De críticas y otras subjetividades

José Luis Perales, romanticismo sin final

A sala llena, el cantautor español, por primera vez en Mendoza, repasó 35 años de carrera acompañado de una sobresaliente banda de músicos.

José Luis Perales, romanticismo sin final
Recuerdos, melancolía y desborde romántico de un intérprete inolvidable. Foto: Pablo Pereyra / Los Andes

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viernes, 20 de noviembre de 2009

Había una ansiedad en el público. Un público que rondaba al menos dos generaciones que crecieron escuchando las canciones de José Luis Perales, tanto en la radio como a través de los casetes y vinilos. Y quince minutos después de la hora señalada, las luces se apagaron y la ansiedad se decantó con una oleada de aplausos que tenía un dejo descargo, de alivio, de curiosidad.

Es que Perales es una de las figuras más trascendentes de la música popular en español y los dos mil espectadores que inundaron el auditorio lo conocerían, le verían la cara.

Y eso finalmente sucedió. Con un andar tímido, traje y canas en el cabello y una prolijísima banda de músicos (dos percusiones, guitarras, vientos, bajo, violín, dos teclados), un Perales sobrio y animado, se adentró a su espectáculo sin perder un segundo, abriendo el repertorio que sintetizaría los 35 años de carrera en un poco más de veinte canciones en dos horas.

“Ya era tiempo de conocernos”, reclamó. “Mendoza es una de las ciudades más lindas que he conocido de América y lo digo en serio”.

En realidad no habló demasiado, contó anécdotas puntuales -si las fans se lo permitían porque lo interrumpían todo el tiempo-, porque lo suyo fue cantar y dejar satisfecha a la platea que no tardó en envolverse de romanticismo con temas como “Y sigo enamorado”- con una impronta jazzística -, “Me llamas”, “Si”- convertida en bolero -, “Amada mía”, “Quisiera decir tu nombre”, “Y tu te vas”, compensando con sus historias de personajes populares y más rítmicas: “Cosas de Doña Asunción”, “Le llamaban loca”, “La espera”, “Que canten los niños”, “América”.

“He extraño venir a América”, confesó antes de esta última canción, mientras el público no tardó en reconocer que estaba frente a un gran show, porque Perales, en colaboración con su director musical, en lugar de imitarse a sí mismo, encontraron la manera de brindar nuevas texturas, de manipular el sonido hacia el jazz y el bolero, un trabajo atractivo de arreglos cuyo apogeo vibró en la versión épica e inolvidable de “Canción de otoño”.

Luego se fue más atrás, a la canción que le dio el Disco de Oro en Argentina, “Celos de mi guitarra”, hace 35 años atrás. Desde allí se fue despidiendo en zona de bises con otros clásicos como “El amor”, con un melancólico violín, “Balada para una despedida”, el súper hit “¿Y cómo es él”? y uno nuevo llamado “Navegando por ti”, de su último álbum lanzado en 2006.

Final adecuado: “Un velero llamado libertad”, un mensaje para abrir las puertas del auditorio con una sonrisa, luego de haber confluenciado en una sola noche los recuerdos del pasado y la interpretación de un Perales que dio todo de sí.

Culminará el 14 de diciembre con tres recitales en el Gran Rex de Buenos Aires. Viene promocionando “En directo: 35 años”, una placa que recopila 24 temas seleccionados por él mismo. Pablo Pereyra - ppereyra@losandes.com.ar

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