Viernes 10 de febrero de 2012 | 16:19 hs
Su última película, “El secreto de sus ojos”, va camino a convertirse en la más vista de todos los tiempos. Sus proyectos en la TV nacional tendrán fuerte impacto en 2010. Es uno de los pocos latinos elegidos para dirigir episodios de las series-tanques norteamericanas “Dr. House” y “La ley y el orden”. Los Andes charló con él durante el Festival de Cine de Mar del Plata y en su corta visita a Mendoza, esta semana. Anécdotas exquisitas que dibujan cómo es la trama interna de las grandes producciones.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Encantador, sencillo: el pibe que se crió en un barrio porteño, yendo a las salas del barrio y jugando a contar historias con el súper8. Ésta es la imagen que mejor describe el talante de Juan José Campanella. Pero pueden, todavía, sumársele algunos detalles de carácter a la hora de definirlo como director: “Me gusta que la audiencia descargue fluidos corporales cuando ve una película: transpiración, adrenalina, feromonas -estampa categórico-. Que un director sea buen narrador es el mínimo indispensable, lo que hay que lograr no es que el espectador entienda sino que viva lo que está pasando; al menos ése es el cine que me gusta a mí”.
Ya está: situado del lado del mostrador que abraza la premisa del entretenimiento.
Claro que hay, en ese territorio, buenas y malas películas y, las de Campanella, tienen muñeca ajustada para pulsar las cuerdas con calidad.
Él, todavía, no cae respecto al por qué “El secreto de sus ojos” se ha transformado en el film nacional más taquillero de los últimos 25 años (más de 2.300.000 espectadores en 15 semanas de exhibición, y nuestro representante en la competencia para Mejor Película Extranjera de los Oscar): “No sé qué cuerda ha resonado en el inconsciente colectivo, de verdad no lo sé”, lanza sincero.
Descubrir oro
Primero: un paseo sobre el interior de “El secreto de sus ojos”: la gestación del proyecto y matrices de creación que los espectadores desconocen.
-¿Cómo empezó la idea de “El secreto...”?
-Con Fernando (Castex, su socio en los films anteriores) habíamos empezado a adaptar “Esperándolo a Tito” (de Eduardo Sacheri, con quien hizo el guión de “El secreto...”), en 2002. En eso estábamos cuando lo llamamos a Atilio Pozzobón (actor en “El hijo de la novia” y “Luna de Avellaneda”) porque esta novela tiene esa cuestión del fútbol barrial y él conoce mucho todo eso: queríamos conectarnos con ese mundo.
Nos llevó de visita al Club Juventud Unida y cuando volvimos, ese día, decidimos desechar el proyecto y empezamos a trabajar en “Luna de Avellaneda”. Ahí abandonamos el tema Sacheri hasta que, 4 años después, salió la novela “La pregunta de sus ojos”. Yo la leí y empezamos con Fernando una serie de ideas que quedaron en el olvido.
-¿Y cuándo aparece Sacheri?
-A mí, generalmente, no me gusta adaptar novelas. Pero, cada tanto, me volvían a la mente una serie de imágenes de un tipo mayor, comiendo solo: algo que me tocaba mucho porque para mi papá, en ese momento, todas sus noches eran cenar solo y eso me daba mucha ternura.
En la imagen de este hombre, él se preguntaba: “¿Por qué estoy solo?”. Y el hecho de que indagar en esa soledad lo llevara a una historia policial, me parecía un punto de partida muy distinto para una película del género: le daba un elemento dramático y humano distinto. Ahí me encontré con Sacheri. Fuimos a almorzar y le comenté esta idea.
-¿Cambiaron muchas cosas en el paso de la novela a la película?
-Me interesaba cómo la historia policial impactaba en el personaje (Ricardo Darín). Para eso necesitaba que la historia con Irene (Soledad Villamil) fuera importante, y convertir al caso policial en la causa del origen de ese amor -algo que no sucede en la novela- y en la causa de la destrucción de ese amor -que tampoco pasa en la novela-. En ese almuerzo con Eduardo nos pusimos de acuerdo y nos pusimos a trabajar.
-¿Hubo que reescribir mucho el guión?
-No tantas: 9. “El hijo de la novia” tuvo más de 15 guiones hasta llegar al final. Es un pecado de nuestra cultura creer tanto en la inspiración y pensar que al que no sale bien de primera, no sirve: esto ha frustrado a muchos. Hay que tener claro que todos los primeros bocetos son siempre una porquería: largos, con escenas innecesarias, repetitivos.
-¿Hay alguna escena en tus películas que haya cambiado totalmente de una versión a otra del guión?
-Cuando hicimos con Fernando “El mismo amor, la misma lluvia” escribimos una larga escena, de 8 páginas, para mostrar cómo se enamoraban los personajes. Esa escena iba a justificar todo lo que ocurría en la película. La rodamos primero, en el segundo día de filmación. A la semana filmamos la escena previa a esa: en un momento Soledad (Villamil) lo miró a él (Ricardo Darín) con tal cara de enamorada, que las páginas que habíamos escrito se convirtieron en un bodoque de diálogos innecesarios.
Y, claro: las tiramos. Ese tipo de confianza la va dando el trabajo, los actores. Al traerlos a ellos a trabajar en “El secreto...” yo ya sabía que los dos, con la mirada, iban a transmitir lo que necesitábamos.
-¿Cuál fue, entonces, la complicación de escritura en “El secreto...”?
-Combinar dos temas cuya estructura cinematográfica es distinta: una estructura policial, que es de relojería, donde no se puede pasar de una pista si no tenés la anterior; y la de “amor” que es más laxa, donde son los personajes los que van llevando la historia. Combinar esas estructuras para que vayan de la mano fue motivo de varias reescrituras.
En los primeros bocetos teníamos una escena de policial y otra de la relación amorosa. Y, a lo largo de los distintos bocetos, fuimos viendo las maneras en que las cosas se intercalaban.
-¿Cómo decidís “ésta” es la película?
-En la etapa de pre-decisión de si voy a trabajar en una película, uno sigue con la vida normalmente y es la imagen la que vuelve sola: esa idea que no quiere ser desechada. De hecho, las ideas que no vienen más, las abandono. Cuando decido ponerme a trabajar en un guión ya no puedo esperar la inspiración: no creo en el bloqueo del escritor. Sí en que hay días que no vas a escribir nada bueno, pero hay que sentarse y trabajar todos los días.
Éste de “El secreto...” fue un proceso de un año y medio. Estuvo buena la experiencia con Sacheri. Con Fernando (Castex) compartimos una cierta tendencia al ocio improductivo (se ríe) y trabajar con un escritor profesional fue increíble: hablábamos de una escena o un plan de tres o cuatro escenas y, al otro día, él traía 40 páginas escritas de guión.
-¿Qué sucede cuando hay desacuerdos en esa escritura conjunta?
- Con Fernando, que es con quien más he trabajado, no tenemos concepciones distintas del cine; pero sí hubo desacuerdos en ciertas actitudes de los personajes, por ejemplo. Yo digo siempre: “al que critican después es a mí” (se ríe), entonces al final impongo mi postura. El director tiene que poder defender todo lo que está ahí y si hay algo que no veo correcto no puedo hacerlo.
Yo necesito llegar al set creyendo en todo, por eso creo que el director tiene el veto final. Pero nunca llegamos a esas instancias de discusión: lo dejé sin comer unos días pero nada más (se ríe).
-Vivir en Argentina y dirigir en Hollywood, ¿cómo es eso?
-Hace 7 años que vivo acá. Voy allá y me quedo lo menos posible: voy el día antes de empezar la preproducción y si termino, me vuelvo el mismo día. Decidí quedarme sólo con dos o tres episodios por año (se refiere a las series “Dr. House” y “La ley y el orden”, de las que es uno de los directores).
Generalmente agarro en el verano porque es cuando voy con la familia: me cuesta estar solo allá. Elegí quedarme con esas series que están bien escritas y tienen muchas repeticiones: cobro royalties por cada repetición (se ríe y justifica): uno vive de esto. Pero claro que ése no es el criterio que uso para hacer mi cine o mis programas de televisión.
Maravillas en pantalla chica o grande
Ahora: los proyectos que llegaron luego de la película que lo ha convertido en el hombre del año. Uno de ellos es “Sueños de radio”, el reality que ha producido para Canal 13 y que comenzó hace tres semanas en la grilla de programación de ese canal (los domingos a la medianoche).
-¿Qué es “Sueños de radio”?
-Una suerte de reality, pero tiene elementos distintos, porque son tres escuelas públicas del interior (en Chubut, Catamarca y el Gran Buenos Aires). El desafío es el de construir su propia radio. Nosotros les damos todos los elementos pero ellos tienen que hacer la programación, llevarla adelante, constituirla y demás.
Es un impulso para ponerlos a trabajar en equipo con todo lo que eso implica: la discusión, la adquisición de conocimientos. (se ríe) Les damos la responsabilidad de adultos. Y el juego no es competitivo. La idea es que quede una radio en funcionamiento para el pueblo: la que ellos armaron.
-¿Creés que la televisión argentina es vacía?
-En la televisión tiene que haber todo tipo de programas, plantear el entretenimiento de distintas formas. La televisión tiene que ser entretenida, claro. Aunque suene horrible para uno también es necesario, a veces, ver algo “vacío”: es lo que, en determinados momentos, tu cabeza necesita.
El problema es cuando eso es lo único que la televisión te da como discurso. El entretenimiento no es sólo el de un programa de humor, también hay diversión en un documental o en otro tipo de programas. Lo interesante es que hayan muchas posibilidades, y programas con una factura más cuidada.
-¿Tenés planes de insertarte más en la tele nacional?
-No tengo planes de un programa de larga duración. Estamos con éste (“Sueños...”) que son cinco capítulos.
-¿Nada más?
-Estamos también haciendo una miniserie de cuatro capítulos sobre la vida de Belgrano. Es un proyecto junto con Canal 7 (de Argentina) y con Encuentro. Es para el año que viene.
-¿Tendrá criterio de diseño de arte que “Vientos de agua”?
- Sí, pero más corta. Vamos a utilizar algo de los decorados y vestuario de la película que Canal 7 está haciendo sobre San Martín (el protagonista es Rodrigo de la Serna). Hay poco presupuesto pero la idea es hacerla con idéntica calidad. Pero hay cosas, en el marco de televisión pública y de la privada, que están disminuyendo. Se requiere de más presupuestos y todos están tendiendo a minimizar la producción. La ficción tiene cabida, pero no este tipo de ficción que a mí me ha interesado.
-¿Harías una tira diaria?
-Me interesa lo que propone Tristán Bauer con Canal 7, pero todavía queda el trabajo de pasar el canal al centro de la grilla porque ahora está en una zona periférica, que no permite manejar presupuestos más grandes. Soy de la filosofía de que la producción de estos productos tendría que tender a costar cada vez menos al Estado; no que se autofinancie, pero tratar de que cueste lo menos posible y para eso tiene que tener más exposición el canal y más posibilidades reales de competir publicitariamente.
-¿Hay otra película dando vueltas?
-Una de animación. Se llama, por ahora, “Metegol”. Estamos recién empezando. El guión es de Eduardo Sacheri, Axel Kutchevasky y yo, basado en un personaje de un cuento de Fontanarrosa. Patricia Slukich