Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:34 hs
“Código de familia” muestra la corrupción endémica de la Policía de Nueva York.
lunes, 02 de noviembre de 2009
Se dice que esta película fue presa de tensiones políticas que demoraron durante años su realización, y terminaron dañando su exhibición, promoción y repercusión. Originalmente, Código de familia (en el original Pride and glory, u Orgullo y gloria) fue concebida como un homenaje por los hermanos Gavin y Gregory O’Connor, reconocidos director y productor de Hollywood respectivamente.
Los hermanos apelaron a los recuerdos de su padre, agente retirado de la Policía de Nueva York (NYPD), para escribir una historia acerca de servidores públicos leales y otros que no lo son. La información que manejaron fue tan de primera mano, y el contexto tan adverso, que alguien o algunos decidieron congelar el proyecto cuando, en 2001, acaba de suceder el ataque terrorista de las Torres Gemelas.
El argumento era que no podía hacerle nada bien a la NYPD, en ese momento, una película en la que se mostrara que padece de corrupción estructural.
El relato exhibe un caso de criminalidad interna dentro de la institución defensora de la ley.
Tras el asesinato de varios uniformados, uno de los jefes del departamento envía a sus cuatro hijos a investigar el caso. Una bomba de tiempo, pues no todos ellos tienen las manos tan limpias como deberían.
El proyecto durmió en los cajones hasta 2006. El guión fue reescrito. Se contrató al elenco definitivo. Pero algo o alguien volvió a interponer un no en el camino.
Ofuscado, Gavin O’Connor, el director, señaló a uno de los ejecutivos del estudio New Line Cinema (dueño ahora de los derechos) y lo acusó de especular con la película y no darle luz verde a otra cosa que no asegurara un enorme éxito.
Edward Norton, parte del renombrado elenco que protagoniza el film, declaró: “Hicimos una película que no es para cualquiera, pero que tiene algo que decir. Nos rompe el corazón esta situación”. El resto del casting principal está integrado por John Voight, Colin Farrell y Noah Emmerich.
Cuando la película se estrenó, los números fueron exiguos. Costó 30 millones de dólares y recaudó 43 millones en todo el mundo. Demasiado poco rédito para el costo emocional que tuvo. Ramiro Ortiz. LVI