África: elegir un lugar

Comunidad, turismo y conservación van de la mano en un campamento de lujo ubicado a los pies del Kilimanjaro, en Kenya. Un lugar indicado para los que están buscando armonía o cenar al lado de una fogata bajo el cielo africano.

domingo, 08 de noviembre de 2009
África: elegir un lugar

La convivencia con la tribu y el respeto por el medio ambiente es lo que eligen los huéspedes.

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Campi ya Kanzi (ubicado en Chyulu Hills, Ernest Hemingway's Green Hills de África) es el sueño de Luca Belpietro convertido en realidad. Él fue arrastrado por su padre a la pasión por África y tuvo en su sangre el deseo de vivir en ese mágico continente desde la infancia. Todo comenzó en el verano de 1968 cuando Luca tenía apenas 4 años y pasó su primera noche solo en una pequeña carpa en el jardín de su casa de campo. Quería demostrarle a su papá que estaba listo para participar de un safari.

Ese sentimiento de pertenecer a África ha caracterizado toda su vida y eventualmente lo ha guiado a los lugares que quería conocer. Así, no pudo resistir el llamado de ese continente. Fue de esta manera como finalmente en 1995 dejó su compañía consultora en Italia y se estableció en Kenya junto con su esposa Antonella, una abogada recién recibida, con quien ideó Campi Ya Kanzi.
 
Ellos querían crear algo distinto y luego de una larga búsqueda eligieron la reserva Maasai, al pie de las colinas de Kilimanjaro entre Kenya y Tanzania, y compraron un páramo que pertenecía al Kuku Group Ranch. A partir de ese momento, su plan incluía el desafío de involucrar a la comunidad Maasai en la preservación de su propia tierra, vida salvaje y cultura.
No había nada: ni caminos, ni edificios, ni agua.
 
Todo estaba por ser hecho. Por ejemplo el agua debía ser traída en tractor desde lejos, pero los Maasai cooperaron. Tras dos años de duro trabajo estuvo listo Campi Ya Kanzi, definido como un lodge comunitario de eco turismo.

Luca recuerda con nostalgia los días en los que tenía que ducharse con un balde sostenido de la rama de un árbol. En cambio Antonella está muy contenta con el agua corriente y la electricidad. Pero los dos coincidieron en que querían dedicar sus vidas a la conservación de la herencia de este paraíso que ellos ahora llaman casa.

Todos colaboran

De alguna manera puede decirse que Campi ya Kanzi es la concreción de la tesis en Economía que Luca realizó, "La conservación ambiental y el desarrollo económico: la fauna como un recurso renovable en Kenya".

Como el 75% de la fauna en ese país vive fuera de los parques nacionales, es crucial para su preservación que los habitantes consideren a los animales nativos como un recurso y no vivan en competencia con ellos.
 
Al involucrar a los lugareños en el proyecto, los emprendedores lograron cuidar a los animales y al entorno y paralelamente crear empleos. De esta manera la comunidad Maasai fue entrenada para construir y luego instruida como mozos, guías o choferes.

Para lograr sus objetivos crearon una fundación. Así contrataron maestros de las escuelas locales y enfermeras de los dispensarios, para que la comunidad cubriera sus necesidades de educación y salud. Además indemnizaron a los pastores por la pérdida de sus rebaños. Este proyecto fue fundamental para la supervivencia del león.

La población de leones africanos estaba estimada en 100.000 hace 10 años; 23.000 hace cuatro y 18.000 hace dos. Cartier y el actor Edward Norton han donado una gran suma de dinero para el proyecto de preservación.

La fundación también es mantenida gracias a los turistas, ya que Campi ya Kanzi asigna U$S 100 por cada noche contratada en el lodge y a eso se le suman las donaciones voluntarias de los huéspedes. Los que llegan al campamento no sólo visitan lo que queda de la prístina África sino que también colaboran.

El campamento fue planeado y construido con el objetivo de tener un impacto positivo en el medio ambiente. Así se utilizaron materiales locales como rocas de lava, paja y trastos viejos. El agua se calienta con paneles solares y la electricidad también proviene de un sistema a base de energía solar. La comida es preparada con carbón vegetal y los desperdicios son apropiadamente reciclados.

Un día en el campamento

Los anfitriones seducen a los turistas invitándolos a imaginar comenzar un día con el aroma del café de Kenya o con un té llevado a la carpa por el mozo personal. Luego, observar desde la galería privada el majestuoso monte Kilimanjaro. El campamento tiene como centro Tembo House, el sitio donde se puede degustar riquísima comida italiana, relajarse en la biblioteca, jugar backgammon o escuchar música. En total hay seis carpas que semejan casas de campo, cada una con diferentes vistas y todas las comodidades.

La ventaja de estar afuera de un parque nacional da libertad para explorar a pie. Una caminata en la mañana temprano para ver chitas y leopardos, es una experiencia inolvidable. Los más intrépidos pueden optar por travesías más largas por la selva de Chyulu y las llanuras de la sabana, surcando ríos y campos de lava. Para apreciar la biodiversidad del área se recomiendan estadías de 5 días.

Otras alternativas son visitar las villas donde viven los Maasai o hacer safaris de más de un día y pasar la noche en el campamento móvil que suele armarse a los pies del Kilimanjaro o a la vera de un lago.
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