Alberto Morales (Karen) está preso hace 14 meses. El interno en el patio y en la cocina del pabellón 14 A. Fotos: Adriana Ojeda / Los Andes.
Visto desde afuera, el pabellón 14 A de la cárcel de Boulogne Sur Mer poco tiene de un establecimiento penitenciario. Parece un Edén en las entrañas mismas del infierno.
Se trata de una construcción vieja (tan vieja como ese penal que data de 1910) que resalta por su colorido y por un hermoso jardín que está tapizado de un césped cuidado y bordeado de muchas macetas celestes de las que afloran rosas y malvones mayoritariamente. Para la pintura de la fachada, sus presos moradores optaron por colores pasteles y la pintura cambia cada seis meses para evitar que el paso del tiempo deje su rastro en esa casa.
El pabellón 14 A es el de los homosexuales y hoy alberga a once presos entre procesados y condenados: "Tres son travestis y ocho gays comunes y corrientes", indica uno de los celadores.
Para las autoridades del penal, si todos los pabellones fueran como el de los homosexuales, "trabajar acá sería placentero". Sucede que el 14 A es un sitio en el que los internos llevan adelante un régimen de autodisciplina que incluye normas de convivencia a las que hay que adaptarse y prácticamente no registra incidentes: "De otro modo, el gay que hace escándalos es llevado a otro pabellón donde no la pasará tan bien como en éste", sigue el mismo penitenciario consultado.
En muchas cárceles del mundo existen pabellones para homosexuales ya que, se sabe, ellos no la pasan muy bien en medio de los presos comunes. El de la cárcel de Boulogne Sur Mer lleva poco más de diez años pero desde que un interno de apellido Gauna (un travesti que se hace llamar Andrea) llegó y se convirtió en una suerte de vocero y líder del ala gay de los presos, fue que el pabellón 14 A pasó a ser el mejor de la cárcel.
Gauna no fue autorizado por su juzgado a hablar con Los Andes por orden de uno de los jueces de Ejecución Penal, por lo que no forma parte de este artículo.
Sí lo hizo Alberto Morales (30 años y prefiere que le llamen Karen), un travesti que hace 14 meses está procesado por el delito de tenencia de estupefacientes. Para la nota, Karen se produjo a medias; además el sol de las cinco de la tarde no ayudaba mucho a la hora de ocultar los detalles masculinos de su rostro. Karen se colocó implantes mamarios y mal no le vendrían unos implantes dentarios. Es la primera vez que está en la cárcel y agradece haber terminado en el pabellón 14 A.
"He mejorado"
"Mi principal problema al llegar acá, además de la pérdida de mi libertad, era mi adicción a las drogas. Si bien yo me drogo desde niña, acá no me quedó otra que frenar con eso porque en el régimen de convivencia está prohibido el consumir drogas: Andrea no te deja y te tenés que ir", cuenta el interno en una de las sillas del impecable patio del pabellón.
Karen es oriunda de Las Heras y su pasado no le escapa al del preso común: pobre y sin estudios se dedicó desde pequeña a caminar las calles. "¿Con qué me drogaba? Con todo: marihuana, cocaína, pastillas, alcohol. Además el único modo de ganarme la vida era hacer la calle (prostitución) hasta que caí presa".
Si bien su caso aún está en la etapa de proceso, Karen asegura que cuando salga en libertad tratará de cambiar su vida: "Acá volví a estudiar, ya estoy en noveno grado. Además quiero terminar el curso de peluquería que empecé antes de caer. Ésa es mi idea pero una no sabe en qué momento termina de nuevo en una esquina? Una propone y Dios dispone", suelta. A Karen la visitan su madre y su prima.
"Acá yo no tengo mala onda con nadie: la base de la convivencia en esta casa es el respeto y la responsabilidad; todas tenemos tareas asignadas que tienen que ver con la limpieza, la comida y la manutención para que todo luzca lindo como está", indica al tiempo que acaricia uno de los gatos que conviven con los gays en el pabellón.
Pulcritud
En el interior de la casa el orden y la pulcritud también reinan. La cocina, las habitaciones (no hay celdas allí), los dos baños, las paredes, todo, tiene la impronta del cariño que uno le imprime al sitio donde tiene que vivir. En una de las paredes de la cocina cuelga un letrero en el que se especifican las tareas diarias y donde se leen estos ítems: 1-comedor, 2-vajillas, 3-patio y 4-baños y cocina. Debajo de cada palabra está el nombre del interno que se tiene que hacer cargo. "Las tareas son rotativas para que nadie se aburra", cuenta Karen.
El pabellón 14 A es, además, el único de la cárcel de Ciudad donde los presos se cocinan su propia comida: "No-sotros les damos los elementos y ellos se hacen cargo; son los únicos que no comen de la cocina del penal", tal como grafica un guardia.
La buena onda que hay en el pabellón gay también se refleja en los obsequios que dejan los internos que accedieron a la libertad y que alguna vez moraron allí. "Estas rosas nos las regaló una de ellas; lo mismo uno de los televisores y esta heladera (muy buena por cierto)", explica un gay que no es travesti y que no quiere aparecer con foto en la crónica. Para el joven -que no debe tener más de 25 años- esos regalos son una muestra de agradecimiento.
"Uno quiere irse lo más rápido de acá; pero mientras tanto no queda más que quedarse; bueno, si no queda otra, que la estadía sea lo más placentera posible", culmina el joven mientras acaricia uno de los gatitos recién nacidos que la gata Renata, una de las del pabellón, parió hace unos días.
Sucedió anoche en Guaymallén. El chico de 17 años fue baleado desde una camioneta.
Los delincuentes sorprendieron a unas 12 personas que disfrutaban de una cena en una casa quinta. Les quitaron billeteras, celulares y joyas y huyeron en los vehículos de dos víctimas.