A partir de una idea planificada, la Policía que cuida Los Caminos del Vino en Maipú logró bajar la tasa de delitos contra extranjeros. Intervienen empresarios, vecinos y comerciantes de la zona.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Ahí van los turistas extranjeros por los Caminos del Vino en Maipú. Lo recorren en bicicleta o a pie. Se los distingue fácilmente: más bien jóvenes, con sus pieles blancuzcas a merced de un sol local al que mucho le cuesta convertir esos brazos y piernas en brazos y piernas tostados. Los turistas sonríen todo el tiempo.
Y llevan consigo una riñonera o una mochila en la que cargan una cámara digital o una filmadora para retratar y retratarse en tan hermoso paraje. A la vera de Los Caminos del Vino acechan los chorros locales: normalmente más morochos que los turistas y con las piernas más musculosas de tanto correr.
Hasta no hace mucho, en Los Caminos del Vino los turistas y los chorros locales conformaban un ecosistema sencillo: presa y depredador. Con la aparición de la Unidad Policial de Asistencia al Turista (UPAT), el ecosistema tiene al justiciero, que en ese caso podría graficarse como un perro guardián, un ovejero -que es el perro más usado justamente por la Policía.
Para que esta especie de fábula llegue a un final feliz, desde el Ministerio de Seguridad se implementó, el 29 de octubre de 2008, la UPAT. Desde su irrupción, los delitos cayeron considerablemente en esa zona de Maipú a partir de un mecanismo novedoso que consiste prácticamente, en cuidar a los turistas como a niños.
A cargo de la Unidad (cuyo terreno para construir la oficina fue donado por una bodega) está el oficial principal Oscar Zingariello que, por ejemplo, es poseedor de un trato afable (algo no muy frecuente para un policía), y que coordina con exactitud todos los movimientos de los más de 600 turistas que a diario recorren esa porción de los Caminos del Vino.
"Somos 14 efectivos, tenemos cuatro motos, dos vehículos Renault Kangoo y otro Symbol". Los móviles policiales, por dar otro ejemplo, están acondicionados para turistas: "No queremos llevarlos en los patrulleros enrejados, pretendemos que no se sientan tan mal cuando son víctimas de un delito", dice Zingariello.
El control
Los 16 kilómetros que deben vigilar estos efectivos (básicamente calle Urquiza a la que nada mal le vendría una repavimentación) están plagados de bellas bodegas, restaurantes, olivícolas (todos de gran nivel), cuyos propietarios se encuentran comunicados con gente de la UPAT. En una recorrida por esa calle Urquiza, Los Andes pudo comprobar que todos los comerciantes de la zona mantienen con la gente de la UPAT un trato de amigos.
Igualmente, con la idea de que los visitantes se lleven una mejor impresión de Los Caminos del Vino, todos los móviles policiales son casi nuevos y los integrantes de la Unidad, además de los handies, cuentan con sistema Nextel para comunicarse entre ellos y con los comerciantes.
Por dar un ejemplo del control casi satelital que lleva la UPAT de un grupo de turistas, Zingariello grafica: "Sabemos que un grupo de cinco australianos salió a las 10 en sus bicicletas alquiladas, luego sabemos que en determinado tiempo deben estar en tal bodega y nos comunicamos a esa bodega para saber si han llegado los cinco y así los seguimos todo el tiempo que dura la excursión, además del patrullaje permanente que hacemos con los móviles".
Delito en baja
Desde octubre de 2008 a la fecha, esa porción de Maipú registra quince denuncias por atracos contra extranjeros, en su gran mayoría se trata de hurtos simples (arrebatos), aunque también hubo un hecho tremendo ocurrido en la bodega Domaine Du Mont donde hasta ocurrió una violación.
Según Zingariello, antes de la aparición de la Unidad a su cargo, los saqueos a extranjeros no bajaban de ocho por semana. Para que la paz reine en ese sitio tocado por la varita de la naturaleza, Zingariello echó mano a un plan que consiste básicamente en que todos los actores de la zona se pongan de acuerdo a la hora de darles a los visitantes tranquilidad.
"Los 'turis' (así les llaman los policías a los turistas) llegan a la mañana con su paquete de Los Caminos del Vino que compran en algún hostel del Centro. Allí alquilan sus bicicletas y recorren todo hasta las 18. En ese trayecto ya tienen programadas sus degustaciones de vino, de aceite de oliva, sus almuerzos. Por eso estamos conectados con todos los negocios y desde la central llevamos un monitoreo detallado de cada movimiento de ellos", explica el oficial ayudante Luis Fierro.
Otra de las acciones coordinadas consistió en que todos los empresarios de la zona que se dedican a alquilar bicicletas se pusieran de acuerdo en que los días domingos sus negocios permanezcan cerrados: "Algún día tenemos que descansar", confiesa Zingariello.
El trato policial que reciben los 'turis' en Los Caminos de Vino está confeccionado como para que regresen o que hablen bien de sus experiencias. A las 17, aproximadamente, los ciclistas que ya han llevado adelante un buen número de cataciones de vino y que además han bebido por su cuenta, comienzan a generar pequeños problemas porque están ebrios. "Entonces los comerciantes nos llaman para que los vayamos a buscar", dice Zingariello.
De ese modo, los ?polis' hablan con los ?turis' y los convencen en que es hora de regresar. "Les cargamos las bicicletas, los subimos a la camioneta y los llevamos hasta donde alquilaron las bicicletas", sigue el uniformado. Un trato similar con un no turista, sería impensable. Por Rolando López