Con firmeza. Caballero marcó cuidadosamente a Monaza, quien nunca pudo sobresalir en el partido. Orlando Pelichotti / Los Andes
lunes, 02 de noviembre de 2009Después de una semana bastante complicada para la Asociación Atlética Luján de Cuyo, tras el problema institucional en el que debió desvincular a cinco de sus figuras por bajo presupuesto, el equipo conducido por Alejandro Abaurre logró un empate valioso pero injusto.
Valioso por tres motivos: primero porque el equipo que salió a defender esta camiseta no estaba en un óptimo estado anímico, tras las bajas de sus compañeros, y salió a pelear el partido. Segundo, porque se jugó en casa y era casi obligatorio conseguir otro triunfo elemental (el segundo en el torneo). Y tercero, porque el rival de turno era uno de los punteros de la zona. ¿Qué mejor que ganarle al líder?
Pues el 1 a 1 sirvió para sumar y para mucho más. Principalmente para dar cuenta que el el recurso humano del equipo del Bajo tiene dignidad y amor propio. Los jugadores de la Asociación Atlética salieron a jugar como nunca, sobre todo para demostrar que este elenco, tan golpeado como en otras campañas, es como “el junco que se dobla pero sigue en pie”.
Con una actitud firme salió a comerse a un Unión de Villa Krause, que se mantuvo impávido durante todo el primer tiempo, confundiendo al público, que no entendió por qué estaba liderando.
Luján salió siempre mirando hacia el frente, presionando y con el arco de Biasotti entre ceja y ceja. Sin embargo, la fórmula no iba a tener resultado sino hasta los 37 minutos, cuando el córner de Devia hacia Castro sirvió para mandarle el centro al “Mecha” Garciarena, quien cabeceó, el arquero Biasotti la alcanzó a tocar pero atrás Basualdo la terminó de meter para abrir el marcador.
Así se cerró el segundo tiempo, con un parcial que favorecía a un Granate necesitado de aliento y fe.
Ya en el complemento, al cabo de 12 minutos, un descuido, una distracción, una avivada, sorprendió al equipo de Abaurre. El primer córner para los Azules, enviado por Guerra al área, muy cerrado, terminó con el impacto de Laciar (recién ingresado), quien apareció por detrás de Cichinelli. Empate. Un 1 a 1 que no reflejaba lo que hasta el momento se veía en la cancha, más allá de que Unión había mejorado su presencia en el juego, pero sin causar más efecto que aquel gol.
Pues ¿hubo lamentos? No. El partido terminó con una suma y simples reconocimientos a los muchachos, que también se demostraron a sí mismos que siempre se puede jugar mejor, aunque existan los problemas que existen en el Bajo. Analía Cuccia - acuccia@losandes.com.ar