Vista general de la vivienda, en la que prevalecen las líneas rectas, en medio del verde del jardín.
Concebida para una sola persona, -específicamente la abuela de uno de los arquitectos-, la sencillez constructiva de esta vivienda delata el espíritu de su habitante.
La casa, de 132 m2, se levanta sobre un lote de 450 m2 con amplias vistas sobre el contexto, en un conjunto residencial privado, en la ciudad de Mendoza. Al momento de encargar el proyecto, la propietaria encomendó construir una vivienda de carácter austero y moderno en la que privilegiara la relación con el verde de todos los ambientes de la casa, ya que su pasión por la jardinería está presente en todas sus actividades y relaciones.
Esta obra además, fue ganadora del 1er premio Red Edificar 2008, en la categoría “Arquitectos menores de 35 años. Obra hasta 500 m2”. El proyecto y dirección técnica estuvo a cargo de los arquitectos Gustavo Barea y Federico Inchauspe, integrantes de IN-Estudio. Arquitectos Asociados.
La propiedad queda definida por dos planos horizontales que contienen las habitaciones y se abren generosamente al exterior. Permite a su vez el disfrute del jardín en todo su perímetro rodeado por galerías. Dos planos horizontales con rigor geométrico y elegancia constructiva contienen el ámbito de carácter austero. Un nuevo suelo artificial se asienta en el terreno ignorando la topografía y desligado de obligaciones contextuales.
El plano superior se espeja con el plano del nuevo suelo para liberarse de todo destino representativo, y distinguirse de los excesos que prevalecen por demás en los alrededores. La estrategia se funda en la lógica constructiva para dejar ver el trabajo de la arquitectura que construye realidad.
“Ésta es una obra de carácter finamente crítico, que permite poner en relieve cuestiones que han sido desarticuladas en casi todos los confines de su propio contexto. Enfrenta un medio que ha quebrantado por todos sus frentes el condensado trabajo intelectual -que da la impresión de autista-, y el trabajo técnico material -depreciado a oportunismo profesionalista- concediendo a la obra la difícil tarea de poner en cuestión el estado de las cosas”, comentan sus responsables.
El objeto, de carácter puro y abstracto, alude a una tradición de ver y de sentir. Materiales rígidos soportan el peso y el material frágil como el vidrio envuelve y a la vez desliga de pesadez a la cubierta otorgando por contraste levedad.
De esta manera el sentido perceptivo se entreteje en lo constructivo y estructural; y en conjunto con el uso se refieren mutuamente. Este carácter consuma a la racionalidad constructiva con la firmeza estructural y la belleza sensual que se remiten entre sí elocuentemente.
De allí esta idea de verificar críticamente el contexto y hacer de éste el carácter primordial de la obra. Para ello la técnica retórica comunica y dialoga entre distintas esferas, clases, géneros y públicos heterogéneos que enfrenta como fondo y pone a distancia de la misma obra.
Lo expresado se realiza en su materialidad y explica, cómo entre la cubierta y el plano de base se sostienen al juego de repartir el peso; y cómo los tabiques y los planos vidriados entrecortan un medio agredido y desgarrado por la frivolidad, al cual debe gestionar su propia estrategia de mediación en sentido didáctico.
“Esta obra documenta de manera nostálgica el peso de los límites y de las posibilidades de la realidad actual; y al estado de las cosas con las huellas del reconocimiento de convenciones, al tiempo que adecuadamente las orienta . Esto se refiere al modo de pabellón miesiano que entremezcla los planos horizontales que en este caso apenas se apoyan en el suelo, pero que no se agotan en un punto de vista formal, sino que tiene que condensar lo tejido social y lo conflictivo y congestionante de la cultura del consumo”, agregan los arquitectos.
Sin más remedio, esta casa es elocuente sin renunciar al sentido prudente del pudor. Deja visible el ocultamiento de las superposiciones en un proceso que provoca al pensamiento.