enviada especial a Santiago, Chile