El ministro de Hacienda, Adrián Cerroni, dio un informe el martes en la Legislatura en el cual blanqueó la compleja situación financiera de Mendoza y anunció que las cuentas provinciales cerrarían con un “rojo” de 500 millones a fin de año, de los cuales 90 millones corresponden a los municipios.
Parece increíble, después de los años de bonanza por los que pasamos, que estemos nuevamente hablando de lo mismo. Pero más increíble resulta la simplificación en la que caen los funcionarios al achacar la responsabilidad del déficit a la crisis internacional (sirve para justificar cualquier cosa, incluso la contratación de los Cadillacs) o a la gripe porcina (la mayor parte fue financiada con fondos nacionales).
El problema es que nadie se detiene a analizar las causas y tratar de encontrar caminos para evitar que se repitan los desvíos. Simplemente se discute cómo financiar el déficit lo que significa, en buen romance, agregar más deuda a los mendocinos, que los funcionarios no pagarán.
¿Qué pasó en los años de bonanza? Simplemente que el gobernador de entonces, Julio Cobos, se gastó todo. Incluso, la Legislatura lo acompañó eludiendo la Ley de Responsabilidad Fiscal, a fin de no derivar recursos al Fondo Anticíclico.
El gobierno actual también aportó lo suyo y ante un apriete de los intendentes ya se gastó una parte de dicho fondo cuando aún no había crisis.
Además, cometió el mismo error que Cobos. Jaque se confió en que con una actitud servil hacia los Kirchner conseguiría lo que necesitaba y se equivocó. El servilismo de Cobos y de Jaque ha producido graves perjuicios a la provincia.
El gobierno anterior y el actual cometieron el error de no leer adecuadamente los escenarios que venían, subestimaron los pronósticos serios y, por lo tanto, hicieron proyecciones falsas. Cobos sabía que si venía algo malo no le iba a tocar afrontarlo. Jaque no sabía que sería gobernador.
Soluciones fáciles
El aumento del gasto en los últimos años ha sido descomunal, descontrolado y, sobre todo, ineficiente. Además, no hubo voluntad política para revertir la escasez de ingresos nacionales ante la voracidad del gobierno kirchnerista por tener más recursos para domesticar a los gobernadores y presionarlos para obtener leyes que aumenten su poder discrecional.
El Gobernador y los legisladores locales, muchos de los cuales no se hacen responsables de la pérdida de ahorros en la gestión anterior, debaten ahora acerca de emitir un bono, crear un fideicomiso o sacar una letra similar al Petrom.
La solución más idónea sería emitir un bono, aunque habría que asumir que es para pagar gastos corrientes, que deberían afectarse garantías como la coparticipación o regalías. Es decir, endeudamiento para nada, para ninguna mejora, para sólo seguir en la misma inercia ineficiente que hasta ahora.
El problema es que, si se emite un bono y se mantiene la inercia del gasto i-neficiente, no habrá plata que alcance porque la economía se estará paralizando cada vez más. No puede haber endeudamiento sin ideas o planes concretos que mejoren la eficiencia del gasto.
La alternativa de un fideicomiso es similar a la anterior. ¿Quién invertirá en un fideicomiso que no tiene ninguna garantía de repago sino que es para gasto corriente? Sólo lo haría algún banco cobrando muy caro, pero ningún inversor particular. El Gobierno nacional tampoco lo haría porque ya está raspando el fondo de la lata.
La solución más práctica es la de emitir una letra, símil del Petrom. Es práctica porque es compulsiva. Además muy conveniente para el Gobierno porque la coloca al 100% de su valor, mientras en un bono debería aceptar tasas de descuento vinculadas al Riesgo País.
Pero todo lo que es práctico para el Gobierno es injusto para la población. Esta injusticia deriva en que le pagan en una moneda con la que sólo podrá adquirir algunas cosas pero no podrá pagar impuestos nacionales o algunos servicios. Además, para poder monetizarlas, deberá recurrir a cuevas donde les cobrarán tasas usurarias.
Los perjudicados directos serán los empleados del Estado y los proveedores del mismo, porque cobrarán en estos papeles pintados que deberán descontar en las cuevas del microcentro, donde ya se frotan las manos pensando en las ganancias que podrían obtener.
Además, una letra, en momentos que no existe otra en el país, sería un antecedente terrible para espantar inversiones, empresas o, incluso, generar iliquidez en el mercado, ya que muchos optarán por manejar sus pesos en otras jurisdicciones, lo que agravará el problema de la actividad económica y el desempleo.
Es preocupante ver con la tranquilidad que la clase política habla de endeudamiento y de déficit y la irresponsabilidad con que algunos legisladores proponen nuevos gastos y subsidios mientras deshojan la margarita entre un nuevo un bono o una letra. Ideas para solucionar el problema de fondo, no aparecen. Mientras tanto, los mendocinos deberán prepararse para pagar una fiesta a la que no fueron invitados.
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