Salvo algunas mejoras que hacen falta, los vecinos están conformes con el lugar donde viven. Foto: Miguel Videla
En la recorrida por los diferentes departamentos de la provincia, van surgiendo experiencias parecidas que emparentan las historias de los barrios.
En los años '80 había un déficit habitacional en la provincia, que se acentuó a partir del sismo del 26 de enero de 1985, porque muchas viviendas virtualmente desaparecieron o quedaron inhabitables. Y el departamento de San Carlos no escapó a esa realidad, siendo declarada zona de desastre la villa cabecera y de emergencia otras áreas, como Eugenio Bustos, donde se ha detenido en esta oportunidad la brújula de esta sección.
Además, el departamento venía con mucha mora en materia de hogares desde la época militar.
Un grupo de jóvenes que por entonces orillaban los 25 años y que sumaban 50 miembros, conformaron la Cooperativa de Vivienda Juventud Sancarlina, con el claro objetivo de llegar a la meta de todo recién casado: el techo propio, por medio de la autogestión. Algunos tenían chicos muy pequeñitos, otros los esperaban.
Operatoria mediante del Banco Hipotecario y con el apoyo de la intendencia sancarlina, a cargo en aquella época del recordado Miguel Natalio Firpo, el barrio, de unas 45 unidades, comenzó a levantarse en 1985, siendo entregado en febrero de 1989, cuando Santiago Felipe Llaver era presidente del BHN.
Los primeros pasos los dieron Miguel Funes (47, hoy director de Vivienda sancarlino), su esposa Graciela Gracia (48, docente); Carlos Bailone (45) y su mujer, Nardi Villarruel, y el ingeniero Enrique Adarvez y Mónica Furlán. Lo primero que lograron los emprendedores es ser propietarios del terreno de varias hectáreas, muy cerca del arroyo Yaucha y de la ruta nacional 40.
Cuando les entregaron las viviendas faltaba mucho por hacer en materia de urbanización, como lo demuestran las fotos de las primeras casas, en medio de malezas, bordos de tierra y calles sin asfaltar. Los adjudicatarios, como en otras regiones provinciales, tuvieron que hacerse cargo de arreglar el contorno, construir medianeras y concretar otras mejoras. Pero, el objetivo estaba cumplido.
"El nuestro fue un buen ejemplo cooperativismo, cuando esta forma de encarar el desarrollo de intereses comunes había provocado algunas situaciones irregulares", dijo Mónica Martini (49), directora de la escuela Soriano, de Casas Viejas, y una de las primeras en ubicarse en la zona junto a su marido, y sus amigos y vecinos Pablo Chiconi (chacarero) y Alberto Ferreyra, empresario de la madera.
Ariel Panizzutti, empleado municipal, no estuvo en el encuentro con el cronista, pero recibió en ausencia el reconocimiento de sus pares, por los progresos que ayudó a conseguir para el conglomerado urbano: placita, garita de seguridad, asfalto y luces.
La mayoría de los titulares de las unidades habitacionales, que disponen de fondos generosos, tienen entre 45 y 55 años, aunque también hay, en un número menor, personas mayores.
En la reunión que Los Andes realizó con parte de los moradores, se encontraban presentes jóvenes. De los veinteañeros puede decirse que la mayoría cursa carreras universitarias, pero un 60% emigró a la ciudad capital para encarar disciplinas que no encuentran en la región, a pesar de la oferta de estudios terciarios que acredita el Valle de Uco.
Horacio Bandiera (24), Ángel Biscontín (21) y Pablo Martínez (20), expresaron su pertenencia a la barriada y al distrito. Inclusive a principio de este año, al cumplirse 20 años de la entrega del complejo habitacional, armaron una fiesta en la placita, con números artísticos bien locales.
"Lo que hicieron los pibes fue emocionante, porque al contrario de otros muchachos que no se involucran con los lugares rurales que habitan, los chicos de aquí demostraron mucho cariño por el terruño". Como no tenían un vehículo con altoparlante, colocaron este elemento en una carretilla y de esa forma recorrieron la barriada haciendo la convocatoria.
En el evento colaboró Ricardo Videla (55), también morador del "Juventud…" e integrante de "San Carlos Dúo", con su hermano Germán, animadores del Festival de la Tonada. Son orgullo del vecindario porque cantan temas que si bien no son muy populares, acreditan un sello muy regional, muy de la zona, como "Nadie llora por llorar", de Egidia Lo Giudice.
En el barrio Valle Hermoso reclaman la urgente conexión a la red. En la comuna dicen que estará lista a fin de año.