Blanco móvil

Néstor

Una idea por si Oscar Wilde resucita. De la mitología griega a la rocambolesca mercería criolla. La portación de nombre como signo de los tiempos y el decrépito retrato detrás de la puerta. ¡Mamá, qué nombrecito!

domingo, 22 de noviembre de 2009

Si Oscar Wilde viviera seguramente cambiaría el título de una de sus obras más populares y celebradas, "La importancia de llamarse Ernesto". La última comedia del genial irlandés era una mordaz crítica de la importancia que la sociedad victoriana daba a la seriedad y la honestidad.

En realidad a la importancia de parecer siempre serio y honesto. Para eso la traducción del título aprovecha una similitud fonética entre Ernest y la palabra earnest, que en inglés quiere decir serio. Su afilada pluma no perdería de vista que, por estos días, lo importante parece ser llamarse Néstor. Ahora, a partir de esto, ¿qué rasgo del carácter aprovecharía para su crítica social? Hagamos un intento, una aproximación.

Según alguno de los tantos sitios que se pueden hallar googleando un poco, Néstor significa "el que es recordado" y entre sus características figuran ser "prácticos, extrovertidos e inquietos" y de relaciones duraderas en los afectos. Además hay un héroe Néstor, un griego que supo ser muy sabio. Y hasta un santo: San Néstor, obvio, que se celebra el 26 de febrero.

Todo esto no lo sabía hasta hace minutos. Tal vez por eso, cuando era niño pasé por esa tentación que nos invade a casi todos los mortales: como no me gustaba mi nombre, quería cambiármelo. Es más, ya había elegido uno que mejor no recordar. Por entonces los Néstor éramos pocos. En mi pueblo apenas recuerdo tres o cuatro, contra las decenas de Carlos, Albertos, Juanes, Danieles, Marcelos, Pedros y Sergios.

Así, vivía tranquilo, seguro en mi exclusividad, lejos de gastadas o deshonras ajenas. En un repaso rápido recuerdo apenas un puñado de Néstores cuasi célebres: Néstor Clausen (aquel excelente marcador de punta de Independiente), Néstor Fabián (un discretísimo cantante de tangos más conocido por ser el marido de la discretísima Violeta Rivas del Club del Clan), Néstor Perlongher (para muchos especialistas, un gran poeta), Néstor García Canglini (un intelectual argentino de trascendencia mundial), Néstor Marconi (uno de los grandes bandoneonistas post-Piazzolla) y no muchos más.

Pero de pronto aparecieron, como por arte de magia. Sorprendido, advertí que hay una tanda de cuarentones y cincuentones -con alguna excepción, claro- que arrastran al mítico griego en sus documentos. Y los tocayos hacen fila. Se los recuerdo por si no se habían percatado: el gran Néstor Carlos K (genio del plazo fijo, los bienes raíces y la picardía política), el combativo Néstor Pitrola (adalid de la lucha obrera), el rey del under Néstor Segovia (venerado por miles de porteños que usan el Subte para viajar), Néstor "el químico" Lorenzo ("el Yabrán de los medicamentos" lo bautizó una ex ministra), el "músico" Néstor en Bloque (un éxito en bailantas y en el lejano western bonaerense) y lo más nuevo en el bazar, Néstor "qué pintita" Leonardo (muy apreciado por la familia Macri en su conjunto).

Esa sería la materia prima de la que dispondría Wilde para actualizar su retrato. Por el bien de mi propio nombre espero que, tal como sospecho, el rasgo distintivo que encuentre no lo acerque demasiado al de Dorian Gray. Néstor Sampírisi / Prosecretario de Redacción - nsampirisi@losandes.com.ar

Compartir:

Ranking de Noticias